Báileme una xácara! (cuequita)

La música no sólo es un bálsamo para el alma, un arte que cura las heridas del alma, nos permite escapar de la realidad con tan sólo escuchar los primeros acordes de nuestras canciones favoritas o algún concierto de nuestro compositor preferido.

No sólo tiene una cualidad terapéutica, y por eso existe la musicoterapia como disciplina de estudio y medio para rehabilitar a las personas.

También nos ayuda a recordar momentos, momentos de nuestra niñez, la canción que cantábamos a la hora de tomar el té (o mate en mi caso) de la, no hace tanto fallecida, Maria Elena Walsh, "Estamos invitados a tomar el té" y emulábamos estar en Londres disfrutando en nuestras tacitas de un rico mate cebado, que dicho sea de paso, también ha llegado a los mercados de Londres, pero en botella y en versión "chulla", según una vecina salteña muy exigente a la hora de disfrutar su mate.

También en nuestra adolescencia habremos disfrutado nuestras salidas nocturnas de fin de semana o matiné para bailar con nuestros compañeros de colegio en alguna discoteca de Jujuy. Ahora quizás escuchamos en YouTube o Spotify las canciones que tanto nos hacían sonar, cuando nos pasábamos en vela las noches de verano con amigos y escuchando un casete con "temas lentos" o "románticos" y nos viene a la mente un beso, o quizás algún tema "movido" que nos hará recordar las fiestas y bailes en el tiempo de "las carrozas" durante la Fiesta del Estudiante.

Siempre teníamos el casete y el "pasa casete" a mano para poder disfrutar de un asado juntos. Ahora, la juventud no sabe lo que es un casete, y las generaciones anteriores quizás tampoco. Han desaparecido sin dejar rastro y no sabemos si volverán, como los discos de vinilo que causan furor en las generaciones que no crecieron con ella. Quizás el alma vintage, que no sabemos si alcanzará al casete y al video casete, así como al CD, espécimen también en vías de desaparecer.

Lo cierto es que nos ocupa nuestra columna de los lunes la cultura y dentro de ella, la música, en especial la música clásica.

Como la pandemia aún sigue haciendo de las suyas en el mundo pero los seres humanos, no nos rendimos ante nada y la "seguimos remando", nos hemos adaptado a las circunstancias actuales.

Es por eso que desde donde escribimos, más que reportar sobre conciertos, seguiremos haciendo un recorrido por la historia de la música, el canto y la danza.

Hemos empezado con nuestra historia, cómo la música ha plasmado nuestra historia con canciones desde que hemos nacido, pero momentos que no los recordaremos.

En la historia de la música, sabemos que la religión ha tenido un papel importante, pues en todo servicio religioso existen y han existido salmos, himnos. Es que la voz humana, según la iglesia ortodoxa rusa, es el instrumento más perfecto.

Podemos añadir que no es sólo el instrumento más perfecto sino el más distintivo, pues nadie tiene una voz igual a otra persona. Además, es el único instrumento que canta palabras y con ello, el que es buen cantante y artista, debe poder transmitir las emociones que el texto indica.

Pero también fuera de la religión la música empezó su historia en lugares populares.

Las danzas sobretodo, muy típicas en la Europa Mediterránea y que con la conquista por parte de España y Portugal llegaron a América Latina.

Aunque hay poco material escrito sobre las danzas antiguas de América Latina, se sabe que la cueca, una de los bailes más populares de América del Sur, tiene varios antecesores y su origen da tela a especuladores que la asocian con ritmos africanos.

Se supone que tiene su origen en las danzas barrocas que con los españoles se mezclaron o formaron una nueva variante, como el castellano que también se hizo en nueva variante. El fandango, la zarabanda y la xácara, bailes de moda en España y Europa en su momento, llegaron a América Latina y con sus tintes más sensuales y exóticos, se convirtió en una danza muy popular, con letras que hablaban de personas comunes y no de dioses del Olimpo, como la música que se escuchaba en la corte del Virrey. Pero desde sus humildes orígenes, la cueca se transformó en un baile de salón, muy elegante o muy energético, según la región. Para juzgar, el lector puede buscar la xácara. "No hay que decirle el primor" y compararla con una cuequita jujeña. Quizás incluso ¿hasta bailarla?

 

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