El oficialismo apuesta a la polarización con Macri

Con encuestas en la mano, el oficialismo ya está notificado de que el avance en la campaña de vacunación, que es el principal activo político que posee, no alcanzará para definir las elecciones de septiembre a su favor, ya que la economía continúa al tope de las preocupaciones ciudadanas. En ese campo, hace varios meses que no hay muchos resultados para mostrar. Es por eso que los arquitectos electorales del Instituto Patria, donde se definen todas las estrategias y los nombres de los candidatos, aceleraron la polarización con Juntos por el Cambio para instalar que los problemas de fondo en materia financiera e institucional, en realidad, fueron generados por Mauricio Macri y también por los efectos de la pandemia. El Gobierno de Alberto y Cristina, según esa teoría, sólo estaría apagando incendios generados por otros, aunque esa no sea la percepción generalizada de la opinión pública, que reparte las culpas entre la gestión anterior, la cuarentena extensísima que implementó la gestión actual y la herencia dejada por el kirchnerismo a fines de 2015. 
Especialistas en marketing político aseguran que una campaña es eficiente no necesariamente cuando se dice toda la verdad, sino cuando se logra interpelar al votante con alguna idea fuerza que no eran tenidas en cuenta hasta el momento. En dos palabras: una lisa y llana reivindicación del relato. 
La idea es hacer hincapié en el complejo contexto en el que le tocó gobernar a Alberto Fernández y que, pese a eso, implementó políticas activas como el IFE, el ATP, la suba del mínimo no imponible de Ganancias y la reestructuración de la deuda con los bonistas privados. La inflación y el aumento exponencial de la pobreza, la indigencia y el desempleo no serán, obviamente, parte primordial de la campaña del Frente de Todos, ya que en esos rubros los números le son muy esquivos al oficialismo. No es casualidad que se estén barajando varios nombres del Gabinete nacional, como Santiago Cafiero y Daniel Arroyo, para integrar las listas en la provincia de Buenos Aires. Pese a la interna cada vez más acentuada entre Alberto Fernández y los Kirchner, la vicepresidenta no quiere que la boleta quede representada sólo por dirigentes kirchneristas. “La inserción de ministros serviría en la campaña para que actúen como defensores de la gestión, mientras que habrá otros postulantes que tratarán de contener al voto cautivo más radicalizado”, indicó ayer a El Tribuno un estrecho asesor de Cristina que pidió reserva de su identidad. 
El objetivo final del oficialismo es centrar la campaña electoral en la figura de Mauricio Macri, que se encuentra de viaje por Europa. Primero fue la quiebra del Correo y luego la denuncia por haber apoyado el golpe de Estado en Bolivia. La imagen negativa del expresidente es sumamente tentadora para forzar la polarización que buscan Cristina y Máximo Kirchner. 
La oposición, ni lenta ni perezosa, también apostará a la polarización y a una ampliación de la grieta, con el claro objetivo de evitar una fuga de votos hacia terceras opciones como Florencio Randazzo, que se presenta como representante de la “ancha avenida del medio”. Según varias consultoras, el exministro de Cristina podría llevarse alrededor del diez por ciento de los votos, lo que aún no queda claro es a quién se los sacará mayoritariamente. Altas fuentes de la Casa Rosada minimizan la incursión política de Randazzo y afirman que su postulación será un duro golpe para el macrismo pese al origen peronista del exfuncionario. “El que quiera votar al oficialismo lo hará directamente, Randazzo hoy es un candidato parado mucho más en el oposición que en el Gobierno, por lo que los votos que pueda sacar seguramente no iban a ser para nosotros”, aseguró ayer a El Tribuno uno de los colaboradores más cercanos al Alberto Fernández. Los encuestadores no son tan categóricos en esa afirmación, ya que creen que Randazzo podría cosechar parte del voto obtenido por Fernández en 2019 y que hoy está desencantado con el Gobierno. 
En el búnker de Juntos por el Cambio se prepara por estas horas una campaña muy confrontativa, en donde se expondrían las principales promesas de campaña de Fernández y el incumplimiento de muchas de ellas. “Nos prometieron asado y no tenemos ni polenta. Nos prometieron 20 por ciento de aumento real para los jubilados, y el poder adquisitivo de nuestros abuelos no paró de caer. La gente tiene que ver eso para no volver a creer en falsos discursos”, señaló ayer a este diario uno de los principales armadores políticos del PRO. 
La situación social de la Argentina atraviesa niveles muy complejos y las expectativas hacia el futuro no ayudan a mejorar el clima de negocios. La mayoría de los argentinos considera que el año que viene, pase lo que pase en las elecciones, su situación personal estará peor que ahora, lo que también es leído por los empresarios como una eventual retracción futura del consumo ante el temor de la gente de no llegar a fin de mes. 
Las últimas estimaciones prevén que la suba de precios anual rondará el 48 por ciento pese a la lenta desaceleración que se aprecia los últimos meses. Sin ir más lejos, especulan que la inflación de este mes estaría en torno al 3,2 por ciento, cada vez más lejos del 4 por ciento que se promediaba meses atrás. El problema ahora es cómo incentivar la producción para generar empleo genuino en la Argentina. De eso, por ahora no se sabe nada.
 

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