Cristina puso blanco sobre negro antes de las elecciones

El Gobierno nacional ingresa en el período preelectoral con serios problemas en el proceso de vacunación, con cortocircuitos en la política exterior y con graves dificultades en las negociaciones por la deuda, lo que podría agravar el clima de negocios en la Argentina a partir del segundo semestre. Pese a eso, el presidente Alberto Fernández confía en que la estabilidad del dólar, que ya lleva un tiempo bastante prolongado, pueda darle un plus al oficialismo que defina el resultado de las elecciones. 
El último sondeo difundido por Giacobbe y Asociados ubica al jefe de Estado con 27 por ciento de imagen positiva, mientras que su vicepresidenta acumula sólo un punto menos de valoración. En las últimas mediciones pudo observarse una estabilización en las preferencias hacia la jefa del Frente de Todos y una leve pero continua caída en las del Presidente de la Nación. El deterioro de la imagen de Alberto aún no es del todo preocupante, ya que sigue siendo el segundo dirigente con mejor consideración en la opinión pública, superado por Horacio Rodríguez Larreta, con 32,5 por ciento.
Sergio Massa, que se llevó el gran protagonismo con los cambios en Ganancias, es otro de los dirigentes que no logra levantar cabeza en las encuestas, viviendo un proceso similar al de Alberto Fernández. Es evidente que el encolumnamiento con Cristina y Máximo Kirchner les representa a ambos dirigentes un costo político de envergadura, aunque ninguno de los dos podría disputar poder seriamente sin ella. 
Cristina Kirchner mantiene una capacidad extraordinaria que no posee ningún otro dirigente de la Argentina, ya que es capaz de barrer de un plumazo toda la agenda política con un simple discurso público. Sus dichos tienen un profundo impacto en el oficialismo, la oposición y la política exterior de la Argentina, en muchos casos mayor que los del propio jefe de Estado. Si bien es cierto que nadie duda del liderazgo de la expresidenta, su protagonismo muchas veces genera desconcierto en los grupos de poder, que son los que controlan los precios, el valor del dólar, la generación de empleo en el país y la liquidación de las exportaciones. Ya no quedan dudas de que el Gobierno irá radicalizando sus posturas a medida que se acerque la fecha de las elecciones. 
Con duras críticas al organismo multilateral y a Juntos por el Cambio, la expresidenta dejó en claro que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional no se realizará en el corto plazo más allá de las negociaciones que mantenía en ese momento el ministro Martín Guzmán en los Estados Unidos y el propio Alberto Fernández en una videoconferencia con el Banco Mundial. El pragmatismo de Cristina no repara en formas ni en palabras diplomáticas, sino que tiende a ir siempre hacia el fondo de la cuestión, sin importar cuánto pueda debilitarse la imagen presidencial con ello. Otra vez, la expresidenta dejó a Alberto en una situación de profunda incomodidad ante los ojos de la opinión pública al volver a instalar que es ella la que decide sobre cuestiones como la Justicia, la economía y los reemplazos dentro del Gabinete.
Quizás fue una casualidad o quizás no, pero sus fuertes declaraciones se realizaron delante de Máximo Kirchner y Axel Kicillof, los dos principales candidatos cristinistas para suceder a Alberto Fernández en 2023. Esta no fue la primera vez en la que Cristina explicita el plan económico que aplicará el Gobierno, ya que en su momento habló de patear los aumentos de tarifas, consolidar paritarias en alza y poner un techo a los aumentos de precios. Eso ocurrió, ni más ni menos, justo cuando el Presidente había asegurado que no le gustaban los planes económicos y que por ese motivo no lo había hecho público. 
La situación llamó la atención de propios y extraños por el desgaste que esto produjo en el jefe de Estado y en el funcionario más racional que tiene hasta ahora el Gabinete. Altas fuentes oficiales confirmaron a El Tribuno que el titular del Palacio de Haciendo atraviesa por estas horas momentos de suma tensión en sus tareas cotidianas, ya que el Gobierno no logra definir una hoja de ruta sostenible en el tiempo e independiente del calendario electoral. Se sabe, Guzmán es un hombre de perfil netamente técnico y con poca cintura política. 
¿Hasta cuándo podrá resistir que Cristina le cambie los planes de forma imprevista y condicione su margen de acción en el Ministerio? Algunos dirigentes con despacho en la Casa Rosada aseguran que el joven ministro podría dejar el cargo una vez que finalice la negociación con el FMI, pero nunca antes de eso. “Martín logró un gran acuerdo con los bonistas privados y necesita hacerlo también con el Fondo. Si cumple esos dos objetivos su eventual salida será por la puerta grande”, consideró un colaborador de Guzmán. 
Cualquier acreedor podría preguntarse a quién creerle, si a la radicalización de Cristina o a los mensajes moderados de Fernández y Guzmán, sin embargo esa duda no aparece latente entre los operadores financieros, quienes consideran a la vicepresidenta como la autora ideológica de las políticas oficiales. 
 

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