El Gobierno confía en un repunte para septiembre

El Gobierno prepara por estas horas una batería de anuncios económicos y sociales para retomar la iniciativa política y mejorar sus chances electorales, luego de que el país alcance el tenebroso número de cien mil muertos por coronavirus y de que aún no haya vacunado completamente ni al doce por ciento de la población. El manejo de la pandemia, que ubicó al Presidente en niveles récord de imagen positiva, hoy representa una de las grandes deudas pendientes del oficialismo ante los ojos de la opinión pública, ya que Argentina es uno de los once países con más fallecidos en el mundo, uno de los que menos vacunados con segundas dosis tiene y uno de los que más derrumbó su economía por las restricciones de circulación. Pese a eso, en el Instituto Patria creen que las elecciones en la provincia de Buenos Aires, el distrito manejado íntegramente por Cristina, terminarán con una victoria oficialista “de entre cinco y diez puntos de diferencia”. 
El oficialismo imagina que en septiembre se percibirá un veranito económico con una inflación a la baja, con un aumento en las jubilaciones por la ley de movilidad, con reapertura de paritarias en los gremios y con jugosos fondos públicos para asistir a los sectores más vulnerables en materia de subsidios. ¿Cómo se explica el optimismo oficial con una inflación anual del 50 por ciento, una pobreza e indigencia en ascenso y un valor del dólar que amenaza con incrementarse aún más en los próximos meses? Sencillo: pisando las tarifas, planchando el tipo de cambio oficial, reforzando el cepo cambiario y emitiendo lo suficiente como para que la gente cuente con dinero en sus bolsillos en tiempos electorales. Parece contradictorio pero la fórmula cortoplacista del Gobierno es profundizar los desequilibrios macroeconómicos del país pensando en el cortísimo plazo. No hay que olvidar que el Ministerio de Economía deberá hacerles frente a dos vencimientos con el Fondo Monetario Internacional en el segundo semestre y que -si no quiere entrar en default- deberá destinar dólares para esa situación. 
“Hay varios sectores de la economía que ya muestran una reactivación y eso será mucho más palpable en uno o dos meses. Sabemos que eso será definitorio en los comicios teniendo en cuenta el desastre financiero que dejó Mauricio Macri”, señaló ayer a El Tribuno un importante funcionario del Palacio de Hacienda que pidió reserva de su identidad. 
El dato de las cien mil víctimas fatales golpeó duro al Presidente, quien se ufanó durante buena parte del año pasado de la supuesta efectividad que tenían sus políticas para combatir a la enfermedad, en detrimento de países del primer mundo como Suecia y Alemania, que hoy exhiben índices de contagios y de mortalidad muy inferiores a los de la Argentina. Esos países, además, lograron evitar caídas espectaculares en sus economías, cosa que no ocurrió aquí, en donde el PBI se redujo casi diez por ciento en el año pasado y sólo se recuperaría la mitad en este año. Hay que destacar un rubro en el que Argentina sí viene mostrando buenos resultados, que es entre los inmunizados con una sola dosis, donde más del sesenta por ciento de la población ya fue inoculada. 
La necesidad de sobreactuar la eficiencia de las políticas mientras estas se están desarrollando ya le jugó una mala pasada en varias ocasiones al Presidente y contribuyó fuertemente en el debilitamiento de su palabra, cosa que hoy lo ubica en índices de aceptación apenas superiores a los de Cristina Kirchner. En materia netamente electoral, hoy Alberto es visto casi igual que Cristina, lo que obviamente le quita valor agregado a su caudal de votos dentro de la coalición oficialista. La situación de Sergio Massa en ese sentido no es muy distinta: su nivel de aceptación es uno de los más bajos entre los políticos que sueñan con llegar a la presidencia en el corto o mediano plazo. 
En su momento, Alberto basó su imagen positiva en una cuarentena que retrasó la real magnitud de la pandemia, pero que puso en jaque la subsistencia de millones de argentinos que perdieron sus empleos y al día de hoy aún no lo recuperaron. La gestión de la pandemia, claro está, no será un eje central en la campaña del oficialismo pero sí de la oposición, que insistirá en la demora de las vacunas norteamericanas, el vacunatorio “vip”, y la estrategia de retrasar las segundas dosis ante el peligro de las nuevas cepas. 

Las internas

Juntos por el Cambio logró encarrilar su interna en los principales distritos del país, aunque aún quedan varios interrogantes por develar. Se bajó Patricia Bullrich para que María Eugenia Vidal encabece la lista porteña, se bajó Jorge Macri para no sumar una tercera lista en la provincia de Buenos Aires (las otras dos las encabezarían Diego Santilli y Facundo Manes) y logró acordar en varias provincias del interior boletas de unidad. La gran duda es si una eventual Paso entre Santilli y Manes terminará fortaleciendo a la coalición en diversidad o desgastándola por el enfrentamiento en la campaña. De todos modos, aún no se descarta un acuerdo entre Horacio Rodríguez Larreta y Facundo Manes para llegar a una lista de unidad también en Buenos Aires. Una derrota de Santilli podría ser el certificado de defunción de las aspiraciones presidenciales de Larreta, que es quien ganó claramente la interna por la conducción partidaria. 

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