CECILIA PASTORINO, INVESTIGADORA de Seguridad (*) 

El ciberacoso o ciberbullying se da cuando una persona es víctima de algún tipo de violencia por parte un individuo o grupo. Estas agresiones pueden tomar distinta forma, pero todas tienen en común que, además de condicionar la forma de actuar de una víctima, pueden provocar daños que afecten tanto a la salud mental como la física.

El ciberbullying es una problemática que afecta principalmente a niños y adolescentes debido a la cantidad de horas que pasan conectados y porque, que en general, a estas edades no terminan de tomar dimensión del alcance que pueden tener las comunicaciones que se realizan a través de una aplicación de mensajería, red social o videojuego. Igualmente, esto no quiere decir que esta forma de violencia digital no afecta también a los adultos.

Según cifras publicadas por la fundación Cybersmile que promueve el Stop Cyberbulling Day, fecha que se celebra cada tercer viernes de junio, el 60% de los usuarios de Internet ha estado expuesto a alguna forma de ciberacoso. Eset describe diferentes formas o tipos de violencia digital relacionadas con los mecanismos más utilizados por los acosadores para afectar o hacer sentir mal a la víctima y sus consecuencias:

Hostigamiento: Consiste en el envío reiterado de mensajes ofensivos de una persona o grupo hacia una víctima. Pueden ser desde insultos, el uso de apodos, generar rumores o enviar mensajes despectivos a través de redes sociales, aplicaciones de mensajería o correo electrónico. Pueden incluso llegar a crearse grupos de hostigadores que se coordinan para enviar varios mensajes a una misma víctima, como el envío de imágenes que buscan afectar la moral y autoestima de la víctima.

Acecho o stalking: También conocido como acoso predatorio, stalking o cyberstalking, tiene que ver con un comportamiento obsesivo en el que una persona, desconocida o no, ya sea a través de redes sociales, mensajes o llamadas telefónicas, monitorea la actividad de una persona y busca llamar su atención de una manera que genera aprensión y/o miedo.

Difusión no consentida de imágenes íntimas: El sexting o sexteo no es una forma de violencia, sino una práctica sexual que consiste en el envío de fotos o videos íntimos de manera consensuada. El problema es cuando se difunden esas imágenes sin consentimiento, ya sea de manera pública o a contactos cercanos de la víctima, para perjudicarla y avergonzarla. Además, se puede llegar a usar este contenido para extorsionar a la víctima, una práctica conocida como sextorsión. Es importante agregar que esta difusión no consentida de las imágenes puede ocurrir después de haber realizado sexting, o luego de un encuentro sexual en el cual alguien toma fotos o graba un video de ese encuentro (con o sin conocimiento de la víctima) para luego distribuir las imágenes, o también puede ocurrir que las imágenes sean extraídas de un dispositivo perdido o robado.

Fraping: Esta forma de ciberacoso que se da cuanto un tercero logra acceder a las cuentas de las redes sociales de un usuario y publica, en nombre de la víctima, comentarios o mensajes agresivos y/o denigrantes para ciertas personas o grupos, afectando a la identidad digital y reputación del usuario al hacer pasar esos comentarios como opiniones reales.

Perfiles falsos: Consiste en hacerse pasar por otro utilizando imágenes y/o el nombre de un individuo para crear perfiles falsos para acosar, acechar u hostigar a una víctima. Lo que busca el acosador a través de los perfiles falsos es actuar desde el anonimato. Esto puede derivar también en el robo de datos personales o incluso en el robo de identidad.

Exclusión y cancelación: La exclusión consiste en la intención deliberada de no permitir que una persona de un grupo social, ya sea laboral, escolar u otro, participe de dinámicas en la que sí participan otros miembros, como pueden ser grupos de Whatsapp, juegos online o cualquier otro tipo de actividad que realice en Internet. En el caso de los más chicos, la exclusión puede afectar el desarrollo de la autoestima. La cancelación consiste en dejar de consumir o seguir a un usuario como represalia por tener una actitud cuestionable, puede ser en respuesta a comentarios realizados y repercute negativamente en la percepción que otros pueden tener sobre ellos.

Filtración de información: Esta forma de violencia se da cuando se publica o comparte información personal y/o sensible de un individuo sin su consentimiento. Esta información puede afectar a la víctima de distintas maneras, ya sea su reputación o relación con terceros, así como emocional y psicológicamente. La misma puede derivar en casos de extorsión.

Grooming: Cuando hablamos de grooming hacemos referencia a la práctica en la cual un adulto contacta a un/una menor por Internet para ganar su confianza y amistad con la verdadera intención de abusar sexualmente de la víctima. Vale la pena aclarar que el abuso puede ser estableciendo una conversación de índole sexual con un menor, pedirle que envíe fotos, videos o realizar prácticas sexuales. Estas comunicaciones comienzan a través de redes sociales o de cualquier medio digital que permita la interacción entre dos o más personas y en muchos países es un delito y debe denunciarse.

¿Cómo actuar ante las distintas formas de violencia digital? Lo primero es comprender que estas problemáticas existen cotidianamente y que afectan a cualquier persona independientemente de la edad, religión, orientación sexual o etnia. Muchas veces los niños o adolescentes víctimas de estas formas de violencia temen contar a sus padres lo que les ocurre, por lo que es muy importante que los adultos generen un espacio de diálogo y transmitan confianza a los jóvenes para que se animen a avisar en caso de sufrir alguna de estas situaciones.

Asimismo, existen ciertas señales que pueden indicar que un menor está siendo víctima de alguna forma de ciberbullying, como no querer asistir a clase, cambios físicos repentinos, pérdida del interés por actividades que suele realizar, dejar de utilizar redes sociales, así como cierto nerviosismo fuera de lo común o contestaciones agresivas fuera de contexto.

Si bien está claro que los beneficios que aporta Internet son muchos como para renunciar a su uso, la clave está en pensar dos veces qué información compartimos y con quién. Es importante tener presente que lo que llega a Internet difícilmente puede eliminarse por completo.

De manera de aprovechar siempre de manera segura las infinitas posibilidades que ofrece Internet, la ong Argentina Cibersegura comparte las siguientes recomendaciones: Ocupar un rol activo para dialogar como adultos con los más pequeños acerca del mundo digital; actuar de manera positiva y responsable en redes sociales; cuidar la privacidad online y el acceso a la información; reportar aquello que daña, es negativo o afecta a otros.

(*) Cecilia Pastorino es investigadora de Eset Latinoamérica.

 

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