Está en juego el gobierno de Alberto

CARLOS FERRARO

Cristina le había picado el boleto hacía más de un año, pero Martín Maximiliano Guzmán, hoy exministro de Economía de Argentina, se reservó a manera de rebeldía final, el derecho de decidir cuándo irse. Y se fue el sábado, justo cuando Alberto no lo esperaba, aunque debería haberlo imaginado después de todas las desautorizaciones a los que lo sometió para no irritar a su vice. Y justo también, mientras la jefa del espacio lo garroteaba a él, a Alberto y al gobierno "de ellos", en el acto de evocación a Juan Perón. Desde ese momento, sucedieron horas de incertidumbre, que mostraban la rotunda soledad del Presidente, y su consecuente falta de autoridad y de reflejos. Exhibieron también el "atronador silencio" complacido del cristicamporismo que le sigue bajando piezas al tablero de Alberto, hasta dejarlo aislado y acorralado en una esquina. Quedó apenas protegido por Santiago Cafiero, Claudio Moroni, Gustavo Béliz, Julio Vitobello, Gabriela Cerruti y el fluctuante Juan Manzur, una especie de Armada Brancaleone, devaluada y desorientada, bordeando la sátira y el ridículo en medio de sus desventuras cotidianas. Tal es el nivel de la crisis, que apareció el gran pescador de los ríos revueltos, Sergio Massa, listo para aceptar el ofrecimiento de la jefatura del gabinete o del ministerio, y hasta se daba el enorme gusto de plantear condiciones, exigir cambios y golpes de timón, que le darían la ansiada centralidad en la política nacional y lo plantarían en la grilla de precandidatos 2023 del Frente de Todos, entre AAF y CEFK. Pero hasta las especulaciones mejor elaboradas ayer durante todo el día, se derretían como un hielo al sol apenas aparecían. Fue tan evidente el nivel de desorientación, perplejidad y hasta de temor en la política, en los mercados, en las agrupaciones sociales, en cada argentino, que si todo no salta por los aires en las próximas horas, quizás se logre descomprimir y continuar. Y tal vez Alberto llegue con su mandato hasta diciembre del 2023.

El terremoto que causó la visita de Alberto a la dirigente tupaquera Milagro Amalia Ángela Sala de Noro, parece haber ocurrido hace un año y ya se olvidó. Sólo quedaron un mar de memes y el lamentable episodio en la sesión del Senado, que aún se comenta en Jujuy, donde el radical formoseño Luis Naidenoff ensayó una chicana de pésimo gusto al referirse a las "cuestiones familiares" de la política local, que provocó una patética bravuconada del senador jujeño Guillermo Snopek entre risas de los legisladores y la reprimenda de la presidenta del cuerpo. Sólo para el anecdotario de las boberías.

Otra cosa que ya comenzó a olvidarse es el último capítulo del "culebrón de la lapicera". De un lado el desabrido acto del viernes en la CGT por los 48 años de la muerte de Juan Perón. Varios centenares de invitados cómoda y fríamente sentados no mostraron ni entusiasmo ni alegría durante las palabras del único orador, AAF. Ni barras, ni el cotillón peronista, con apenas cinco gobernadores (Kicillof, Jalil, Capitanich, Quintela y Jaldo), ni siquiera la directiva de la CGT completa, (faltó Pablo Moyano). Sólo el Tula y su bombo, trajeron reminiscensias de gloriosos encuentros de peronistas. Fernández aburrió con un mensaje en el que sólo se esmeró por responderle a CEFK, que "el poder no pasa por la lapicera, sino por quien tiene el poder de convencer", reservando para sí el monopolio de ese poder. Del otro lado diferente fue el acto de "la otra facción" del gobierno. El sábado, en Ensenada, la vicepresidenta encabezó un encuentro lleno de barras, algarabía, cánticos de "los pibes para la liberación", bajo la consigna "Cristina Presidenta" en el marco de un numeroso auditorio ultra K, desbordante de felicidad. CEFK volvió a evocar la lapicera, esta vez la de Perón, quien "la tomó y no la largó nunca". Sergio Massa, no fue a ningún acto. Sus estudiadas ausencias le confieren el status de nexo y negociador entre los dos principales protagonistas del gran conflicto. Todo ocurrido en la prehistoria.

Volviendo a ayer, hasta el cierre de esta columna, Alberto se negaba a ceder y llamar a Cristina para acordar una salida con futuro, otros cambios en el gabinete, y hasta la definición de un programa y un rumbo para el país. La señora, en el centro exacto del escenario político, ama y señora del poder en el FdT, y aunque quizás no ponga piedras en las decisiones del Presidente, prefería seguir actuando casi afuera del gobierno el que quedaría casi totalmente vaciado de poder. En definitiva, como sea que se supere la crisis, no sería sólo con las hipotéticas designaciones de Massa como jefe de gabinete, o Marco Lavagna como ministro de Economía, más algún cambio de figuritas con prominentes personajes del cristicamporismo en un nuevo loteo de cargos: deberían acordarlo y presentarlo los dos protagonistas. Queda evidente que lo que está en juego, es el destino del gobierno de Alberto: o acuerdan, aunque sea a regañadientes, o todo lo que se haga durará lo que dura la luz de un fósforo. Y si no acordaran, si Alberto se decide a romper con Cristina, ¿quién sabe cuánto podría sostenerse?.

La oposición no tiene nada para hacer. No puede. Sólo le queda llamar a la calma y la cordura, y quizás, pedirles a CEFK y AAF un esfuerzo final. Gerardo Morales, en su centralísimo rol de presidente de la UCR y precandidato presidencial, dijo con claridad que AAF y CAFK "siguen empujando al país al abismo y destrozando las esperanzas del pueblo argentino". Similares posiciones tomaron los popes del JxC, que seguían por tv las alternativas de la crisis. Al GM se le presenta un escenario complicado: a pesar de su ascendente carrera hacia la Casa Rosada, ayer estrategas de JxC, frente al alto posicionamiento de "Cristina candidata" pergeñaban enfrentarla con "Mauricio candidato" y reeditar la contienda del 2015. ¿Volver al futuro o avanzar hacia el pasado? GM propone mirar hacia adelante, pero el nuevo escenario se complica. Y además, en los temas de Jujuy, ya no podrá dilatar más decisiones importantes.

Comienza una semana invernal, llena de incertidumbre y pesadumbre. Es probable, (sería lógico), que este lunes y quizás mañana también, nos tropezáramos con un feriado cambiario y bancario, para tratar de evitar en medio de la locura un "golpe de mercado". No sólo el mercado estaba loco ayer, todos los cajeros automáticos de Jujuy estaban bloqueados o sin plata. La crisis no da para más, llegó al punto de inflexión: desde las grandes multinacionales hasta el más modesto empleado municipal buscaban anoche una tabla de salvación.

 

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