Cuidado de la naturaleza en sociedades más justas

Hace unos días celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente, una fecha propicia para pensar cuál es el avance que logramos hacia los objetivos que nos propusimos para frenar la degradación de nuestro ecosistema y frenar el cambio climático y en qué condiciones es posible recuperar la armonía con la naturaleza.

Con anterioridad hemos señalado que la cuestión ambiental no es ajena de algún modo al origen de la actual emergencia sanitaria y que hoy tenemos una gran oportunidad de pensar la postpandemia desde un modelo de relación con la naturaleza, con la tierra, con la casa común, como la llama el Papa Francisco mucho más equitativo.

Esto implica grandes desafíos, el actual modelo económico, el orden económico mundial, que está fuertemente basado en una explotación sin sentido y una explotación insostenible de los recursos naturales, nos muestra que deberíamos cambiar. Necesitamos tener una mirada distinta, nosotros confiamos en que las generaciones más jóvenes, que ya se están haciendo cargo este los liderazgos en este mundo, tengan finalmente esa mirada distinta sobre el tema ambiental.

En este sentido, fue importante la medida que tomó el nuevo gobierno de Estados Unidos que tuvo la decisión de anular el abandono de acuerdos internacionales de proliferación de gases invernadero y otros acuerdos que el gobierno de Trump había abandonado. También son importantes particularmente las medidas que tienen que ver con la cuestión económica en Estados Unidos, como por ejemplo la decisión de imponer tributos más gravosos a las grandes fortunas o la decisión del grupo de los siete de establecer para las grandes compañías internacionales un piso de impuestos más allá del lugar donde lo tributen.

Esto va a generar probablemente un sentido de redistribución de los ingresos y de la riqueza que entre otras cosas va a repercutir indefectiblemente en una menor presión sobre el medioambiente. Creo que todas las medidas que tiendan a un sistema económico más justo, van a su vez a impactar favorablemente en la relación entre las personas y la naturaleza, siempre.

Siempre es posible pensar en un desarrollo económico compatible con la preservación y la conservación de la naturaleza, lo que sería básicamente un desarrollo sostenible. Pero obviamente el desarrollo sostenible sólo puede llevarse adelante en una sociedad que sea más justa.

Para medir el avance hacia ese desarrollo sostenible, para los gobiernos son importantes los ODS, los objetivos de desarrollo sostenible que hace algunos años estableció la Organización de Naciones Unidas para el año 2030.

Los ODS son objetivos concretos, con indicadores y cifras concretas que se tienen que alcanzar en diferentes órdenes de la sociedad como todo aquello que tiene que ver con la naturaleza, la explotaciones mineras pero que también tienen que ver con los temas de educación y la equidad entre géneros y otros aspectos sociales.

Ante todo esto, es necesario insistir que sólo podemos llegar a un equilibrio en la explotación de los recursos naturales y el manejo de la naturaleza si hay un equilibrio también dentro de la sociedad, dentro de las comunidades. Y en el orden internacional esto inevitablemente tiene que ver con una mejor distribución de la riqueza, ya que hoy tenemos un mundo donde pocos ricos se llevan el 90% de los recursos y hay muchísimo sectores vulnerables que apenas logran lo mínimo para subsistir.

Particularmente Latinoamérica y el Caribe deberían encontrar un modelo de desarrollo mucho más equitativo.

A pesar de las grandes exageraciones y excesos en la explotación de recursos seguimos teniendo recursos importantes como el agua, el suelo y los bosques que hacen posible que el continente pueda construir sociedades más justas y de esa manera poder tener una relación muchísimo más armónica con la naturaleza.

 

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