"Perder para ganar!... Morir para vivir!... Llorar para reír!..."

Está claro que las mujeres tomamos la decisión de "no aprender a amar el oro", y en este tiempo de reivindicaciones y posicionamientos frente a una historia que se está revirtiendo gracias a la lucha feminista, "Micaela, un continente" viene a aportar con mucha intensidad un contenido que nos inunda.

 

Es un unipersonal de teatro, con la actuación de Agustina Orquera, dramaturgia de Alejandro Carrizo y dirección de Pablo Carrizo.

 

El unipersonal de teatro que tuvo su estreno y un importante ciclo de reposiciones en este mes, que cuenta con la dramaturgia de Alejandro Carrizo, la interpretación impecable de Agustina Orquera y la dirección de Pablo Carrizo, mete al espectador en un clima que obliga a retroceder en el tiempo, internarse en la realidad de una Micaela Bastidas (esposa de Tupac Amaru) pagando por su heroísmo, sufriendo las consecuencias de haber llevado adelante sus ideales de igualdad de razas y culturas, de defender la herencia de nuestros ancestros.

La puesta, que cuenta con la producción del Teatro Nacional Cervantes a través de su programa "El Cervantes produce en el país", propone desde el ingreso a la sala, un ambiente en donde el aroma y el humo de coa quemada dan la bienvenida y es el primer acercamiento a ese ambiente oscuro de reflexiones y lamentos. Este fin de semana, viernes y sábado, se realizarán las últimas dos funciones, a las 21, en Centro Cultural "Éxodo Jujeño" (Bahía Blanca 59, esquina Presidente Perón, de barrio Coronel Arias).

La entrada es gratuita, con previa inscripción en www.culturamuniju juy.gob.ar debido a la capacidad de la sala.

Ella es la mujer que ha luchado, se puso su pueblo al hombro y hasta guio a sus hijos para que defiendan con rebeldía su sangre, ante las imposiciones de la corona, y del oro. Y en un escenario que la contiene con mucha oscuridad y colores tierra, llora, se desangra e implora a los dioses. Se culpa y por momentos lamenta haber puesto a su familia en la mira de las condenas.

El arte en Jujuy ha decidido enaltecer estas figuras femeninas que tomaron papeles impensados en otros tiempos, que nos antecedieron en la causa feminista (el domingo se estrenó el tema musical de Laura Chaker, "María Remedios", en Youtube sobre la heroína María Remedios del Valle), y eso es muy bueno, porque los procesos de entendimientos y deconstrucciones tienen allí una pata importante.

Agustina Orquera se adentra en el personaje con todo su cuerpo, ella habla, danza (con coreografía de Valentina Mamaní), se mueve, se adueña de ese espacio que es una celda, que es una injusticia histórica, o bien su propio dolor, y se mueve pensando en lo que logró a nivel personal y a nivel de su cultura y para todos, y conmueve. La actriz con mucha precisión, encadena los movimientos con sus alocuciones y en los distintos momentos de la puesta se luce en un trabajo artístico sumamente creíble, que realmente lleva al público a esa tristeza y a la emoción profunda.

Tamaña creación cuenta con un elemento que logra transformarse en protagonista en gran parte de la presentación, y que es la música, que fue creada especialmente para esta obra, y la elegida fue Micaela Chauque, otra mujer que sin dudas es referente del feminismo en el arte y en la cultura andina. Eso la puso en un lugar de lucha propia y entonces a su habitual talento, se antepuso el sentimiento. Ella también desde la platea, en casi todas las funciones, lloró de emoción.

Micaela Bastidas y su grito, "Tendría que haber soportado más... me tendría que haber adaptado al nuevo mundo, a esa iglesia de un solo dios... Aprender a amar el oro!...", se apropian del ser de cada uno en la platea, y entonces llega la respuesta a ese lamento, que sin dudas es la esencia del heroísmo, resignar el bienestar personal, en pos de una sociedad y un pueblo que no quiere ni debe someterse. "Aprendí a perder... Los justos luchamos más que con los demás, contra nosotros mismos... Perder para ganar!... Morir para vivir!... Llorar para reír!...", dice Micaela Bastidas en el escenario del "Éxodo Jujeño", y los creadores con la platea se aunan en un sentimiento de regocijo, de saber que el valor de un pueblo y de una lucha justa se visibilizan aunque haya pasado mucho tiempo.

Todo en esta creación teatral y musical, se transforma en una pieza valiosa en el ámbito de las artes escénicas de Jujuy, por contenido, por investigación, por la trascendencia de una obra escrita por un conocedor y contador de todo lo nuestro a través de sus riquísimas letras (en narraciones, poesía y canciones) como es Alejandro Carrizo.

Micaela Chauque, además, encontró una nueva faceta a su virtuosidad y esencia creadora, como es la música para teatro. Antes había hecho la música para cine, en el filme "Cerro quemado" de Juan Pablo Ruiz. Sin dudas, se abre para ella, otra puerta para enriquecer las producciones culturales. En este especial caso de "Micaela, un continente", su creación fue fundamental junto al trabajo de Agustina Orquera, logrando un constante diálogo entre la actriz y la música.

La personificación contó con la mano increíble de Noemí Salerno en el maquillaje, y el vestuario de Claudinna Rukone.

Otro factor que cierra en esta combinación precisa de recursos, es la iluminación (de Nicolás Jurado), que toma vital importancia en la oscuridad, a la hora de mostrar simbólicamente el exterior, o la claridad cuando en un momento dialoga con su abuela y en ella con sus ancestros.

La obra de arte se completa con el diseño de la escenografía de Roberto Ortega y la realización de Nicolás Strelkov.

Y la cuota de credibilidad y realismo, con tintes casi documentales, tiene también que ver con la utilización del idioma Runa Simi, en varios momentos, y la mención de innumerables aspectos de la cultura quechua. El asesoramiento en este idioma y la voz en off (de la abuela) es de Kusi Killa.

Finalmente, la asistencia de dirección es de Iliana Prieto.

Exquisita pieza teatral, musical, histórica, que debió agregar funciones a las previstas originalmente.

Y en el final, sobre todo las mujeres, profundizamos en nuestras realidades, y sentimos con orgullo que todas las que nacimos en este continente somos americanas más allá de las razas, de los tiempos y de las situaciones. La tonalidad de la piel es un factor identitario, como el idioma y las costumbres, pero no los únicos ni excluyentes en el sentido de pertenencia a una tierra que nos parió a todas, en medio de un proceso de mezclas y mestizajes.

 

La obra cuenta con la producción del Teatro Nacional Cervantes. Fue seleccionada entre alrededor de cien proyectos.

 

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