Cuando el arbitraje es una pasión que enseña y moviliza

La función del árbitro para cualquier disciplina deportiva se sostiene por pilares éticos que tienen que ver con la independencia, imparcialidad y serenidad; cualidades que definen una labor que debe seguir normativas aplicables a diferentes situaciones sobre el campo de juego. Un gran respeto por esta profesión es lo que a Griselda Villena la incitó a realizar un estudio casi necesario para complementar su formación, un año y medio atrás. Hoy, su presente la encuentra bajo cielos quebradeños, dirigiendo partidos de la liga de fútbol incluida la Copa Jujuy; con una personalidad que hace valer en la cancha. Su especialización a través de un curso tuvo lugar en Tilcara y gracias al instructor Miguel Coronel, de San Pedro, desglosó el reglamento paso a paso que terminó llevándolo a la práctica.

Así, antes de cada encuentro, un precalentamiento de quince minutos y una concentración previa son esenciales para sostener el temple frente a las miradas. "Cuando voy a trabajar, me hago a la idea de que no conozco a nadie prácticamente y hago mi trabajo como corresponde. Lógicamente, somos seres humanos y cometemos nuestros errores también pero intento hacer lo mejor", aseguró la árbitro jujeña que es profesora de Educación Física y Técnica en entrenamiento deportivo.

El pensamiento que siempre la acompaña en su desempeño se establece en valores fuertes, aquellos que la llevan a consolidarse cada vez más en el área deportiva; y radican en la idea de aferrarse a la experiencia continua, a que el error que puede llegar a ser, se debe evitar y a que tras una falta, se acude al silbato que significa la certeza de tener una decisión tomada en milésimas de segundos. Ella sabe de la neutralidad que tiene que poseer de sobra y que desde el minuto uno, sus fallos deben exponerse sin lugar a titubeos; definiendo en tarjetas de colores alguna falta polémica; claro, levantando su brazo en alto con la autoridad debida, en todos los casos. Es consciente de esta realidad pero también de muchas otras, como en las que el entorno le jugó pasadas -no tan positivas- debido situaciones que debió superar con entereza, pero que no fueron suficientes para hacerla desistir con lo que le apasiona. "Desde mi experiencia -porque cada mujer que es árbitro tiene la suya- me siento feliz y preparada, aunque sea un poco complejo el tema", explicó dejando abierta la puerta a su reflexión eternizada en palabras.

 

Autocrítica. Después de cada partido, la árbitro realiza correcciones y las analiza junto a la terna de jueces.

 

"Uno puede saber suficiente teoría, pero la teoría no es como la práctica porque con la práctica hay que tener un criterio arbitral de lo que es el reglamento y ser imparcial para ambos equipos. He trabajado mucho más en lo que es ser árbitro asistente, en los partidos de varones.

He vivido que muchas veces quieren confundir lo que es la asistencia y lo que es un árbitro principal, pero al ser asistente, también se es parte de la terna y del juego. A veces, hay jugadas que están en diferentes tipos de planos o ejes que uno desde la perspectiva de asistente lo ve, pero el árbitro no, porque hay un jugador adelante o son jugadas muy fuertes o finas y al revés también ocurre. Me ha pasado que tuve que cobrar una mano dentro del área, que no había cobrado y que miré al asistente para ver si la vio.

Hay que hacer una revisión en la cabeza muy rápida. El arbitraje te da la posibilidad para decidir una situación, aunque griten mucho y después estén los cuestionamientos de por qué se cobró, o porqué se dejan pasar jugadas. Pero tenemos que recordar que somos seres humanos y que nos podemos equivocar", explicó Villena contando luego que muchas de esas controversias perduran en los encuentros.

"No quiero meterme en las conversaciones de lo que es el machismo o lo que sea pero cuesta aceptar el rol de la mujer en este ámbito. A una compañera hasta la mandaron 'a lavar la ropa' y todas esas maneras de tratar. Yo en forma de broma le dije a ella; 'cómo no dijiste que ya lo hiciste'", aclaró Villena quien cree en las mujeres como seres capaces de romper parámetros desde la convicción propia. "Ser árbitro de fútbol para mí fue romper bastantes paradigmas, porque la primera vez que dirigí fue en básquet y vóley pero jamás en lo referido al fútbol.

Era un pendiente que tenía. Lo jugaba pero nunca se me ocurrió arbitrarlo. Si bien es cierto que dicen que por ser una profe de Educación Física hay que saber de 'pe' a 'pa' todo; uno se prepara o inclina por algún deporte y fortalece mucho más a los conocimientos previos. Por ejemplo, a mí me costó lo que es el fútbol porque hay chicas lo vienen jugando desde hace rato. Yo lo jugaba pero no era constante. Por eso es que uno tiene que llevarlo a la práctica para aprenderlo y para arbitrarlo más, porque si no, no lo vive.

Así que estuve de los dos lados. Les pasó a muchas chicas que hicieron el curso de arbitraje pero no siguieron el camino por ser un ambiente duro, a otras chicas las bloqueaban los gritos. No era, ni es tan fácil como por ahí se lo puede ver", recordó Villena quien no se rindió ante las críticas que tuvo que afrontar en sus inicios. "Antes claro que tenía inseguridades y me decía a mí misma que debía dejar, pero decidí no hacerlo y cambiar mi actitud. Es pararse y tener una postura imponente y decir: 'sí lo cobré, ya está cobrado'. Lógicamente, a veces vienen jugadores que te preguntan ¿por qué esto? o ¿por qué aquello? pero en el campo de juego no estás para dar una respuesta, sólo con el trabajo. Otra cosa es que los jugadores te griten o te digan cosas al oído, pero está en tener una buena autoestima, en salir adelante y seguir con lo que a uno le gusta", explicó la madre de Benjamín y Gamaliel, quienes la alientan cada vez que sale a dirigir un partido.

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