Avances en la conservación de nuestra biodiversidad

Por ANDRÉS BOSSO Fundación Aves Argentinas

Nuestro país, en conservación de la biodiversidad a través de la creación de áreas protegidas, tiene agenda nutrida. Pasada, presente y futura.

El Sistema Federal (que incluye a todas las unidades de conservación del país) suma unas 500 áreas protegidas. Parece mucho, nos genera orgullo, pero falta.

A nivel global, se está fijando un norte, tan ambicioso como posible que al menos un 30% del planeta esté abarcado por alguna de las figuras de protección para el año 2030. Esas figuras no solamente incluyen parques nacionales, refieren al abanico de todas las categorías posibles.

El compromiso se asume formalmente en el marco de Naciones Unidas, hoy en debate en las conferencias de las partes. Nuestro país aún no lo ha firmado.

Pero también se asume trabajando en conservación. Gestionando en territorio con intendentes, gobernadores, instituciones nacionales, privados. En alianza con la sociedad civil que potencia y visibiliza. Y aquí la Argentina está motorizando numerosos proyectos con avances tangibles.

En este momento, como país estamos trabajando en varios frentes: en estas semanas, con distinto grado de avance, el Congreso de la Nación (y antes las legislaturas provinciales) viene avanzando con firmeza en la ampliación de los Parques Nacionales Aconquija (Tucumán) y Predelta (Entre Ríos), creación del Parque Nacional Islote Lobos (Río Negro), Parque Nacional Ansenuza (Córdoba) y Parque Nacional Laguna El Palmar (Chaco). Implosiones de conservación en sitios de alto valor para la biodiversidad. Todos integrantes del elenco de las Áreas Importantes para la Conservación de las Aves, y todos motores en marcha para el desarrollo local.

Esta lista de sitios es una muestra extraordinaria de nuestra biodiversidad. Altos Andes, Delta, Mar Argentino y Gran Chaco. Completo. Selvas, bosques montanos, praderas de altura, islas y riachos, costas de mar y restingas, lagunas, bañados y otros humedales. Que albergan miles de especies de nuestra fauna y flora.

Y esta lista también es una muestra inigualable de lo que estamos haciendo como país. Enhebrar cada uno de estos proyectos conlleva decenas de intercambios, consultas, documentos, reuniones. Trabajo. Miles de personas de distintas jurisdicciones y líneas políticas alineadas en algo que debe transformarse en política de Estado.

Y hay más proyectos en marcha. Destaco dos, en los que estamos bien involucrados desde Aves Argentinas y ya tienen el compromiso y acompañamiento de las autoridades provinciales: Jaaukanigás en Santa Fe y Selva de Montiel en Entre Ríos. Dos escenarios con una identidad marcada, tradiciones culturales y biodiversidad descollante.

Y hay otros nacionales o provinciales. El Caldenal en La Pampa, Manantiales en San Juan, Famatina en La Rioja, Islas del Río Uruguay en Entre Ríos, Península Mitre en Tierra del Fuego. Y a nivel municipal y privado todas las semanas nos enteramos de nuevos proyectos e intenciones. Solo entusiasma.

Para que estos esfuerzos no se conviertan en islas, dejo tres ideas transversales y poderosas: Que cada municipio de la Argentina genere su reserva natural es clave como usina de conservacionistas y escenarios irremplazables para la educación ambiental de nuestra población. Apostemos a crear 2.000 nuevas reservas. Serán pequeñas, comarcanas, urbanas, locales. Pero también vitales. Y tan únicas como cualquier otra.

Actualizar, con criterio progresivo, los Ordenamientos Territoriales de Bosques Nativos, como herramientas que generan un aporte poderoso; en la práctica y sin ser áreas protegidas, la semaforización del paisaje organiza los territorios productivos para evitar que los ecosistemas se degraden en toda su geografía.

Implementar las áreas creadas. Numerosos sitios ya protegidos necesitan inversión. Y los nuevos, un acompañamiento inicial ineludible. Que nazcan con el pan debajo del brazo para que los esfuerzos que llevan las gestiones no decaigan.

Antes referí a la necesidad de que la creación de áreas protegidas se transforme en políticas de Estados. En plural. Esta transformación quizás pueda ayudar a que los tiempos de creación de áreas, desde que nacen los proyectos hasta que se aprueban, tengan plazos de concreción más acotados, si asumimos que la conservación del planeta es una urgencia global.

Por lo visto, hay mucho por hacer. Y hay mucho que estamos haciendo.

 

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