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Nadie quiere ver las señales de la época...

A los modelos políticos clásicos, tanto oficialistas como opositores, se les están encendiendo luces de alerta por todos lados, pero no quieren, no pueden, o saben verlas. O prefieren seguir viviendo dentro de una mitología que la gente rechaza cada día más.

El ejemplo hoy es Colombia. Ayer, las elecciones presidenciales, cuyos cómputos se encontraban en proceso al escribirse esta columna, ya arrojaban un resultado: los colombianos dejaron fuera al oficialismo y a los partidos tradicionales y resolvían entre una izquierda radicalizada liderada por un excombatiente de las Farc (Gustavo Petro) y un outsider, tuitero octogenario que rompió todos los moldes tradicionales (Rodolfo Hernández). El empate técnico que anunciaban los encuestadores en ese balotaje indicaba que los candidatos "antiestablishment" mostraban la inminencia de un cambio de paradigma. En la Argentina, con las anteojeras puestas y los ojos fijos en el 2023, todos los presuntos candidatos y sus estructuras, siguen aferrados a un estilo que no seduce a nadie.

Lo más grave: en nuestro país, cada vez que aparece algo diferente, hasta ahora, siempre terminó en dos crueles alternativas: o el sistema lo absorbe y lo licúa, como el sueño de cambio que recitaba Mauricio Macri y que quedó pendiente; o enamorados de su propia vanidad, cumplen el rol de cañitas voladoras, sorprenden, deslumbran, se elevan, estallan y caen incinerados en el olvido. Nos pasó con recordados fuegos artificiales como el mendocino Octavio Bordón, el porteño Carlos "Chacho" Álvarez, el rionegrino Horacio Massaccesi, o Francisco de Narváez, colombiano nacionalizado argentino. Casi todos con algún rodaje previo en la política luego de su fugaz condición de profetas de lo nuevo, pasaron al olvido o como pudieron, anclaron en algún conchabo intrascendente que la política les concedió.

El ejemplo de hoy es Javier Milei: rompió los esquemas, disfrutó del aplauso de las multitudes y de los mimos de la prensa, y se vistió de redentor de un país que se arrastra por el mundo sin plan, sin proyecto, y sin amigos. O con amigos no recomendables. Javier duró menos que todos los antecesores: su incontinencia verbal, su soberbia desmadrada lo llevó a rebasar los límites. Ahora le costará muchísimo volver. Si es que vuelve a la competencia. "La casta" se había sentado en los umbrales de sus reductos para ver pasar el cadáver del enemigo. Lo vio pasar, sonrió (canchera), y sigue oronda su marcha sin cambios hacia las elecciones que vienen.

En la oposición, disfrutan de las torpezas del Gobierno. El escándalo local e internacional del avión venezolano iraní sigue siendo su vellocino de oro del que extraerán gloria y riqueza para acceder a sus más caros anhelos. No es para menos, marcado por el FBI como transporte de personal y pertrechos terroristas un gigantesco Boeing 747 de 180.000 kilos que puede llevar hasta 380 toneladas de carga, y que mide 72 metros de largo, 654 de envergadura y 21 de alto, cruzó los cielos argentinos, usó los aeropuertos de Córdoba y Ezeiza donde se le negó recarga de combustible, intentó recalar en Uruguay donde se le negó la entrada y volvió a Ezeiza donde se encuentra aún, igual que su tripulación iraní y una quincena de extraños pasajeros venezolanos, demorados e investigados. El Gobierno ensayó de todo: desde que es un avión escuela hasta que la tardía reacción de jueces y funcionarios deberían ser modelos en el mundo.

Para medir y comparar valga recordar que hace unas semanas, Coco, un simpático perrito mestizo de un año y medio, de 8 kilos de peso, que venía viajando desde Hungría, atravesando siete ciudades y cinco aeropuertos europeos, tenía su vacuna antirrábica vencida cinco días atrás, fue detenido, confinado y se amenazó con enviarlo de regreso a su lugar de origen, donde nadie esperaría al asustado deportado. Finalmente, se consiguió que cumpla una cuarentena y tras la vacunación y comprobado su óptimo estado de salud, pudo reunirse con su dueño. En el caso del 747 como el de Coco, todo saltó cuando la prensa hizo los públicos y dejó en evidencia los niveles de seguridad y seriedad de nuestro querido país.

Distraída con esto, la coalición opositora no logra calmar a la "componedora" Lilita Carrió, que sigue por las provincias (ahora le tocó a Tucumán), repartiendo mandobles hacia adentro y hacia afuera de Juntos por el Cambio. Su empeño, lejos de acercar posiciones, las aleja. El macrismo se entona frente a los radicales, y en una UCR llena de desconfianzas y sospechas. Gerardo Morales, con ropaje de precandidato, disfruta de las encuestas que lo tienen como el gobernador de más alta imagen positiva en su provincia, entre todos los demás mandatarios. Ahora, a su regreso de Canadá, el GM deberá enfrascarse de lleno en algunas cosillas pendientes en Jujuy (Justicia, paritarias serias, reformas necesarias), y el resolver el intríngulis de cómo trasladar el 70% de imagen positiva que reúne en Jujuy a las encuestas a nivel nacional, donde Facundo Manes le sigue llevando ventajas.

El oficialismo ya no consigue que un relato que le haga creer a la gente que entre Alberto Aníbal Fernández y Cristina Elisabet Fernández de Kirchner pueda existir un acercamiento, una sonrisa condescendiente, ni una falsa tregua. El Instituto Patria rechaza todo lo que tenga aroma a Olivos y le exige un salario mínimo de cien mil pesos, una asignación universal urgente y más planes sociales. El último trofeo que cuelga en sus paredes, la cabeza de Kulfas, los alienta a ir de nuevo por las de Guzmán, Pesce y otras. La inflación de 5,1%, el dólar blue en sube y baja dislocado, el riesgo país en 2.200 puntos, las reservas de libre disponibilidad en US$ 3.400 millones, enormes vencimientos de deuda inminentes, y augurios de una inflación de tres dígitos, recargan los misiles que apuntan a AAF.

El tercero en falsa concordia, Sergio Massa, aprovecha la debilidad presidencial y la arremetida del cristicamporismo, para colar funcionarios amigos en cualquier hueco del gabinete, y acecha sin desmayos cumplir su sueño de convertirse en ministro de Economía y la esperanza de ser bendecido como precandidato presidencial. Nadie está firme en el gabinete. Cualquier estornudo de CEFK puede hacer volar la estructura. Vienen días más complicados. El segundo semestre será más difícil aun. Si no frenan a tiempo, nos podemos pegar un palo en septiembre.

Pero este día especial, amerita evocar al General de Jujuy, el doctor Manuel Belgrano. La historia relata que el 20 de Junio de 1820 en Buenos Aires amaneció frío, lluvioso y envuelto en una niebla gris. Pasadas las 7 de la mañana, a los 50 años de edad, se apagaba la vida del General. Más que sus dolencias físicas, relataron las 3 o 4 personas que lo acompañaron hasta el final, el prócer sufría el mayor dolor, atravesado por la pena de ver su tierra debatiéndose entre el egoísmo político, la falta de Justicia y la indiferencia general por los desposeídos. Cuentan que sus últimas palabras fueron: "Ay, Patria mía". Doscientos dos años después, frente al bronce que lo eterniza, venimos a pedirle perdón. Hoy, todo es diferente, y sin embargo todo es igual: seguimos sin honrar los sueños por los que luchó y murió.

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