¡La economía... y la política también, estúpido!

En el año 1992, en EEUU, el presidente republicano George Bush iba por su reelección con el 80% de opinión a favor y el gobernador demócrata de Arkansas, Bill Clinton, lo corría desde muy atrás. Y apareció un tal James Carville, estratega de la campaña de Clinton que eligió entre las ideas fuerza la frase "La economía, estúpido", y con ella hizo cartelitos que pegó en todas las oficinas del candidato, para que el propio Bill y todo su equipo martillaran sobre la economía norteamericana que atravesaba una recesión, único talón de Aquiles del gobierno. La estrategia prendió y Clinton derrotó al presidente machacando sobre la economía.

Hoy en Argentina, claramente, y de cara a las elecciones del 2023, la economía es la piedra angular de toda campaña, todo proyecto e ilusión que atraviesa la mente y el corazón de los votantes. Pero como esto es Argentina, solamente moderar la crisis de la economía nacional no alcanzaría para ganar una elección. A la frase de Carville habría que colgarle un agregado: "La economía y la política también, estúpido".

Porque entre nosotros, el origen de la crisis se debe rastrear en los desencuentros de la política, en la interna dentro del oficialismo entre el Presidente y su vicepresidenta, y debajo de ellos, una estructura de gobierno que de tan loteada entre distintos intereses y subsectores alcanzó la debilidad extrema que hoy atravesamos. En la coalición del Frente de Todos donde se amontonan peronismo tradicional, kirchnerismo tradicional, cristinismo, camporismo, renovadorismo y franjas de izquierda de variado calibre, cada uno mirando hacia distintos horizontes, tenemos el ejemplo más claro. Y en el cercano gobierno de Juntos por el Cambio, está el otro ejemplo, donde el novel PRO se apropió de la totalidad de las decisiones, ignoró o ninguneó a los socios más experimentados y territorialmente poderosos de la UCR, aisló a la Coalición Cívica, ARI, GEN y al resto del consorcio. Entre todos ganaron el gobierno y lo perdió el PRO solo. Como se ve, los errores de las coaliciones no son sólo la economía, se alimentan desde las raíces políticas. La sencilla fórmula ganadora de James Carville que sirvió para un triunfo en el principal país del mundo occidental y capitalista, fracasó en Argentina: el asesor yanqui trabajó aquí años después para Eduardo Duhalde y para Daniel Scioli con los resultados conocidos. Aquí, la cuestión es la economía, pero antes, la política.

Esta realidad prohijó el desembarco en el gabinete del camaleónico diputado renovador Sergio Tomás Massa, quien mañana renunciará sólo a la presidencia de la Cámara baja (ayer agregó a la banca) para asumir el Ministerio de Economía, Producción y Agricultura. Con ligereza se calificó al exintendente de Tigre, de "superministro". Una segunda lectura obliga a aterrizar reconociendo que principales organismos, grandes "cajas" y espacios que Massa pretendía controlar, siguen en manos del cristicamporismo, amén de ministerios clave como Interior, Justicia, Turismo, Bcra, Afip, Anses, las áreas de Energía, entre otros, que quedan reportando directamente a la presidenta del Senado y al Instituto Patria.

Massa, que llega con un guiño de sus amigos del Departamento de Estado de EEUU, de sus contactos en Wall Street y de empresarios del círculo rojo del país del norte, no deberá olvidar que la alineación geoestratégica argentina está marcada por un horizonte donde están Rusia, China, Irán, Venezuela, Cuba y otros socios menores. Y debe agregar el duro recibimiento que exteriorizó la dirigencia piquetera y de organizaciones sociales, socios fundadores del FdT.

Y deberá remontar los papelones mayúsculos como los reacomodos de Daniel Scioli y el de su pobre antecesora Silvina Batakis, hoy con el premio consuelo del Banco Nación; y la "cordial conversación" que nunca existió entre AAF y Kristalina Georgieva, que fue desmentida por el propio FMI. En Washington cayó muy mal el infantil intento de engaño.

GM / "ENFRETAREMOS EL 2023 CON BUENAS POSIBILIDADES"

También Massa deberá cuidar la comunicación de sus decisiones: pidió que lo dejen trabajar tranquilo "porque recién el lunes comenzaré a designar y a correr funcionarios". ¿Quizás debió decir "revolear"? Alberto Fernández, el presidente formal, soporta estoicamente el piso más bajo de su desprestigio, acorralado por la realidad y rodeado de un puñado cada vez más enclenque de leales. El país entero espera que a Sergio Massa le vaya bien, esperanzado en sus espaldas anchas y el volumen de político avezado que ostenta. Quizás entonces comience a aparecer el "efecto Massa" que en estas horas le adelantan el "veranito" del dólar y del Riesgo País. Y aunque esté sumamente concentrada en los alegatos de la "Causa Vialidad" que comienzan hoy, sería imprescindible que Cristina Elisabet Fernández de Kirchner explícitamente lo avale y lo acompañe. Su silencio tolerante es un crédito de poca vida. Porque aquí los cartelitos deberían decir: "La economía y también la política, estúpido".

Rubén Rivarola, desde la oposición, mira el panorama con optimismo. Los actos por Eva Perón en Jujuy y en Palpalá le retemplaron el ánimo. Comenzó a creer honrada y fuertemente que el peronismo volverá a dar pelea por la Provincia, a pesar de lo difícil que es remontarse desde la intemperie del llano. "Se siente el fervor, la gente empuja con energía, no les podemos fallar" les dijo a sus colaboradores directos el 26 de julio.

Y el 28, acompañado por los intendentes peronistas Karina Paniagua, Nilson Ortega, Rubén Eduardo Rivarola, Ariel Machaca y el exintendente quiaqueño Dante Velázquez, asistió especialmente invitado a la Expo Interior en Tucumán. En la mesa principal que compartió con el jefe de Gabinete Juan Manzur, el ministro del Interior "Wado" de Pedro, el gobernador tucumano Osvaldo Jaldo y el polifuncionario K Jorge Neme, el tema fue la cuestión nacional. "La confianza es plena: vamos en estabilizar y recuperar la economía", reseñó de esas conversaciones, "y enfrentaremos el 2023 con posibilidades reales de retener nuestro gobierno nacional y recuperarlo en la Provincia". Para eso, RR, coincidió, la economía es una parte, pero la política, admitió, está primero.

Gerardo Morales levanta su perfil. El gobernador y presidente de la UCR alienta una espera tolerante, pero urge definiciones. Con claridad definió que el Gobierno "es una anarquía", sin autoridad y "AAF no parece un presidente peronista, no toma decisiones". Y anunció que está dedicado en JxC a elaborar para el 2023 el plan de gobierno "que no tuvimos en el 2015". Quizás el ascenso de Massa le venga bien. El GM como su vice Carlos Haquim, se definen amigos personales del nuevo hombre fuerte, y de hecho mantuvieron el diálogo y los encuentros cordiales desde los lejanos días del 2015. A Jujuy quizás esas relaciones le allanen el camino para recuperar parte de la asistencia "extra coparticipación" que se retacea cada día más. Pero esa amistad ya lo puso bajo la lupa de los halcones de JxC que no tolerarán devaneos funcionales a Massa como fue con Alberto. "Sería un suicidio", dicen. Hoy un GM recargado, muy emotivo, muy apretado, ingresa a terrenos decisivos. Esta semana completaría las vacantes en el STJ y haría otros anuncios importantes.

Últimas Noticias

Últimas Noticias de opiniones

Últimas Noticias de Edicion Impresa

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...