Vende pochoclos en Mar del Plata, invirtió y ganó millones en la Bolsa y ahora lo investiga la Afip

La temperatura del aceite es perfecta y burbujea mientras el sol quema en la nuca. En Mar del Plata, un hombre inventó sus propias mañas y se convirtió en un mito viviente. Se coloca y se quita los anteojos de sol sin darse cuenta de su propio gesto. Enfrenta la mañana sonriente, mientras endulza la nueva tanda del maíz ya inflado y emprolija su jopo con un peine que guarda en el segundo cajón del carro. No es un pochoclero más.

En "La Feliz" su nombre es sinónimo de pochoclos. Tiene 54 años y desde los 22 recorre su ciudad natal para venderle ilusiones a chicos y grandes. Recién a los 35 se compró su primer departamento. Acumuló propiedades, vehículos, más carros para vender y se animó a invertir en la Bolsa de Valores. Ganó millones sin darse cuenta.

“Lo de la Bolsa lo aprendí con una persona que pasó por el puesto, me insistió, me mostró lo que era una empresa, una acción. Conocí qué es la compra futura de la acción, me fui interiorizando y me gustó. A qué se dedica una empresa, cuáles son sus máximos y mínimos. Hoy pienso que no es un momento para invertir en la Bolsa, el país está muy mal”, le dijo TN.

En cuanto a los pochoclos, me metí solo a hacer esto. Al principio se me quemaban, lloraba de la humareda que largaban. Un desastre. Hoy me considero un artesano en lo que hago”.

El secreto del éxito de sus pochoclos

Hijo de Néstor y Ana María, criado más tarde por Pedro -de quien habla como su “segundo padre”-, adquirió de niño la necesidad de trabajar. “A los 10 años le robaba la franela a mi madre. Le decía que iba a jugar a la pelota y en realidad cuidaba autos en la calle para darle guita a ella”, recuerda.

Y cuenta: “A los 13 puse una frutería y me fue mal. Trabajé en una fábrica donde pintábamos juegos electrónicos y más tarde en una fábrica de pastas. La empresa se fundió en los 90 y ahí empecé con los pochoclos”.

“Es muy complejo el tema de los pochoclos, descubrí algo que muchos no descubrieron: darle la humedad justa al maíz. Fue gracias a un ingeniero agrónomo que me ayudó. El producto es excelente y revienta al 100%”, relata.

La deuda que deberá pagarle a la AFIP

Su popularidad es tal que hace algunos años los medios locales lo buscaron para contar su historia. Tras aquellas entrevistas, dos inspectores de la Afip se acercaron a su carro para conocer más de su negocio, ubicado entre la Playa Varese y Cabo Corrientes.

“A partir de abril me van a cobrar lo que ellos llamaron una ‘deuda importante’. Fue la demostración de que en este país cuanto más trabajás más te castigan. Me investigaron un auto que pagué en 108 cuotas. Yo soy un pochoclero, un gil”, dice Marcelo.

“Mi contador me dijo que voy a pagar una suma cercana a los 500 mil pesos. Increíble. Yo toda la vida aboné los impuestos: el ARBA, monotributo, desinfección, inspecciones, contador. Siempre tuve todo en regla”, continúa.

Y prosigue: “No sé qué quieren. Se ve que no pueden ver una persona que empieza a crecer, que trabaje. Me van a sacar mucho y la voy a pagar en cuotas. Saqué la cuenta y cada una de ellas es una semana completa de laburo”.

Una vida dedicada al negocio de los pochoclos

“Con los pochoclos puedo vivir bien. Me da la posibilidad de tomarme un rico helado hasta viajar en un crucero. Pude recorrer, conocer. Me dio amistades, conocimientos”, sostiene.

Actualmente el único carro de pochoclos que tiene en Mar del Plata es el que él maneja. Y su producción no descansa en ningún momento del año. “Los días nublados de temporada son muy buenos, se vende mucho más. Después cuando llueve mucho obviamente no vengo”, asegura.

“Yo vivo del trabajo, soy humilde, los logros económicos que obtuve me los gané con mucho sacrificio. Hoy no consigo gente que quiera trabajar. Y la verdad es que estoy un poco cansado porque siento que se perdió la cultura del trabajo”, manifiesta.

“Tengo mi buen auto, mi departamento, pequeñeces de la vida. A los 35 me compré la primera casa, mi tío me dejó otro, pero eso no es parte de mi felicidad plena. Mis logros es hacer las cosas bien, que la gente me recuerde, algún día, cuando no esté más, en este plano dirán que acá había un loquito vendiendo pochoclos”, indica.

Y revela: “Con los pochoclos conseguí ser actor. Hoy estoy en una obra de teatro que se llama Flores del ardiente jardín; todos los viernes de enero y febrero a las 21, en el Teatro Liberat. Me encantaría trabajar con Andrea Bonelli, una actriz hermosa, con su pelo y sus ojos negros”.

Fuente: Todo Noticias

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