Con la aspiración siempre latente de viajar y conocer el mundo, un día decidió darle el giro a su vida y dejó todo para recorrer países, y comenzó por Nueva Zelanda. En 2019 José "Yosi" Beller apostó por su sueño y está feliz, porque llegó a un lugar casi libre de Covid y ahora inicia una nueva experiencia en Australia. Asume que cuando viajar ya no lo haga feliz podrá volver a su Jujuy.

"Salí en julio del 2019 y empecé por Nueva Zelanda, porque había leído que era el mejor lugar para empezar a viajar, por la gente que es más amigable, los trámites y los papeles que uno necesita son más sencillos", explicó "Yosi" Beller, quien se fue a los 26.

La idea era vivir en un lugar por determinado tiempo y recorrer el mundo. Siempre tuvo motivación para viajar y asume que lo heredó de sus abuelos maternos, que fueron viajeros y vinieron desde España.

Navegando por internet supo que la visa de un año para Nueva Zelanda era factible, logró obtenerla y se decidió. Entonces estaba trabajando en la Dirección de Dominial, como administrativo y estudiaba Ciencias Políticas, pero sintió que era la oportunidad, quería una nueva experiencia, una nueva vida.

Explicó que la visa Working holiday, le permite trabajar y tener los mismos derechos laborales que un neozelandés. "Esta visa está vista por la mayoría de los argentinos como irse al otro lado del mundo a lavar platos, limpiar baños, y yo puedo decir que en los dos años que estuve en Nueva Zelanda no me tocó eso, que tampoco está mal porque haciendo eso se gana buena plata", afirmó.

De hecho, contó que la experiencia que logró en ese país nada tiene que ver con ese preconcepto ni con lo que hacía en Argentina. Trabajó con un carro elevador en una empresa de producción de kiwis, por doce horas cinco días a la semana; también fue apicultor por seis meses, sin haber tenido experiencia, y allí le enseñaron mucho de la industria apícola sin pretensiones de que aprenda rápido sino que lo haga bien. También se insertó como trabajador golondrina, porque abundaba la oferta y era buena paga, por lo que seguía las estaciones según producciones.

Reconoció que si bien antes de viajar hizo clases intensivas de inglés, en la práctica lo que aprendió no le sirvió de mucho por la jerga que utilizan los neozelandeses al igual que los australianos. Sin embargo, destacó que la gente fue muy amigable y se tomaba el tiempo de explicarle, ya que son muy sociales.

Comenzó su desafío rodeado de chilenos y uruguayos, quienes al estar tan lejos siempre están dispuestos a dar una mano.

"Estuve dos años viviendo en Nueva Zelanda y viajando alrededor. Estaba viviendo tres meses en una ciudad, después me iba tres meses a otra, estuve dando vueltas porque la posibilidad de conseguir trabajo y asentarse es muy fácil", dijo.

Al llegar arribó a Auckland y desde allí partió al Sur de Nueva Zelanda, a un pueblo llamado Bremen, donde trabajó para hacer fletes, hasta que consiguió el de apicultor.

Actualmente está en Australia, donde eligió ir porque ya había recorrido Nueva Zelanda, que tiene concentrada su población en Auckland y tiene una vida tranquila y esperaba seguir conociendo gente.

Se decidió por Australia porque es otro país que está muy bien con la pandemia, y llegó a la ciudad de Brisbane y como había dos casos de Covid decidió ir al norte, al pueblo sobre el Trópico de Capricornio por lo que parece verano todo el año.

Compartir le permitió socializar

El alojamiento para Beller le significó un cambio muy grande por la costumbre argentina de vivir con la familia o alquilar para uno solo, pero en Nueva Zelanda el costo de vida no lo permite pero sí una habitación privada en una casa. “Fue un choque saber que no iba a estar solo, y con gente que al principio no era de mi confianza,pero después uno se va acostumbrando, uno entiende que también está en situación de viaje y la mayoría es buena gente”, afirmó. Aseguró que la experiencia le valió aprender, conocer y convivir con gente de otra cultura y diferentes países, y eso además le permitió que le dieran datos sobre trabajos del lugar, dónde estaban o de otro.

Ahora en Australia también apuntó a un hostel para empezar, porque le permite conocer gente y con ello saber cómo se mueve el país, la ciudad, el tipo de trabajo que hay. Entre las dificultades que encontró estuvo el idioma, porque es clave qué tan específico se es al hablar y eso condiciona el tipo de trabajo que puede llegar a tener.

Explicó que al llegar hablaba poco inglés pero se explayaba hasta hacerse entender, por lo que consideró que es clave ir al frente, no quedarse callado y aprender pese a los tropiezos. Otro aspecto difícil fue la llegada de la pandemia lejos de la familia y la incertidumbre, pero afortunadamente le tocó estar en ese lugar del mundo para sobrellevarlo porque sólo usó barbijo obligadamente cuando partió hacia Australia y por cuatro horas. Contó que en Nueva Zelanda ahora se cumplió más de 100 días sin casos locales, y tras el primer mes de cuarentena se levantaron las restricciones y no hubo más, ya que solo hubo un brote de 10 casos, con lo cual la vida continuó como antes.

Algo muy positivo que encontró en Nueva Zelanda es que no hay discriminación por el lugar de donde provenga, y de hecho se hizo vacunar contra Covid para viajar a Australia y no le pidieran ni pasaporte. Si bien es caro para los argentinos, dijo que al trabajar con el sueldo mínimo se le hace muy fácil llevar una vida normal. Es que allí opta por una habitación privada, aprendiendo a administrar el dinero, y puede ahorrar dependiendo el estilo de vida que quiera llevar.

”Vivir en un verano eterno es lindo”

Actualmente está en Australia, con un invierno de 27 C . “Poder vivir en un verano eterno es lindo porque ahora que hace calor y el resto del país está frío, puedo conocer la cultura del lugar, ir a los mercados, a las playas y no hay tanta gente, y son todos locales que puedo disfrutar. Cuando comience la época de lluvia la idea es irme a otro lado donde ya sea verano”, afirmó el jujeño Beller. Tras la experiencia en hotel Sheraton, preparando desayunos, y ante la baja demanda de ese pueblo turístico, se fue a Cairns donde ahora busca trabajo. Fue hacia Australia porque a diferencia de Nueva Zelanda los visitantes no se volvieron a su país, lo que le permitió compartir con italianos, franceses y conocer más de su cultura e idioma. Aun no sabe si volverá, siente que su familia lo entiende y acompaña.

”En el momento que ya no lo disfrute, necesite elegir un lugar para vivir y acomodarme, Jujuy siempre está en los planes, porque uno siempre ama a Jujuy. Pero tengo mucho mundo por conocer, y no quisiera volver para quedarme encerrado por la pandemia y que sea una elección volver a Jujuy”, dijo y aseguró que si lo hiciera ya reunió experiencias que le servirían. No obstante, la idea es volver un par de meses.

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