"Volví a ser la chica activa, con sueños, la que amaba la vida"

Con sólo 18 años la joven Noelia esperaba junto a su pareja la llegada de sus gemelos con mucha expectativa y amor, pero los riesgos de un embarazo gemelar hicieron que nacieran antes de tiempo, y una afección cardíaca se los llevó con diferencia de dos días. Quedó devastada. Luego de cuatro años llegó un nuevo cimbronazo cuando su niña no llegó a nacer. Tras años de dolor y un divorcio, la contención psicológica sacó a la joven de ese estado, eligió vivir por sí misma y disfrutar de su familia, y hoy puede contar su historia de resiliencia.

Se conoce como resiliencia a la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas como la muerte de un ser querido. Es el caso de Noelia Dávalos, quien lleva la mitad de su vida con un dolor que la marcó pero que pudo superar luego de entender, desde su fe y la contención, que podía seguir adelante y elegir vivir de la mejor manera posible.

"En el 2004 mi pareja y yo nos enteramos que estaba embarazada, queríamos tener un bebé y por malestares del embarazo quedé internada y me hicieron un chequeo, y en la primera ecografía descubren que eran dos. Desde ahí empezó el tratamiento y cuidados para llevar un embarazo gemelar; nos explicaron que era un poco más riesgoso, que había que tomar precauciones", recordó de esa etapa.

Fue llegando a la semana 35, cuando rompió bolsa, y si bien llegó a la clínica para la cesárea, no podía esperar al anestesista y fue derivada al hospital "Pablo Soria", donde la ingresan de urgencia a cirugía. "Un bebé, al estar bajando de pie, enredó con su cordón a su hermanito", recordó y aunque pesaban 2,100 kg y 2,050 kg, considerado un buen peso para Leandro y Tomás respectivamente, nacieron luego de las doce de la noche de un 6 de agosto.

"Primero nació Tomás con un problema cardiorrespiratorio y se le practicó la resucitación cardiopulmonar; lo recuperaron, lo pusieron bien y a los 10 minutos nació Leandro bien, respiraba bien, lloraba. Hasta eso el más grande vuelve a tener problemas de respiración, y no sobrevive, tenía el cordón umbilical enredado", relató.

El más pequeño, Leandro, estuvo bien, pero dos días después presentó las mismas complicaciones que su hermanito, también le practicaron RCP y a los 20 minutos falleció. "El médico me decía que ellos al compartir bolsa comparten todo", contó.

Nunca se sintió contenida, sólo tuvo una visita de la psicóloga. Y cuando falleció el segundo bebé, le avisaron cuando aún estaba sola, por lo que vivió un momento duro.

La noticia impactó en toda la familia, porque los bebés eran muy esperados por la pareja y la familia, ya que iban a ser los primeros nietos. Tuvo que tolerar una semana de internación y el maltrato de algunas enfermeras de mirada sesgada desde el prejuicio y sin empatía. "Recibir malas palabras de las enfermeras duele mucho, porque creo que antes de juzgar a las chicas que tienen hijos tan jóvenes, tienen que tener más tacto. Me decían que 'seguramente tomaste algo o no querías tener a tu bebé'. Me lastimaron, fue un maltrato y mis bebés eran re-esperados, me cuidaba, comía cosas sanas para tener un buen embarazo", relató.

Recordó que no podía dormir y deambulaba por las noches, escuchaba el llanto de los otros bebés, y encontró a otra joven del Norte que estaba sola y no tenía recursos, por lo que le obsequió su bolso de ropa de bebé con la que había llegado, el ajuar preparado por su "nona" Estela.

Luego se casaron y tras cuatro años, un halo de esperanza llegó con la espera de una niña. Pero pronto llegó otra mala noticia, tenía problemas cardiológicos graves y le tuvieron que interrumpir el embarazo. "Me tuve que preparar, poner mi cabeza en frío, pero lloré toda la noche, tenía que prepararme para algo que no estaba de acuerdo, prefería esperar a que su corazón dejara de latir, pero no se pudo", explicó.

Fue el inicio de diez años de dolor, desorientación y ruptura de su matrimonio, que devino luego. Posteriormente encontró contención psicológica que le ayudó a recuperar su vida y vivirla de otra manera, rodeada de su familia y disfrutando de su trabajo, viajes y reuniones. "Hoy si me preguntan por mi tatuaje y de las iniciales de mi otra bebé, lo puedo contar sin llorar. Después de tanto tiempo he podido sobrellevar este vacío que antes me dolía", dijo firmemente. "No es una cicatriz es una experiencia de vida, la mejor, lo que sentí fue amor a primera vista", afirmó.

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 "Empecé a ver la vida diferente, a salir adelante"

Las pérdidas de sus pequeños para Noelia fue irreparable, y vivir el duelo le llevó años, por lo que en la pareja cada uno buscó sobrellevarlo por su lado. Pasaron años y la pareja comenzó a tener problemas, hasta que llegó a la ruptura

"Pasaban los meses y era no dormir, me costaba asimilar las cosas", recordó la joven palpaleña, quien llegó a odiar al mes de agosto, en el que perdió a los tres bebés.

Por entonces transitó por un pico de estrés que la llevó a internación, supo que la vida se le estaba yendo. Estaba en la iglesia y alguien le ofreció consuelo, al reflexionar que a veces Dios les da batallas a personas que las pueden superar.

"Vi que la vida que estaba llevando no era para mí", recordó y tras la separación decidió buscar ayuda psicológica. Entonces comenzó a reunirse con personas que no eran de su entorno, desconocidas que tenían otra manera de escuchar sin que haya lástima.

"Empecé a ver la vida diferente. Habían pasado diez años, comencé a ver que no era la única persona que pasó por esa situación, verlo de otra manera, querer salir adelante", recordó. "Volví a ser la chica activa, la que tenía sueños, la que amaba la vida, no sólo para darle amor a una pareja sino a la familia. Aprendí a valorar pequeñas cosas que a veces el dinero ni una pareja te pueden dar, a ser feliz para poder serlo con alguien más", afirmó.

Explicó que fue como un renacer hacia una nueva vida, a encontrar respuestas, comenzar a crecer para sí misma y vivir con libertad.

Entonces activó su vida, si bien comenzó a estudiar luego dejó y retomó el trabajo, compartiendo lo que ganaba con la familia, comenzó a viajar y disfrutar cada momento.

Por temporadas trabajó en el comercio, luego fue administrativa, y volvió a ser empleada de comercio tras el confinamiento por la pandemia. Es algo que disfruta porque le permite conocer a la gente e interactuar, alentar a las mujeres y tratar de levantar el ánimo a quienes lo necesitan.

Por un tiempo vivió sola, también volvió a estar en pareja pero no resultó y volvió a convivir con su familia de origen, y aunque está la mayor parte del tiempo trabajando, disfruta de la compañía de sus sobrinas, de pasar el tiempo libre compartiendo un mate con sus padres, disfrutar de ver películas. Luego del aislamiento por pandemia retomó las reuniones con sus amigos.

 

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