Sólo un cuento

La liebre me contó lo que aquel hombre le había enseñado a una de sus abuelas, y que luego se difundió como patrimonio de todas las liebres. Entonces le pregunté quién era ese hombre, y la liebre se enojó: ¿cambia en algo que le diga un hombre? ¿Vuelve sus dichos más verdaderos si se lo digo?

Es cierto, le reconocí. Pero si pongo en los Laberintos que San Francisco de Asís, Buda o el zapatero de la esquina se le apareció, hace varios siglos, a las liebres de Huichaira y tuvo con ellas una extensa conversación, capaz que los lectores presten más atención, claro que dependiendo de las creencias de cada uno.

Dejemos de lado las creencias y aprendamos de la experiencia, me respondió la liebre. Y no subestime a sus lectores. Algunos se servirán del cuento que le conté, para otros no será más que un capítulo aburrido. Tampoco pueden pretender que siempre sea ingenioso, alguna vez puede ser tedioso, y además que no es otra cosa que un cuento, me dijo y amagó a salir corriendo.

Vea, doña liebre, le grité antes que se perdiera. Si no le viene a mal, le ruego que alguna otra vez me busque o pase por mi casa, está invitada. Me gustaría aprender de usted, le dije, y poniendo bien tiesas las largas orejas, sonrió, y me aseguró que así será entonces.

Capaz que alguno de estos días les vuelva a contar cosas que aprendí con ella, baste por ahora decirles que esta vez salió corriendo con su bello andar se saltos largos y curvas, preciso y claro, casi una danza, por entre los espinos bajos que se pierden en la quebrada de Huichaira.
 

 

Últimas Noticias

Últimas Noticias de opiniones

Últimas Noticias de Edicion Impresa

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...