"Hay que poner el hombro porque hay mucha angustia en las familias"

-En estos días en que se vive en un marco de pandemia, ¿cómo evalúa la situación de la provincia de cara a las elecciones?

Me parece que son como dos líneas paralelas. La vida de la gente, las complicaciones de todos los días, no sólo económicas. Ahora vemos todo este recrudecimiento también de medidas sanitarias y de todo lo que está pasando en general el pueblo argentino. Con esta administración de la pandemia que parece que no fue tan exitosa, porque con todos los confinamientos, las medidas y todo, estamos casi entre los países más desbastados con esta pandemia. En medio de todo eso habrá que ir a votar en algún momento, pero no creo que nadie esté demasiado tensionado por eso, o preocupado, sino más bien por las cosas diarias.

Ojalá que los políticos puedan dar respuestas a estas situaciones tan afligentes que vive el pueblo, porque si uno toma de diez años a esta parte con intervalo de tres gobiernos distintos, el índice de la pobreza fue creciendo en cada uno de ellos en este lapso, y bueno, parece que no se detiene, porque vos ves que uno va a comprar los alimentos y cada vez comprás menos con la misma plata, y los sueldos no van al mismo nivel, hablando de personas que pueden cobrar un sueldo; imaginémonos aquellos que no tienen trabajo, que están vendiendo golosinas en la esquina, se les hace mucho más duro. Aquí hace falta un gran acuerdo nacional, un plan estratégico a diez años o más para levantar cabeza, pero todos los argentinos hagamos el aporte que hay que hacer para salir adelante, porque sino los hijos de ustedes y sus nietos van a encontrarse con un país muy difícil.

-¿Hay más acercamiento de la feligresía en este tiempo?

Nosotros creo que transitamos cierta normalidad, con sentidas ausencias de gente mayor que muchas veces era asidua participante y ahora por las razones de la pandemia les recomendamos nosotros mismos que no vengan, pero la pandemia nos abrió también el espectro de la comunicación virtual, que creo que eso, quien lo busca, encuentra alimento allí también para sostener su vida espiritual.

-¿Y cuál es el principal reclamo que hace la feligresía a la Iglesia?

Creo que hoy somos contenedores de mucha angustia, como tantos otros. A veces uno recibe a mucha gente que no viene por problemas espirituales sino cosas muy concretas; que no tiene para comprar la comida, que está desesperada buscando trabajo, que necesitan que los ayudemos con los trámites para que se les agilice. Son cosas así de la vida de todos los días donde la gente necesita sentirse protegida por el Estado, por la sociedad, por los que podemos cuidar a los que menos tienen, y ahí hay que poner el hombro porque hay mucha angustia, quien tienen que llevar adelante una familia, darles de comer todos los días, y eso hoy sabemos que es muy difícil para un hogar que necesita, por lo menos 50 mil pesos por mes para las compras, para los estudios, para poder pagar los impuestos, los servicios, y no todos tienen eso.

-¿Cómo tomaría un nuevo cierre para las misas presenciales?

No creo, por lo menos en este momento, pero habrá que acomodarse a las circunstancias, volver a la virtualidad total. En Buenos Aires lo están haciendo en estos momentos.

-¿Cómo están llevando todo esto los sacerdotes del país?

Hay lugares que sabemos que están muy muy complicados, es decir, que no han podido volver nunca a una cierta normalidad. Nosotros estamos en una normalidad administrada. Es decir, una normalidad con protocolos, donde se pueden desarrollar libremente los actos de culto; prefiriendo siempre los lugares abiertos, guardando el distanciamiento de las personas, multiplicando celebraciones para que no haya aglomeraciones y pueda cubrirse el cupo permitido en cada celebración, pero en otros lugares no han podido volver nunca a eso.

-¿Cuál es su mensaje en estos momentos que se considera es el peor de la pandemia?

Creo que el llamado un poco es que mientras las vacunas no sean tan efectivas como deseamos y alcancen a la mayoría de la población, mientras no haya eso, estamos como a la intemperie, desprotegidos, y eso significa que cada uno tengamos que redoblar los cuidados y medidas de precaución tanto personales como en las familias y en los ambientes donde se mueven, porque mientras no tengamos una solución definitiva que nos permita movernos con despreocupación, hay que estar realmente preocupados en cuidar nuestra salud y de las personas que queremos, haciendo todo lo que es posible para evitar los contagios.

 

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