¿Bipartidismo, "bicoalicionismo"  o tercera fuerza?

La marcha hacia las urnas se acelera día a día, y lo que hoy por hoy se comenta, es hasta dónde llegará la potencia de la grieta que separa a los argentinos, y si finalmente, quedará consagrado otra vez el bipartidismo o se podrá abrir el abanico hacia algunas expresiones diferentes que puedan abrigar aunque sea una mínima esperanza de presencia parlamentaria en los próximos años. A nivel nacional, el Gobierno alimenta con sus discursos y relatos, la más fuerte instalación de la teoría de "nosotros y ellos". Nosotros, el esfuerzo, el trabajo, la transparencia, la Patria. Ellos, simplemente satanás. Desde la oposición, invirtiendo los roles, alimentan exactamente lo mismo. Este somero análisis, abarca a las dirigencias.

Porque en el medio, las mayorías abrumadoras de votantes muestran cada vez más desinterés por las peleas de cúpulas, mientras crece de manera alarmante la opción de una tercera fuerza: la de ni los unos ni los otros. Un resumen de datos de los encuestadores más o menos libres de compromisos groseros, arroja al preguntar a la gente por quién piensa votar en las próximas elecciones, esa tercera fuerza, sin líderes, sin referentes, sin nombre, gana sobre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio. Se podría definir, simplificando los resultados, que técnicamente hoy, están en un triple empate técnico. La "Tercera Fuerza" alcanzó un 29%, Juntos por el Cambio 27 puntos, el Frente de Todos quedó con 26 puntos, y el rubro de "no sabe, no contesta", alcanzó el 18%.

No es muy difícil colegir porqué se dan estos guarismos. La encuesta electoral indica que comparando los cuadros de hoy, con los encuestados en el 2019, se desprende que las dos coaliciones principales, mantienen apenas un 60% de fieles de aquella elección. Es decir, la Tercera Fuerza se alimenta de los desencantados, que también en porcentajes parecidos desertaron o tiene deseos de desertar.

Ocurre que los Juntos por el Cambio, no están tan juntos, ni demostraron haber sido capaces de instalar un cambio real. Y sucede que el Frente de todos, cada día muestra que no un frente muy sólido y que tampoco hoy es de todos. A nivel nacional, el oficialismo muestra las grietas internas en todo su esplendor, el presidente de la Nación debe hacer malabarismos para sostener al conjunto, y según vaya de una banquina a la otra, lejos de consolidar el frente, ve cómo se dinamita su autoridad, a pesar de los esfuerzos de algunos leales por sostenerla. La oposición, sigue llevada de la nariz por la agenda que marca el gobierno, y se limita con diferentes suertes, al rol de contestatarios, donde compiten internamente por ser más duros y ocurrentes en sus expresiones.

Ni de un lado ni del otro, se discuten ideas fuerza que atraigan a la gente. No aparecieron líderes que puedan detonar la medianía, y en consecuencia, la Tercera Fuerza es todavía una masa informe, fláccida y pasiva, que dista de convertirse en una masa crítica que encamine sus decisiones con precisión, o bien, que se defina hacia un lado u otro de la grieta. El bipartidismo, o el "bicoalicionismo", está en crisis, y cruje por los cuatro cos tados.

Lo grave, es que se acercan rápidamente, elecciones parlamentarias que deberían ser una bisagra en medio de este clima de hostilidad, de incertidumbre social, de ausencia de plan y rumbo económico, y para colmo, de persistente pandemia. Focalizar este panorama en Jujuy, es replicar lo de la Nación, intercambiando los lugares de oposición y oficialismo.

Rubén Rivarola, es sin lugar a dudas, el principal referente de la oposición jujeña, encarnada en el peronismo. Criticado por haber desechado la oposición ciega como herramienta política, insiste en ponerle al Partido Justicialista un rostro de civilizada convivencia que deseche el ataque feroz y el choque violento como estilo político. Por ahora, ha lanzado la campaña electoral tácitamente y lleva miles de kilómetros recorridos por las ciudades y pueblos de la Provincia, visitando, ofreciendo diálogo y puestos de trabajo político, obviamente, con la limitación gigantesca que es trabajar en el llano. A mucha dirigencia intermedia del peronismo jujeño, todavía le cuesta comprender la situación, acostumbrados históricamente a manejar los innumerables resortes del poder. Otros, los que disienten con los métodos de RR, optan por la violencia verbal y las actitudes cáusticas y persisten en ello, convencidos de que la pulseada hacia adentro es más importante que la que espera afuera. Parecen sostener el viejo refrán que dice que los dos inventos más importantes que se conocen son la rueda, y el palo en la rueda. Por eso es difícil la situación en el PJ. No se debe olvidar que para azuzar estas grietas internas, siempre aparecen "padrinos" en Buenos Aires, que muchas veces sin conocer la realidad jujeña, estimulan la división por control remoto, vía videos o zoom, a dos mil kilómetros de distancia, pero luego, no se hacen cargo ni acompañan los resultados adversos cuando pasan las elecciones. El PJ de Jujuy ya lo vivió, y aún no se han recuperado de muchos de esos golpes.

Gerardo Morales, categóricamente, es el líder del oficialismo en Jujuy. No de ahora que es el gobernador, sino desde cuando era Senador, y construía su llegada al sillón de José María Fascio, sin prisa, sin pausa y sin amedrentarse por las adversidades.

Finalmente, encontró la herramienta: Cambia Jujuy. Pero ha pasado mucha agua y bastante turbulenta bajo los puentes y hoy, el GM debe enfrentar otros contratiempos: el desgaste natural de una gestión en tiempos de vacas flacas y pandemia gruesa; tener que arrastrar a algunos miembros del gabinete que no siempre acompañan su enorme potencia de conductor y su capacidad de trabajo sin límites; haber visto cómo los socios de Cambiemos durante cuatro años, pasaron de largo, dejando cosas pendientes, promesas incumplidas y heridas difíciles (sino imposibles) de perdonar. Pero hoy, tiene otro frentes políticos importantes: la necesidad de supervivencia lo tiene cada día más cerca del Presidente Fernández, aunque siempre cada día más distante de la vicepresidente Cristina Fernández (con la enorme significancia que eso tiene).

Aquella cercanía además, le genera ciertas antipatías dentro de Juntos por el Cambio, particularmente, de todos los que no tienen responsabilidades de gobernar, o lo que es peor, los que tienen espacios parlamentarios tan altos como la vocación de llegar más arriba. También el GM deberá lidiar enérgicamente en estas semanas para lograr que Cambia Jujuy mantenga una unidad real y si fuera posible, concurriera a las elecciones provinciales con una sola lista. Para ello debería convencer a Primero Jujuy de integrarse a ella, aceptando los escasos espacios parlamentarios provinciales -no más de dos- que los radicales estarían dispuestos a compartir, en lugares expectables. Para el PRO local y el resto de los casi 40 partidos que integran el Frente, ni hablar. Y claro, queda pendiente la fecha de las elecciones jujeñas, que parecen estar encaminadas a no más allá de septiembre, según voceros oficiosos. E interesados.

Con la ecuación que arrojan las encuestas que comentábamos, la Izquierda, golpeada y arrinconada en la Legislatura, ve la posibilidad de volver a colarse en la escena provincial y poner en sus bancas al menos al legislador que sistemáticamente (o asistemáticamente), el Poder le niega todavía su lugar.

Ya llegó marzo, y claro, los comentarios políticos, son meras especulaciones manos o menos bien informadas. Pero no son votos. Sino no haría falta votar, sólo simplemente, una encuestadora podría elegir las próximas autoridades.

 

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