Superar la apatía

El domingo no será un día común: es día de votación. Y tal como reza la frase que todos los candidatos fatigan delante de los micrófonos, es un "día de fiesta de la democracia". Entre las cosas que se dijeron a lo largo de la campaña, aparece como irrefutable el desinterés, la bronca, el desencanto, y hasta cierto resentimiento de la gente contra los políticos en especial y con la política en general. Sin embargo, se debe reconocer que la política, como siempre repetía el doctor Horacio Gregorio Guzmán, ilustre exgobernador de Jujuy, "es una de las actividades más excelsas del ser humano". Y los políticos, buenos, malos, regulares o impresentables, no son otra cosa que el emergente del pleno de la sociedad, que los elige y consagra con el voto. A partir de este simple razonamiento, este domingo se debe convertir en esa verdadera fiesta cívica soñada. Hay que romper la apatía y concurrir masivamente a votar. Lo necesitan Argentina y Jujuy. Superar la apatía es la clave, ganarle a la rabia, superar las desilusiones. Quedan un par de días para pensar con tranquilidad, y luego, hay que ir a votar, para aprobar, ratificar la fe y la esperanza, o para desechar, descartar y cambiar. Pero la peor opción es no participar, quedarse mirando de afuera con una mueca de desprecio o desinterés por la cosa pública. A pesar de la pandemia, están dadas las condiciones, hay protocolos y medidas de seguridad, y sumando el barbijo y llevando una lapicera propia para firmar las planillas se completa el sencillo combo de las responsabilidades requeridas. Votar, hoy más que nunca, será regalarnos la extraña satisfacción de hacer al mismo tiempo, dos cosas que parecen contrapuestas y sin embargo, en el voto siempre confluirán necesaria y exitosamente: usar un derecho y cumplir con una obligación. Y ser dueños de nuestro destino.

 

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