El valor de la conversación en la familia

Por SILVINA FIGUEROA MENESES, locutora naciona.

La vorágine de la vida, rutina, ansiedades, son algunos de los factores que hace que en ocasiones se vaya debilitando el diálogo entre los miembros de la familia. El cansancio, producido por transitar la cotidianidad, hace que no haya interés de hablar con la pareja, con los hijos, se pierde el poder de escuchar activamente. Se evidencia la pérdida del hábito de conversar cara a cara. Además el uso de la tecnología está haciendo algo más que reconfigurar la manera en que conversamos. El simple hecho de poner un celular en la mesa mientras hablamos afecta el contenido de la conversación.

Para que haya un buen diálogo, se deben considerar las necesidades del interlocutor como el ser escuchado, ser apreciado y reconocido, sentirse cómodo, hablar de sus gustos y preferencias personales. La conversación es una de las formas más sencillas y empleadas en la comunicación. Conocer sus características permite mejorar las relaciones interpersonales; en especial en el ámbito familiar.

Conversar es estar en la sintonía del otro, es tener empatía, es la capacidad de ponerse en el lugar del otro integrante de la familia y compartir sus sentimientos; podría evitar tener una conversación conflictiva, en la cual suele darse el síndrome de "DAD" defensa, ataque o desvío; es esencial poner en práctica este recurso en el diálogo familiar. Tener cuidado con las críticas, aunque sean "constructivas" es importante conocer el grado de susceptibilidad de nuestro interlocutor, quien podría ser la pareja, hijo u otro integrante de la familia. El uso de las otras críticas (destructivas) que es correspondiente al grado de frustración que tenga quien la dice. El estar a la defensiva, provoca desconfianza en la comunicación, además de ser un desperdicio irrecuperable de energía. Éstas podrían actuar como barreras al momento de charlar con la pareja, hijos u otro integrante de la familia.

La charla se vuelve superficial, cuando no se tiene en cuenta al otro, no se le brinda un ambiente adecuado para que pueda abrirse y expresar sus sentimientos, necesidades, miedos o proyectos.

Para que se produzca una verdadera conversación, debe haber tiempo para compartir con el otro, silencio a toda a la avalancha de datos que estamos sometido en la cotidianidad, interés, para que aflore lo inefable, lo que está más allá de las palabras.Y se produzca ese deleite de haber tenido una grata conversación.

El diálogo familiar no debe ser pasado por alto, ya que a través de esto se alcanza el bienestar emocional para los integrantes de nuestra familia. Se posibilita tener una relación saludable, fuerte, con cada integrante de la familia. En la cual sus miembros se expresar: con amor, respeto y libertad. Se deben evitar los gritos, criticas, mal trato, rechazo.

Por este motivo, te invito a que evalúes ¿cómo es el diálogo en tu familia? Y pienses ¿de qué manera puedes mejorar tu conversación con tus seres queridos?

Medita y considera la posibilidad de hablar con Dios cada día, involucrándolo en el centro de tu vida y familia, él es quien puede producir unidad, restaurar vínculos y comunicación así como la armonía familiar!

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