"Picapiedra" trabaja por la felicidad de 250 niños

Explorando previamente la idea de ayudar, hace tres años surgía con las expectativas latentes y, sin ningún tipo de dudas, el merendero "Picapiedra".

La entidad evidenció su intención solidaria desde un primer momento y se convirtió pronto en una realidad interesante que con un esfuerzo especial, logra mantenerse con vida.

Arroz con leche, té, anchi, facturas, mate, maicenitas, tortillas, pastafrolas y galletitas en raciones equilibradas, se vuelven ayuda constante y anhelada para los niños de ap 6 lote 15 - Remanente I, en Alto Comedero.

Siempre queda presente, la colaboración que de manera espontánea se hace visible a través de ollas desbordantes de alimento y el deseo de -aunque sea por la tarde- la situación de los pequeños de ese sector barrial cambie a mejor.

Cuando Graciela Gaspar se decidió a realizar este merendero, no lo hizo así nomás. Reunió mucha fuerza de voluntad con un claro objetivo que tuvo por ingrediente principal la responsabilidad y confianza en que todo saldría bien. Se armó de una paciencia motivadora y logró ver el fruto de su labor en la felicidad de treinta pequeños que recibieron gustosos este gesto de amor.

"Me recorrí casa por casa para tener una idea de lo que los chicos necesitaban en todo momento, al ver tanta necesidad me decidí a ayudar y lo empecé a trabajar; pidiendo donaciones y colaboraciones a toda la gente que se acercaba. No tengo un trabajo seguro pero las ganas de ayudar siempre están", destacó la representante del espacio.

Luego de tres años de función activa y atravesando tanto triunfos como sinsabores, se puede decir que "Picapiedra" se fortaleció, superando las perspectivas.

Y es que hoy cuenta con doscientos cincuenta niños que -haya frío o calor- reciben su merienda repartida en partes iguales.

"Cuando se da la posibilidad, armamos bolsitas con lo que hacemos para que los chicos compartan en sus hogares, pero todo es sacrificio", dijo Gaspar asumiendo el compromiso de manera permanente.

Si bien los costos son elevados, el espíritu solidario gana todas las batallas y se hace sentir en cada acción. Elaborar el pan, por ejemplo, es una de las acciones más valoradas en la comunidad.

La sensación de estar al frente de este merendero es muy especial para la referente, debido a que es una labor social que demuestra total empatía. "Para mí significa ayudar sin pedir nada a cambio, intento dar un granito de arena para otra familia que realmente lo necesita. Por más que uno no tenga, es importante tratar de colaborar", reveló la representante que -dicho sea de paso- rememoró que desde el tiempo inicial, este proyecto se inspiró en su propia historia de vida.

"La idea de abrir este merendero fue porque yo también asistí a uno mi infancia fue difícil. Tuve que empezar a trabajar de muy chica y no pude estudiar, porque mi papá era alcohólico y mi mamá sufría mucho. Entonces yo a medida fui creciendo, he visto mucho maltrato y me vine para capital, con mi mamá me vine a trabajar y de ahí ya me quedé y no pude volver. Yo veía mi mamá que siempre sufría un montón y traté de seguir mi camino y sobreviví como pude. En el merendero que iba, me ayudaron y lo recuerdo. Eso me llevó para abrir uno aquí, para que a los chicos no se los vea en la calle y no pasen por la misma situación que yo", contó.

De esta manera, ver cómo progresivamente su labor iba creciendo, fue lo que la animó a tener una constancia de hierro sin perder la esperanza.

"Creo que con la humildad se puede llegar lejos, me mantengo con lo justo pero siempre veo la forma de salir adelante por mis hijos y por mí. Se trata de uno mismo poner su voluntad y ayudar a los demás", reflexionó para finalizar Gaspar, que brinda el servicio en un espacio desinfectado como lo dispone el protocolo de bioseguridad establecido, donde la ración correspondiente a cada niño se entrega para ser disfrutada en cada hogar para un mayor cuidado.

La ayuda como motivación
Desde el merendero, se encuentran realizando una campaña solidaria para fomentar más la solidaridad en los pequeños.
En esta ocasión, se trata de llegar con donativos hasta la localidad de Ocloyas, para que sus habitantes puedan atravesar un invierno menos frío. 
“Hay que seguir colaborando con lo poquito o mucho que tengamos, ayudar es lindo y una enseñanza para los chicos para que sean buenas personas”, comentó la responsable del espacio. 
“En el campo hay niños que tienen derecho de tener una sonrisa en su carita. Ellos tienen necesidades de ropa de abrigo”, expresó Gaspar que dejó la invitación a las personas que deseen colaborar con la causa. Los interesados se pueden dirigir a Remanente I ap 6 lote 15 o bien contactarse con el número 388-4450709.

 

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