Las penas son de nosotros las vaquitas son ajenas...

El Gobierno de la Argentina le está pidiendo a su ciudadanía, que tradicionalmente se ha encontrado entre los consumidores de carne vacuna más voraces del planeta, que reduzca la ingesta para colaborar con el medioambiente y reducir el cambio climático global. El gobierno de nuestro país, que tradicionalmente compite con el vecino Uruguay como la "Capital mundial de la carne roja", quiere que la gente se abstenga de consumir carne vacuna un día a la semana para ayudarle a alcanzar sus objetivos climáticos, las "contribuciones comunes pero diferenciadas".

El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible lanzó la semana pasada la campaña "lunes verdes" para reducir la cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) que produce la ganadería, que contribuye a las emisiones argentinas, aportando un 22% del total. Cabe aclarar que la contribución de Argentina a las emisiones globales de GEI es del 0.5% y por lo tanto el aporte global de nuestra ganadería sería de aproximadamente un 0.15%. El programa alienta a las personas a sustituir todo tipo de carne por proteínas de origen vegetal los días lunes, lo que implica en la práctica una reducción del 10% si todos los habitantes del país lo realizan (50 lunes sobre 365 días al año).

La campaña "Lunes verdes" es una iniciativa global impulsada por el Reino Unido en la persona del exBeatle Paul Mc Cartney.

¿Y por casa cómo andamos?

Este "compromiso" por la salud del Planeta, los argentinos ya lo venimos haciendo en las últimas décadas por motivos más domésticos que el bienestar global. Más allá que el consumo de carne en Argentina sea una "identidad nacional", los argentinos de hoy ya no consumen la enorme cantidad de carne por la que han sido tan famosos en el pasado. Las repetidas recesiones económicas prolongadas, se han traducido en una disminución irreversible del consumo anual de carne vacuna per cápita a 49 kilos (0.1kg/día/persona) de la actualidad.

Se trata de la primera vez que el nivel es inferior a 50 kilos en casi dos décadas, y está muy por debajo del máximo de 2009, de 70 kilos, según la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados (Ciccra). Los primeros registros oficiales de consumo de carne vacuna en la Argentina datan de la década de 1910, cuando la ingesta era de 56 kilos per cápita anuales, con un pico extraordinario (récord histórico) de 101 kilos por habitante en 1956. A partir de ese momento comenzó a declinar. En 1980, el consumo bajó a 77 kilos y en 1990 a los 68 kilos, reduciéndose el consumo a 64 kilos en la década del 2000. La década de 2010 mostró una preferencia de sólo 57 kilos por persona. En los últimos meses del año pasado, el consumo habría caído a unos 51 o 52 kilos, un nivel muy parecido al de fines del año anterior.

Si consideramos el consumo de carne total (vacuno+aves+porcino), el consumo en 2019 alcanzó los 109,5 kilos anuales per cápita en la Argentina (0.3 kg/día/persona), retrocediendo un 5,3% en relación al 2018, cuando se ubicó en 115,6 kilos anuales. Es decir en promedio, por cuestiones económicas y otras, el consumo de carne ya decreció la mitad anual de lo que pretende la medida potencial impulsada por un grupo de artistas junto con el Ministerio de Ambiente.

La consultora Ecolatina mostró que la sustitución de la carne vacuna por otra proteína animal como es la carne de pollo, se sustenta en la caída que experimentó en los últimos años el salario real, independientemente del cambio de precios relativos que ofreció cada alimento. Si bien cayó el consumo de carne por parte de la población, no todos los tipos de carne corrieron la misma suerte.

La mayor caída fue para el caso de la carne bovina que cayó un 10% en el nivel de consumo, el más bajo a nivel histórico. Con un consumo de 14,6 kilos per cápita por año, el gasto en carne porcina retrocedió un 2%, hecho que interrumpió un crecimiento que se daba de manera sostenida desde el 2013. Sin duda el pollo fue la excepción, su consumo ronda los 43,4 kilos anuales, y en el 2019 creció un 1%.Este aumento -explicó Ecolatina- se dio incluso bajo un encarecimiento relativo de la carne aviar respecto a la vacuna.

El precio del pollo aumentó 69% promedio anual y el asado 50%. Mientras que, durante 2018 por cada kilogramo de carne vacuna, se podía comprar 3,1 kg de pollo, el año pasado dicha relación se redujo a 2,7. La carne de pollo sigue siendo la segunda carne más elegida detrás de la bovina. En este punto, los especialistas de la consultora explicaron que "dicha dinámica responde a que incidió fuertemente sobre las decisiones de consumo, la caída del poder adquisitivo y consignaron además que la contracción del salario real, hizo que las familias busquen sustituir las proteínas de los cortes vacunos por aquellas de menor valor, como las del pollo, haciendo que la demanda de este último se incremente a pesar del aumento relativo de su precio".

Los especialistas explicaron que en este marco, difícilmente el poder adquisitivo del salario mejore este año, por lo que la sustitución de proteínas de la carne vacuna por la aviar podría consolidarse y el consumo de carnes (vacuna, porcina y de pollo) experimentar otra contracción.

¿Las vacas son el problema del Cambio Climático en Argentina?

Argentina destina unos 60 millones de hectáreas a la ganadería, en gran parte extensiva, para criar un poco más de 50 millones de cabezas de ganado vacuno. En muchos sitios (la mayoría) donde esta actividad productiva se desarrolla no se puede realizar otra actividad agropecuaria. La no rotulación de las áreas destinadas a la ganadería (pastizales, arbustales y bosques) asegura la conservación del stock de carbono del suelo, al margen de las emisiones de metano (gas de efecto invernadero) que las vacas liberan derivado del proceso de rumiación, proceso de liberación que se ve reducido al criarlos en confinamiento con dieta balanceada de granos y fibras. Por otra parte, una fracción importante de la producción ganadera se realiza "a campo" tanto en pastizales como bosques, siendo en estos casos una actividad productiva muy amigable con la preservación de gran parte de la biodiversidad nativa y "servicios ambientales" de ecorregiones muy sensibles del Norte Grande de nuestro país.

¿Lunes Verdes, la solución?

Sin duda esta campaña del "lunes sin carne" tiene un fuerte impacto mediático, posiciona y ayuda a reflexionar sobre una problemática compleja en muchas partes del mundo, como es la deforestación del Amazonas y de muchos sitios del trópico mundial para su cría. Pero sin duda una problemática que adquiere otra dimensión completamente diferente en Argentina, donde esta actividad es una aliada de la conservación de la naturaleza en extensas superficies de nuestro territorio.

Por otra parte y como se ha expuesto, Argentina viene reduciendo su consumo de carne al 5% anual asociado a sus crisis económicas, sin duda un efecto no deseado por nuestra sociedad, que no sólo redujo el consumo de carne total, sino que ha compensado en parte este declive hacia el consumo de pollo, alimento de menor calidad relativa. Esta reducción no implicará una reducción de la producción vacuna, sino que por el contrario podrá ser derivada hacia la exportación que hoy implica 1/3 de nuestra producción nacional, para una población mundial creciente y más demandante de proteína animal (los chinos pasaron de consumir 3kg en 1961 a más de 57kg en 2003).

Finalmente, los "lunes sin carne" representaría una reducción quizás inferior al 5% si consideramos que posiblemente la mitad del consumo cárnico semanal se realiza los fines de semana y si distribuimos el consumo restante en parte iguales los restantes 5 días. Es decir que esta reducción ya se viene dando por la situación socioeconómica mencionada. En la Argentina que duele, con más de la mitad de los hogares por debajo de la línea de pobreza, con más del 10% de desocupación, sería deseable que la gente pueda mantener un nivel mínimamente adecuado de alimentación.

Ojalá pueda consumir proteína animal más de un día por semana. En el otro extremo la población rural pobre o de subsistencia, tiene a la carne como el producto básico de alimentación diaria que le compensa positivamente, una dieta complementaria basada mayormente en hidratos de carbono. Sin duda el "lunes sin carne" es una campaña urbana y elitista, destinada a las clases medias acomodadas de nuestro país, que en general poco conocen y se ocupan de la situación de marginalidad y apenas supervivencia en que se encuentra gran parte de nuestra población. Ser vegano es sin duda una elección, no comer carne todos los días para el grueso de las familias empobrecidas de nuestro país, definitivamente no lo es.

 

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