"Voy y vengo a Jujuy porque amo la provincia"

El jujeño Gerardo Ismael Martínez partió poco después de recibirse al insertarse en una empresa minera que lo llevó a establecerse en Guyana. Trabaja en un establecimiento minero en medio de la selva y en el último año por el confinamiento reunió vacaciones para visitar Jujuy y desarrollar otra de sus facetas, la de bailarín de kizomba, con la que enseña y organiza shows.

Recordó con detalle que el 15 de abril del 2015 se recibió de ingeniero de Minas en la provincia de San Juan, aunque ya venía trabajando su tesis de grado en Mina Pirquitas, el establecimiento minero que funcionó en Jujuy. Ya en noviembre consiguió trabajo en una empresa de servicios mineros que trabaja en Guyana, a donde viajó para establecerse en Georgetown, con el cargo de supervisor y en la actualidad hasta convertirse en gerente de la zona Caribe, que incluye República Dominicana, Panamá y otros países.

"Desde entonces estoy afuera. Voy y vengo esporádicamente a Jujuy cada vez que puedo, porque amo mucho la provincia, y acá tengo además la mitad de mi familia. Mi papá es mendocino así que tengo la otra mitad en Mendoza, así que trato de repartirme porque viví seis años en San Juan y dejé muchos amores ahí, amigos, familia, pero en Jujuy es donde paso quizás la mayor parte de mi tiempo libre", explicó Martínez.

Se trata de un país muy diferente al resto de Latinoamérica y el jujeño debió insertarse en un establecimiento ubicado en medio de la selva amazónica y adaptarse al clima tropical y a una cultura diferente, ya que de hecho se habla inglés porque fue una colonia británica, mientras la gente local habla criolí, una suerte de inglés quebrado.

"Fue todo nuevo porque la cultura es totalmente distinta, el país tiene 60% de comunidad negra afroamericana, el resto hindúes, nativos y chinos. Es una cultura muy diversa y muy diferente, todo desde el paisaje, la comida, el clima, esta es una zona tropical así que la temperatura promedio es de 28 grados, y mi trabajo es en Amazonas, en proyecto minero emplazado en la selva", dijo.

Explicó que la comida es muy picante por las especies hindúes, y la dieta está basada en pescado y pollo, frutas y verduras de la selva, porque la cultura hindú no consume carne vacuna.

Ese país fue un descubrimiento por la singularidad, y es que la población negra se debe a que Guyana fue el último país que abolió la esclavitud, ya que los países que aún comercializaban esclavos se trasladaron allí, y que al igual que Guayana Francesa son una incógnita. Martínez vive en Guyana británica, una zona selvática densa que limita con Venezuela, zona de conflicto, hacia el sur con Brasil, al este Surinam, y al oeste el mar Caribe, y viene en crecimiento pese a la pandemia por descubrimiento de recursos e inversión en minería.

Debido a que trabaja en campamentos alejados durante el confinamiento por la pandemia, se quedó varado por nueve meses en la selva hasta noviembre en que se abrieron los aeropuertos y pudo salir. Afortunadamente allí hay infraestructura minera, con comida e internet, y el aislamiento le permitió que no tengan contacto con el covid, y recién en diciembre cuando se abrió hubo casos por el recambio de gente, pero el ya se había ido.

De hecho, volvió a Jujuy a descansar por sus vacaciones y aunque hizo viajes esporádicos a Miami y República Dominicana, prevé volver a Guyana en junio.

Explota su perfil de bailarín de kizomba

También lo trae a Jujuy otra de sus facetas, la de bailarín de kizomba, y aunque ya bailaba hace muchos años, en 2019 abrió su productora de eventos internacionales de baile, y ese año trajo a la provincia de Jujuy artistas internacionales de salsa y kizomba para un festival que organizó, sumando disc jays internacionales. Hasta la pandemia, paralelamente a la ingeniería, dictaba clases de kizomba alrededor del mundo y organizaba este tipo de producción de eventos.

Es que en su familia el baile estuvo presente, su padre es docente de danzas folclóricas, su madre maestra de piano, y sus hermanos bailaban en el ballet Lumen Dei, y él se encontró con el ritmo caribeño a los 13. Con ellos comparte el gusto por la música y la danza. Sus padres son Gerardo Daniel Martínez y Patricia Gutiérrez, y sus dos hermanos, Nayra y Franco, a quienes visita siempre que puede además de su familia materna, abuela, tíos y primos; y en Catamarca tiene una hija a la que visita cuando viene, mientras en Mendoza lo hace con la familia paterna y los amigos.

Gerardo Martínez tenía 25 años cuando encontró la oportunidad y se fue a trabajar y vivir en Guyana. Allí además de desarrollarse profesionalmente en la ingeniería y poder crecer, conoció el ritmo de kizomba, que tiene raíces africanas. Como ya bailaba ritmos caribeños, se perfeccionó en Europa y produce eventos con su productora que le permitió recorrer algunas provincias argentinas y traer algunos artistas incluso a Jujuy

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