Murió el poeta Rafael  Vicente "Guigui" Calderón

Falleció el miércoles 3 de marzo, el poeta y licenciado en Psicología Rafael Vicente "Guigui" Calderón.

Nacido en San Salvador de Jujuy, el 24 de octubre de 1952, cursó sus estudios primarios en el Colegio del Salvador y se recibió de bachiller con la promoción 1970 en el Colegio Nacional "Teodoro Sánchez de Bustamante".

Luego, se graduó de Licenciado en Psicología en 1975 en la Universidad Nacional de Tucumán.

Regresó a Jujuy, donde ejerció su profesión en forma independiente y en el Hospital "Pablo Soria", donde llegó a desempeñarse al frente del área de Psicología.

Sin embargo, más allá de su profesión, Guigui fue siempre el observador agudo, el sensible analista de las cosas más simples de la vida, de su entorno y de su gente.

Guigui fundó a finales de los 70, con un grupo de poetas de su generación, el grupo literario "Tiempo" que en hojas mimeografiadas, dejaba impresos los primeros poemas en una cartilla llamada "La Probeta".

Posteriormente, ya a mediados de la década de los 80, crearon el grupo literario Brote, donde ya realizaron publicaciones periódicas en hojas que imprimía el periodista Rodolfo Ceballos, mecenas de las experiencias literarias del grupo.

Guigui Calderón compartió esas andanzas literarias con Ernesto Aguirre, Saúl Solano, José Antonio Arriéguez, Carlos Ferraro, María Silvia Alonso, Susana Lorite, Germán Churqui Choquevilca, Oscar López Zenarruza, Enrique Rosso y otros entonces jóvenes escritores.

Posteriormente, integró y dirigió las publicaciones "Voces", cartillas de poemas y pequeños ensayos.

La vocación integradora, lo encontró participando en actividades compartidas en recitales, café concerts y espectáculos literarios y musicales con el grupo folclórico "Jujuy en Tres" que integraban Grillo Garnier, Maussy Padilla y Carlos Ferraro, con puestas en escena conducidas por el director de teatro Luis Alberto Vallejos.

"Yo converso"

En el año 2004, publicó "Yo converso", una breve síntesis de su poemario extenso donde quedaron reflejadas aquellas emociones citadas, un juego responsable de alto vuelo donde acometió el compromiso de escribir sonetos, y muy especialmente, aquellos donde desde la hondura de su poesía, rescata "voces" de diferentes Cristos, que Guigui escuchada y traducía con maestría y apasionada intencionalidad. Jamás dejó de escribir. Ni de mirar la vida. Ni de soñar.

Así nutrió su poesía, con la profundidad del filósofo, el fino humor que lo caracterizaba, y especialmente con la capacidad de amar, perdonar, y seguir adelante cargando cada día, sus maletas de versos, metáforas, giros y sorpresas literarias.

Ése es el equipaje, liviano y luminoso que hoy se llevó consigo, junto con el amor de sus hijos, de su familia y sus amigos.

Ahora, por fin, Guigui, se sentará, ya no a escuchar lo que decían sus Cristos locuaces e imaginarios, sino a conversar con ellos, mano a mano, en la esquina donde se cruzan el cielo y la eternidad.

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