Cuando las cosas se hacen bien

CARLOS FERRARO

Se pueden criticar, rechazar o simplemente no compartir muchas de las cosas del gobierno radical de Gerardo Morales. Pero al mismo tiempo, con igual énfasis, es bueno admitir que hay cosas que se hacen bien. Y mucho mejor, es decirlo.

Es el caso de la producción del aceite de cannabis que la empresa estatal Cannava ya está poniendo en las farmacias de Jujuy, luego, en las manos de los jujeños que padecen enfermedades crónicas como la epilepsia refractaria, parkinson, alzheimer, esclerosis, autismo, psicosis, y fibromialgia entre muchas otras patologías o condiciones, y que pueden encontrar en las milagrosas gotas del ése óleo, un elixir que amortigüe el duro padecer, los dolores y en definitiva, mejore la calidad de vida de los enfermos.

Como toda realización, desde el inicio, la plantación de marihuana destinada a producir el aceite medicinal, recibió por partes iguales, por un lado aplausos y por otros rechazos.

Los primeros, confiando en que el altruista proyecto se complementaría con industrialización adecuada, generando mano de obra de campo, y captación de técnicos y profesionales especializados, más la incorporación de tecnología de punta para la generación del producto final.

Los segundos sembrando dudas acerca de los destinos finales de los cogollos de la marihuana, planta que simultáneamente al uso medicinal, vive en el límite del uso recreativo, que hasta podría abrir las puertas de los consumidores a la necesidad de ceder en la tentación de incorporar a sus experiencias de placer otras drogas más peligrosas.

Estas dudas, razonables, planteaban también la delicada posibilidad de que el propio estado jujeño se convirtiese sin quererlo, en proveedor de o estimulador del narcoconsumo. Felizmente ocurrió todo lo bueno.

Hace pocas horas, en un viaje relámpago Buenos Aires-Jujuy-Buenos Aires, y al sólo efecto de comprar un frasco de 10 mililítros de Cannabis CBD 10, el padre de una niña porteña que sufre epilepsia refractaria.

Ahora esa pequeña podrá seguir su vida con normalidad. Se conjugaron el sentido común de una prepaga, de un médico que recetó el producto, y la decisión política de avanzada del Gobierno de Jujuy de avanzar contra viento y marea hasta poner el aceite de cannabis al servicio de la gente. Política de mayúsculas, visión futurista y empatía con los que sufren.

Sin caer en el elogio fácil y obsecuente, el aplauso quedará para siempre en las figuras del gobernador Gerardo Morales, y de su hijo Gastón Morales, presidente de Cannava, inspiradores y motores impulsores de la feliz concreción y para todos y cada uno de los trabajadores de Cannava.

Ojalá que el epicentro del proyecto en plena finca El Pongo, siga creciendo, y se extienda fuera de nuestra provincia y del país, venciendo prejuicios y sospechas. Y le dé a Jujuy los réditos económicos y científicos que merece.

En la historia, ya quedó inscripto el orgullo de algo hecho con esfuerzo, con pasión, y con un resultado que demuestra el valor de hacer las cosas bien.

 

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