La importancia de tener siempre un plan B

La singularidad del tiempo que vivimos, obliga a no ser cerrados ni intransigentes. Nada de lo que ocurre en la vida pública como ninguno de sus protagonistas, están exentos de tener que modificar sobre la marcha sus preconceptos y por supuesto, sus tácticas y objetivos de corto plazo, que, al parecer, son los únicos que importan. En Jujuy se pueden ir analizando estas posiciones en detalle. A cuatro semanas del 27-J, las estrategias de campaña son las que aparecen más difíciles para los diferentes actores por lo que se supone que todos deben tener a mano siempre un “plan B” para salir del paso sin perder el ritmo del andar, o bien, para justificar giros y cambios de última hora.

Por ejemplo: qué difíciles deben ser las horas que se viven en el comando de campaña de Cambia Jujuy y del gobierno jujeño. En sus mesas de trabajo se cuentan los minutos que faltan para el día elegido por el Gobernador Morales para la votación, y al mismo tiempo, se analizan los datos actualizados del comportamiento de la pandemia y sus proyecciones inmediatas. Muchas voces habían advertido que era de alto riesgo el adelantamiento casi urgente de las elecciones, pero el estado mayor del GM no dudó en acompañar a su jefe, pensando que los comicios convocados para fin de Junio, podrían realizarse cómodamente antes del impacto más potente de la segunda ola del Covid. Hoy, la realidad está obligando a pensar en un “plan B”.

Los contagios se aceleran, hay zonas de la provincia en rojo y otras, caminan por el borde. Las camas de terapia superan el 70% de la ocupación, promediando entre nosocomios públicos y privados, y aunque la vacunación en la Provincia se cumple con celeridad y prolijamente, la falta de mayor cantidad de vacunas es un mal nacional en el que Jujuy, queda atrapada. Cada vez son más los que imaginan que el 27-J podría modificarse, aunque las autoridades responsables no quieren oír hablar de esa posibilidad. La situación delicada es absolutamente real y los temores justificados, pero no se puede perder de vista que muchas de esas voces provienen de candidatos en plena campaña que han comenzado a constatar sus magras performances electorales, y creen que podrían mejorarlas ganando tiempo y justificando postergaciones a propósito de la pandemia. Un ingrediente cercano también presiona indirectamente: el avance del Covid, obligó a Gustavo Sáenz, el gobernador de Salta, a diferir sin fecha las elecciones en la vecina provincia, que se habían convocado para el 4 de Julio, una semana después de Jujuy. Si fuera necesario, ¿GM tendrá a mano un “plan B” para Jujuy?. El dilema no es sólo de fechas en la coalición gobernante.

Aislada la campaña de las elecciones nacionales, tanto la UCR jujeña como sus principales socios de Primero Jujuy, no encuentran la manera de sentirse cómodos dentro de las respectivas estructuras nacionales que los contienen. El radicalismo nacional aparece fragmentado entre los que ven a Mauricio Macri como el líder indiscutido, y los que prefieren apartarlo con respeto al lugar de un consejo de respetables desplazados. Entre Carrió, Vidal, Negri, Bullrich, Cornejo, Sanz y Rodríguez Larreta (sólo por citar los más encumbrados) Gerardo Morales se hace lugar a los codazos para sostener su perfil presidencial 2023. Aprecia a Macri, pero no lo acompañaría de nuevo, reconoce a Rodríguez Larreta, pero descree que un porteño represente al país federal con el que sueña. Criticó a Carrió y recuperó la amistad de Sanz y ya planteó que le dará pelea a cualquiera que se ponga delante de sus proyectos. Y detrás de GM, todos los radicales de Jujuy, mucha dirigencia nacional y de provincias, creen ver una débil luz a final del túnel donde hoy el centenario partido no se muestra como una oposición sólida al kirchnerismo y no muestran un “plan A” consensuado. Pero desde aquí al 2023, el armado político del GM verá correr mucha agua antes del asalto final para imponer su “plan B”.

Los socios del peronismo de Cambia Jujuy, hoy tampoco pueden mostrar referencias que los contengan. Llegaron representando a un Sergio Massa que los sedujo diciendo: “mi límite era Cristinay que hoy, es el principal socio de Máximo Kirchner y la Cámpora. Para Primero Jujuy, hoy, el plan A es fortalecerse todo lo que pueda en la Provincia y esperar para decidir si en el 2023, seguirán en la coalición radical, o se animarán al “plan B” que hoy todavía está muy verde.

El peronismo tampoco las tiene todas consigo. Más estructurados que la coalición gobernante, los candidatos del Frente de Todos, Partido Justicialista en Jujuy, que conduce Rubén Rivarola, siempre se muestra debajo del paraguas del Justicialismo, pero hasta eso, hoy les genera un gran dolor de cabeza. La referencia del gobierno de Alberto Fernández, es tan oscilante, que se les vuelve complicado explicar a sus propios afiliados y a los sectores independientes, cuál es el camino que ofrecen. El FdT imploró ayuda a los gobiernos europeos y al de EEUU para zafar de sus deudas y defaults, y a la vez, se alineó políticamente en las antípodas con Venezuela, China, Rusia, y hasta los bolsones del terrorismo internacional que representan Hammas o Isis. AAF pedía comprensión a Kristalina Georgieva, titular del FMI y una ultrak “Proclama de Mayo” exigía no pagar las deudas a nadie (asfixiando aún más al ministro Guzmán). Mientras se buscaba negociar vacunas con México y Cuba, el país enfrentó el “episodio Pfizer” detrás de temerarias e indemostrables denuncias de la exministra Patricia Bullrich.

Paralelamente el Presidente Fernández reconoció que el laboratorio americano le propuso “cosas inaceptables”, el exministro Ginés González, aceptó que hasta les pidieron “cosas indignas” a cambio de vacunas, y una funcionaria informó que Perú, Brasil y Uruguay debieron ceder su patrimonio para lograrlas. Pero como nada se explica clara ni profundamente, se debe reconocer qué difícil es para los candidatos del peronismo jujeño hacer campaña. Sólo pueden mostrar ideas generalidades y buenos deseos naifs a un electorado harto de incoherencias e improvisaciones. No hay actos públicos ni tribunas, pero a veces, eso torna más incómodo explicar a los electores, cuál es el plan A que quisieran imponer, y por qué tienen que considerar que los planes B aparecen como imprescindibles frente al desorden.

La oposición a los dos frentes preponderantes en Jujuy, tampoco la tiene fácil. Hasta hoy, pareciera ser que su plan A -aún a riesgo de simplificar demasiado- sólo se agota en atacar a los primeros. Días pasados, en una improvisada juntada en las puertas de la legislatura, referentes de todo el arco no contenido en esos principales frentes, pretendieron mostrarse como toda la oposición reunida, para enfrentar tanto al Frente de Todos, como a Cambia Jujuy. Allí buscó mostrar fuerza y cautivar al electorado, pero dejaron planteado algo más: el enorme riesgo que corren. Cuando pasen las elecciones del 27-J (o cuando sean), quedará expuesto el verdadero potencial alcanzado, y se sabrá recién entonces qué posibilidades de ser realidad, tendrían sus planes. El A, o el B.

El caso es que frente a tanta incoherencia y a tanto desencuentro, el dilema general que enfrentan nuestra dirigencia y los candidatos de Jujuy, es cómo reinventarse al mismo tiempo que va cruzando el río caudaloso, pensando que la pandemia los obliga a tener listo un plan B. Y ojalá sea un plan que ofrezca una certeza con futuro de postpandemia, y una salida para la postpolítica tradicional. Para un futuro que no de berá imaginarse en el largo plazo, porque ya no hay tiempo de confiar en las apologías de lo imaginario. Ese futuro real que comienza mañana mismo.

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