Laberintos Humanos: La trampa

Pierro argumentó que sabía que yo muchas veces contaba historias que me tenían como protagonista pero que no había vivido. Son parte de estos cuentos, dije. Eso quiere decir que usted también es un personaje, agregó sin llegar a responderme cómo sabía que muchas de mis historias las había inventado, como le pregunté al terminar el capítulo de ayer.

Soy un personaje, reconocí, mientras estoy dentro de estos Laberintos, pero sé que tengo una vida fuera de estos cuentos. ¿Y nosotros?, volvió a preguntarme Blanca y les juro que me hubiera encantado decirle que ellos también, pero no quise mentirles. De todos modos, ya había ideado una trampa para salir de este problema.

Si seguimos con estas dudas, les dije, en algún momento vamos a tener que preguntarnos también si los lectores de estos Laberintos no son acaso personajes que inventa un autor que escribe un cuento en el que alguien lee nuestras historias. Es tan probable como que nosotros, que estamos acá hablando, seamos personajes y no personas, dije.

Pero nuestro trabajo es entretener a nuestros lectores, no arruinarles el día haciéndoles pensar que no son más que personajes de un cuento. Usted es un buen policía, le dije a Pierro, y usted es una buena esposa de un policía y usted un buen sacerdote, les dije, y así como hacen bien esos trabajos, también deben hacer bien su trabajo de personajes y dejarme pasar, mañana, a una historia más provechosa.

Blanca miró a su esposo y al cura, y concluyeron que por el momento iban a dejar de lado sus problemas personales.

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