Las vacunas y la "unidad" en campaña

Las elecciones primarias marcarán huellas tan profundas en el escenario político, que seguramente se prolongarán hasta las elecciones de noviembre. Tanto el Frente de Todos como el Frente Juntos ya han elegido cabalgar sus campañas sobre la pandemia, usando la vacunación como motivo central de sus discursos. El Gobierno nacional confía en que la lluvia de vacunas (rusas, chinas, indias, norteamericanas, europeas, cubanas y hasta las de fabricación propia, por la que trabaja a tambor batiente) caiga sobre Argentina y llegue con urgencia a los brazos de todos.

Con ello apostarán a lavar la cara de una lamentable administración de año y medio de pandemia -con el quiebre de la economía incluido- y así tratar de recuperar la aprobación de una gestión que en ese tema viene haciendo agua desde que se inició. La oposición nacional apuesta a mostrar lo contrario repiqueteando sobre los optimismos fallidos, las comparaciones agresivas, las insólitas filminas y otros bloopers presidenciales, los episodios odiosos de la vacunación vip, y las torpezas enormes de los casos "Pfizer/Ginés" y "Nicolini/Sputnik", y los cien mil muertos.

Están seguros de encontrar en los errores y los desaguisados del oficialismo las garantías que reafirmen el malhumor social y la posibilidad de ganar para poner freno al proyecto K. Pero ninguno de los dos contendores de las Paso puede ocultar los gravísimos desencuentros y escándalos internos que día a día desmienten los relatos de ambos donde ampulosamente disfrazan de "unidad". En ambos bandos, el fuego amigo, grosero e impiadoso, está limando la autoridad de sus líderes y aumentando el desencanto de la gente, que no es tonta y cada vez aparece más convencida de que deberá elegir al menos malo, al que menos mienta, o en subsidio, al que monte la mejor escenografía. El caso es qué pasará después de las Paso y sobre todo, después de las generales.

En Jujuy, queda a la vista que el oficialismo también apuesta una vez más a la gestión pandemia. Gerardo Morales sacó sus candidatos de la trinchera del combate al virus: Omar Gutiérrez, del COE, encabezó la lista de diputados provinciales y ahora, Gustavo Bouhid, del Ministerio de Salud, es el candidato a diputado nacional que deberá arrastrar detrás de sí al resto de la lista. La oposición local, más incómoda con el tema y sin posibilidad de armar un mensaje propio desde la pandemia, deberá responder poniendo el acento en los envíos oportunos y correctos de las vacunas que mandó el Gobierno nacional a la provincia, sin discriminaciones ni trampas.

Los votantes jujeños, como en todo el país, recibirán los mensajes proselitistas pero posiblemente nin guno de ellos sea tan fuerte como para cambiar el eje de sus desvelos centrales: la inflación, la economía sin horizonte, la angustia que generan las góndolas, los alquileres, las prepagas, el transporte, y la espada de Damocles de los impuestos y servicios artificialmente frenados. Y aunque la mayoría no tenga ni un dólar en el bolsillo, la certeza de que la moneda norteamericana es un polvorín en cuya puerta de ingreso la irresponsabilidad y la política de tiro corto juegan con fuego, afirma porqué en los sondeos de opinión las urgencias siguen siendo llegar a fin de mes, el (des)empleo, la inseguridad y recién después, aparece la pandemia. Es decir, la gente, aunque no tenga asegurada la inmunidad de rebaño, preferiría alcanzar primero la inmunidad contra el hambre, la pérdida del trabajo y el temor a andar por las calles. ¿Los políticos en general, y en particular los candidatos, comprenderán la situación en su real dimensión? ¿Y en su real gravedad?

Los candidatos jujeños llegarán al 12-S, intentando mostrar una solidez y una unidad que distan de ser tales. Al menos por ahora. En Juntos por el Cambio, la autoridad excluyente del gobernador Morales disciplinó sin atenuantes a la tropa. Y como ese poderío superlativo les garantiza victorias y seguridades, nadie discutirá (no se animarían) sus decisiones unipersonales, que hasta aquí parecen acertadas para sostener su proyecto político. Los antiguos y ruidosos comités rojiblancos hoy son una red de franquicias que el jefe aprueba, y que se alinean sin chistar. Allí reside el poder territorial del radicalismo de hoy que cambió el debate interno por un liderazgo poderoso. Algo que es muy bueno por ahora y muy peligroso a futuro.

Porque el GM hace rato soltó las amarras provinciales y vuela en los cielos nacionales con altas -y legítimas- pretensiones. Ya se lo ve todos los días participando -cuando no generando- de polémicas en el seno del Frente Juntos por el Cambio, hoy no tan juntos ni tan capaces de producir un cambio, porque dentro de la UCR nacional, todavía -y cada vez más- se cumple el apotegma que donde hay dos radicales, hay una interna. La apuesta del GM es muy fuerte: ya no tendrá reelección en la provincia, donde deberá dejar armada una sucesión de hierro y la estantería sólidamente ordenada, mientras se adentra en la jungla política nacional, que conoce muy bien, pero donde le discutirán hasta la forma de peinarse.

El peronismo también transita su etapa de forzada unidad. En el 2015, perdió sin atenuantes frente a una propuesta novedosa y diferente, impulsada por la ola amarilla (Macri) que hoy ya no existe. En el 2019, perdió por su tradicional juego de sectores henchidos de envanecimientos, pero la suma de todos -se recuerda- podría haber hecho tam balear -y quizás hasta derrotar- al oficialismo provincial.

En la reciente elección de junio, repitieron la lucha de vanidades que trasladó la interna a las elecciones generales. Pero apareció un dato espeluznante: esta vez, todos sumados, no llegaron a la mitad del caudal del oficialismo. Mal que les pese a muchos, sólo la conducción del PJ en manos de Rubén Rivarola pudo rescatar de la gran derrota la pequeña importante victoria de sumar bancas en la Legislatura. Hoy, como diría Borges, no los une el amor, sino el espanto, y más aún la orden precisa del PJ nacional de priorizar un esfuerzo unificado -obviamente bajo sus condiciones- para aumentar manos en el Congreso.

La orden acatada -a regañadientes por algunos- le da a este PJ de hoy, que sobrevive en su casa central y en algunas intendencias fuertes (con sus centenares de unidades básicas cerradas y cubiertas de telarañas), la oportunidad de un ejercicio electoral preparatorio para las generales. Es decir, lo que ocurra en las Paso será una experiencia testigo que podrá ser discutida, corregida y enriquecida, para cuando se juegue por los tantos. ¿La aprovecharán o la desperdiciarán? La respuesta va hacia el 2023, y más allá...

Sólo la izquierda jujeña se sinceró y aprovechará las primarias para arreglar sus diferencias. Así la política deja dos interrogantes en el clima preelectoral de agosto: finalmente, ¿la vacunación competirá con la inflación?, y ¿La unidad de papel resis tirá los rencores de las internas?

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