Una carta para la madre antes de partir

"En la guerra no hay vencedores ni vencidos, solo hay desazón, muchas tristezas, muchas lágrimas y mucho dolor. En los distintos combates que hubieron en las islas siempre estuvieron presentes soldados con honor, dignidad, hidalguía que demostraron el amor que tenían por su patria, por su familia y amigos. A todos ellos mi más sentido reconocimiento. Dios quiera que nunca se pierda esta fecha y siempre se recuerde, en esta época en la que mayor sensibilidad siento", expresó Luis González, teniente coronel retirado y veterano de guerra en Malvinas.

Luis González nació en Jujuy, es el mayor de 10 hermanos y a los 18 años se alistó en el Ejército como soldado en el grupo de Artillería 5 y después recorrió distintos lugares de la Argentina; con 23 años en el 82 estando en batallón logístico de Villa Martelli partió a Malvinas, "formé parte de la unidad logística, de apoyo, llevando y distribuyendo municiones, alimentos, víveres, esa era nuestra función, esperábamos que lleguen los aviones para poder descargarlos y desde allí llevar el material a distintos puntos", expresó Luis González.

"Siempre que hablo cuento dos o tres anécdotas que pongo de relieve porque no quiero profundizar en otras que traen tristeza, ya a esta altura hay cosas que no quiero contar porque me hacen daño, pero gracias a Dios siempre estuve muy contenido por mi familia. Parafraseando al padre Martínez Torres que nos asistía religiosamente en las islas fuimos '10 mil hombre y volvieron 10 mil historias distintas', que seguramente han sido ya contadas", dijo González.

LA CARTA | QUE GONZÁLEZ ENVIÓ A SU MADRE ANTES DE IR A MALVINAS.

"Recuerdo que estando en plena instrucción con los soldados en el Instituto Gutiérrez a unos 60 km de Villa Martelli (Pcia. de Bs.As.), nos anunciaron que mañana teníamos que ir a Malvinas, fue grande la sorpresa que también estaba acompañada de alegría y sonrisas, una cosa extraña que estábamos viviendo, que además se le sumaba mucho miedo y la incertidumbre de ¿ahora qué pasará?

Era todo incredulidad porque no sabíamos lo que realmente pasaba, preparamos nuestros equipos y las mochilas, lo mismo que habíamos llevado a la instrucción llevamos a las Malvinas. De allí nos embarcamos en los camiones que directamente nos llevaban al aeropuerto.

Antes de llegar nos detuvimos a cargar combustible en una estación de servicios, allí una mujer se acerca a la parte de atrás del camión donde yo iba sentado y me dice: '¿Ustedes se van a Malvinas?', sí le digo, vamos al Palomar, de allí a Río Gallegos o Comodoro Rivadavia, pareciera ser que vamos a Malvinas. Ella me pregunta si necesitaba algo o en qué me podía ayudar, le contesté: 'Mi mamá no sabe nada de todo esto, calculo que debe estar sufriendo, tampoco sabe dónde estoy, así que quisiera que se entere'.

Ella me dice: 'íEsperá! Ya vengo', volvió con un papel y una birome. Escribí allí una carta contando lo que estaba haciendo y hacia dónde me iba y se la entregué con toda confianza pero también se lo di sin saber qué iba a pasar con ese papel y si iba a poder enviarlo o dárselo a mi madre. Ella me dice que no me preocupe, que iba a llegar a mi casa en San Salvador de Jujuy.

Después de muchos años mi madre me muestra la carta y me dice: 'Esto llegó a los 3 o 4 días de irte a Malvinas, yo sabía lo que te pasaba'.

Esta anécdota siempre la resalto, por la honorabilidad de esta mujer que sin conocerme logró enviar la carta y hacer felices a mi madre, mi viejo y mis hermanos. No sé su nombre, no la pude ubicar nunca pero realmente deseo que ella sea muy feliz, porque para mí fue muy importante lo que hizo". Por último, González se despidió reconociendo a su familia: "A mi padre Angel, mi madre Teresa, mis hermanos Bety, Joly, Mónica, Raquel, Lili, María Inés, Rubén y Lalo".

 

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