El gran potencial frutal de la quebrada de Humahuaca

Viviana Curzel está trabajando en la provincia desde hace un poco más de 33 años. Esta ingeniera agrónoma llegó desde Río Negro para estudiar todo lo relacionado con los frutales de Jujuy, especialmente los de la Quebrada de Humahuaca, los cuales tienen 500 años de existencia ya que los mismos fueron traídos por los conquistadores.

Desde la cátedra de Fruticultura de la Facultad de Agronomía de la Unju y con el apoyo del Inta hoy trabaja en la recuperación y conservación de germoplasma de duraznos y de manzanas que crecen en los valles áridos de Jujuy, especialmente los ubicados en Valle Escondido en la zona de Ocumazo a 3.300 msnm.

Resulta sumamente agradable, además de interesante escuchar a Viviana Curzel que en diálogo con El Tribuno de Jujuy se expresó entusiasmada sobre un importante trabajo científico que posibilitará tener identificados los frutales "naturalizados" existentes en Jujuy.

"Este trabajo comenzó con la idea de tener una "pata" frutícola en toda la provincia de Jujuy en particular en la zona de la quebrada donde comenzamos trabajando con grupos de "Cambio rural" desde el Inta en distintas zonas" aclaró la ingeniera.

"La iniciativa fue qué demanda tenía el productor, cuál era la problemática de la zona y empezar a trabajar a partir de ahí con las investigaciones y que siempre tenga la 'pata' del campo y la demanda real del campo porque si se investiga desde laboratorio sin entender qué es lo que pasa, se enfrasca y se mete cada vez más en el laboratorio y después de un tiempo, lo que uno investiga no termina siendo útil y no se plasma en resultados concretos " agregó Viviana Curzel.

"A partir de este caminar y ver qué demanda tenía cada grupo empezamos a ver una cuestión que la gente no visibilizaba que era la importancia del recurso genético que tenían ellos en la zona " aclarando que " por ahí tenían problema de plaga, de enfermedades de baja productividad y a partir de ahí empezamos a ver la riqueza genética que había en cada lugar y descubrimos que además de la riqueza varietal sanísima, detectando que se puede producir sin ningún tipo de agroquímicos para el control de plagas o enfermedades, porque hay plagas diseminadas por todos lados pero que ahí no existen y que la gente no alcanzaba a dimensionar y que tienen mucho valor" dijo.

La ingeniera remarcó que por ejemplo había lugares donde había heladas por toda la zona y aun así había plantas que florecían, tenían fruta o lotes donde no regaban y había plantas que igual sobrevivían como cuestiones de adaptación, que después de tanto tiempo de evolución de una especie y de estas plantas en ese lugar pudieron sobrevivir aquellas que soportaron todo tipo de condiciones .

Último eslabón

Viviana Curzel remarcó que "la fruticultura en la quebrada es el último eslabón porque para los productores es más importante la horticultura y la ganadería y de las plantas frutales solo se acuerdan cuando comienzan a florecer ya que no tienen un cuidado a lo largo del año" agregando que "nosotros al ver este potencial es que lo enmarcamos en un proyecto que nos dé un recurso financiero para hacer un rescate, caracterizar esta genética haciéndolo con el durazno, y caracterizarla significaba georeferenciar y visitar todos los lugares y se pudo relevar desde Bárcena-Volcán hasta Hornadita donde existen las plantas de durazno a mayor altura".

Indicó además que "trabajando con la gente del lugar a quienes se le preguntó qué durazno le parecía más rico , cuál es el que se vendía más, cuál era el que más reditúa y siempre le daba fruto, fuimos caracterizando toda esa genética, seleccionándola y buscando púas, yemas para injertar y hacer un banco de germoplasma en colecciones para que, cuando esas plantas se mueran, no se pierda la genética y por eso el banco donde se puede resguardar ese material y en el Ipaf de Hornillo y otras plantas están en el banco del Centro de Investigación de Fruticultura de Los Alisos, porque si bien deben estar replicados en la quebrada lo importante es que no pierda la genética".

Pese a que por el momento estos ecotipos no se encuentran inscriptos en el Inase que es el Instituto Nacional de Semillas y que sólo se los conoce por el nombre local como puede ser el "amarillo pepa rosada", Viviana Curzel señaló que "después de este trabajo de rescatarlos y caracterizarlos, que significa realizar un registro fenológico es decir, cuándo florece, cuándo cuaja la fruta, cuándo es el endurecimiento del carozo; todas las etapas que tiene el duraznero, toda la caracterización de esa fruta y de la planta; solo una vez que uno tiene toda esa información, recién está en condiciones de completar todos los requisitos que implica registrar una variedad y esa es la idea: que no se pierda esa genética y que quede localmente y sea propiedad específica del productor de la quebrada".

Finalmente Viviana Curzel remarcó que "otro paso importantísimo para el desarrollo de la Fruticultura de Jujuy es poder contar con el Centro de Investigaciones en Fruticultura de Jujuy, lo que permitirá seguir generando trabajos en temáticas de interés para el sector productivo, con impacto en la sociedad, con un equipo de excelencia".

 

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