El Gobierno busca compartir los costos de la inflación

El renovado ataque que sufrió el sector empresario por parte de Alberto Fernández y de Cristina Kirchner, que curiosamente actuaron en tándem, sólo se explica desde el desconcierto que reina por estas horas en la cima del poder. La "guerra contra la inflación" anunciada por el Presidente no incluyó ninguna medida efectiva para bajar los precios ni tampoco cambios en los problemas estructurales que impulsan los aumentos. Pese a la exportación récord que se produjo este año por la escalada de los valores de las materias primas, la falta de dólares continúa amenazando con paralizar toda la economía y acrecienta el fantasma de una eventual devaluación.

El Gobierno se encuentra ante una gran disyuntiva que puede terminar definiendo su suerte electoral de cara a 2023: o toma medidas regresivas para bajar la inflación, irritando aún más a su propio electorado, o continúa aumentando el gasto público y espiraliza los índices a números cercanos al 80 por ciento anual. Ambas posiciones son antipopulares y recibirán cuestionamientos por izquierda o por derecha, pero lo que queda claro es que el Gobierno no puede seguir de brazos cruzados como lo viene haciendo hasta ahora, cuando llegó al punto más bajo de su valoración en las encuestas.

Se probó con acuerdos de precios, restricciones a las importaciones, retenciones a las exportaciones de granos, congelamiento artificial de tarifas y combustibles y planchamiento del dólar oficial. Nada de eso sirvió: la inflación en mayo rondará el 5%, no hay reservas en el Banco Central, las estaciones de servicio no tienen gasoil y la canasta básica -sin contar el alquiler de una vivienda- llegó casi a los cien mil pesos. Comer en Argentina se transformó en un objetivo primordial de la sociedad, que no llega a fin de mes ni siquiera comprando terceras marcas en los supermercados.

Más allá de todas las diferencias que exhiben en público, la preocupación por la escalada de los precios es compartida tanto por Alberto como por Cristina, ya que los sondeos de opinión los ubican a ellos como los supuestos responsables de la caída en el poder adquisitivo de la población. Acusar a los empresarios de ser poco solidarios o egoístas puede sonar lindo para un sector, pero es evidente que ningún hombre de negocios aumentaría sus precios para perder clientes contra su competencia: lo hacen, al igual que un kiosco de barrio o una panadería chiquita, porque el incremento en los costos es literalmente insoportable.

"Nosotros no somos tontos, sabemos que los empresarios tienen por objetivo ganar dinero y eso no es malo, pero si no cuestionamos sus actitudes, aunque tengan una parte de razón, todas las miradas se centrarán en nosotros como si fuésemos los únicos culpables de un problema endémico en la Argentina", aseguró ayer en off the record a El Tribuno de Jujuy un funcionario con despacho en la Casa Rosada.

La salida de Matías Kulfas del Ministerio de Desarrollo Productivo bajó bastante la belicosidad del kirchnerismo contra el Gobierno, aunque Martín Guzmán sigue siendo apuntado como "el peor ministro" del Gabinete. Las explosivas declaraciones del "Cuervo" Larroque desaparecieron hace días, los comunicados de La Cámpora criticando al Gobierno ya no se emiten en sus redes y personajes muy hostiles como Oscar Parrilli redujeron fuertemente su perfil. ¿Cuál es el objetivo de fondo del Instituto Patria con esta nueva estrategia? Simple: tratar de entorpecer lo menos posible la recuperación de la economía con la tranquilidad de que el proceso de diferenciación con Alberto Fernández ya está totalmente instalado en la opinión pública.

Los vasos comunicantes entre el Gobierno y el kirchnerismo exceden la cuestión económica y se profundizan con la ofensiva judicial. El proyecto para elevar a 25 los miembros de la Corte Suprema fue impulsado por Cristina y tomado rápidamente por el Presidente, pese a que en campaña había prometido no modificar la cantidad de jueces del Máximo Tribunal. La iniciativa no tiene chances de progresar en la Cámara baja por el rechazo de la oposición, por lo que lo único que logra el oficialismo con esto es abroquelar aún más a la Corte.

La llegada de Daniel Scioli al ministerio que ocupaba Kulfas le aporta mayor volumen político al Gobierno, pero también le reduce aún más el círculo íntimo al jefe de Estado. El exgobernador bonaerense está lejos de ser del agrado de Cristina, pero jamás confrontará con ella como lo hizo su antecesor en los últimos meses. Scioli está trabajando por una candidatura presidencial que sea respaldada por gobernadores e intendentes bonaerenses enfrentados al Instituto Patria, y su nuevo cargo le dará mayor visibilidad y el manejo de una caja fenomenal. ¿Qué riesgos corre Scioli al dejar la comodidad de la embajada en Brasil para meterse en el barro de la economía? Básicamente que su suerte quedará indefectiblemente atada a la del Gobierno, lo que podría significar lisa y llanamente la partida de defunción de sus aspiraciones al sillón de Rivadavia.

¿Por qué Alberto querría meter a un presidenciable en su Gabinete si él aún mantiene intacto el deseo de pelear por la reelección? Desde su entorno explicaron por lo bajo una teoría bastante particular. "Wado (De Pedro) ya está adentro, (Juan) Manzur también y ahora se suma Scioli: cuantos más aspirantes a la presidencia estén en la Casa Rosada será menor el margen de acción que tendrán para diferenciarse del Gobierno y complicar la gestión", señaló un diputado del riñón albertista que pidió reserva de su identidad.

La cumbre

El Presidente participó de uno de los eventos más importantes de la diplomacia mundial, pero lo que más trascendió de su presencia en Los Ángeles no fueron sus acuerdos bilaterales ni promesas de inversión, sino la reivindicación de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Alberto Fernández sabe que eso tiene un costo en la política exterior pero también en la interior. Defender a estos mandatarios agrada a Cristina, pero desagrada a una buena parte de la población que considera que en esos países se violan los derechos humanos y se persigue a la prensa independiente.

Desde el momento en el que asumió la presidencia de la Celac, Alberto Fernández no podía tener otra postura que la que tuvo en Estados Unidos, la pregunta en todo caso es si ese cargo no ayudó a entorpecer las relaciones con los países más desarrollados de Occidente. Hay veces que una lapicera puede dar mucha independencia, pero otras veces ocurre todo lo contrario.

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