3... 2...1... ¿y ahora qué?

En un país con una democracia presidencial, lo que está ocurriendo es insólito y peligroso: se han invertido los tantos en el control de la botonera del Estado, y la incertidumbre crece en forma directamente proporcional a las demoras en anunciar medidas que reduzcan el déficit fiscal, controlen el dólar, aumenten las reservas del Bcra, pongan un freno inmediato a la inflación. Acallados los insólitos y casi obscenos festejos del acto de asunción del nuevo ministro de Economía, el tablero de comandos del Gobierno aparece claramente subvertido. El poder real dentro de la coalición gobernante se consolidó en la vicepresidenta, Cristina Elisabet Fernández de Kirchner.

La doctora tiene una comodísima mayoría de votos dentro del Frente de Todos, y una capacidad de mando y veto desde la Presidencia del Senado a la que se suma la poderosa influencia del Instituto Patria, epicentro de La Cámpora, lo que la mantiene sin duda como la figura número uno de la escena nacional. El flamante y flexible ministro de Economía, el abogado Sergio Tomás Massa, asumió su cargo concentrando bajo su mando dos ministerios más (Agricultura y Producción), aunque debió resignar al menos otros dos para lograr el ascenso. Rodeado de economistas que cuidarán su trayectoria, que no son la élite de primera línea que soñaba en un primer momento, y acompañado por un grupo de empresarios muy amigos, con iguales características y grandes ambiciones, se dio a la tarea de restablecer confianza y esperanza. El combo lo convierte, por ahora, en la figura número dos del escenario. Y en el tercer lugar del podio (observación no exenta del respeto que merece su investidura) ha quedado el Presidente de la Nación, Alberto Ángel Fernández, acorralado por sus actitudes, sin peso propio en el Congreso, acompañado de un puñado de funcionarios casi irrelevantes y relegado a una función casi protocolar en el ejercicio del poder. 3... 2... 1... ¿y ahora qué?

La señora, la número uno, refugiada en sus intensos silencios, monitorea la actualidad al minuto, hondamente más preocupada por el desarrollo del juicio de la "causa Vialidad" en el que los fiscales van aumentado la presión de sus denuncias y la presentación de sus pruebas con la clara idea de desbaratar la afirmación de CEFK de que "la historia ya la absolvió". En tanto Alberto, el número tres, presidente de la Celac y de la Argentina, cumplió con el ritual de acompañar al nuevo presidente de Colombia, Gustavo Petro, en el acto de su asunción, y se dio tiempo para mantener reuniones bilaterales con sus pares de Honduras, Xiomara Castro, y de Bolivia, Luis Arce Cotocara.

El número dos, Sergio Tomás Massa, no terminó de llenar los casilleros de sus colaboradores, pero ya suma otros dos fallidos serios: 1) la propuesta de cubrir su viceministerio (cargo que en realidad no existe en el gabinete) con el economista Gabriel Rubinstein, de quien se conocieron rápidamente durísimas expresiones públicas "anti-K" en las que, por ejemplo, tuiteó: "Sumarse al kirchnerismo sería como decir soy un idiota, pero vivan Néstor y Cristina, carajo". Quizá esta definición, entre muchas otras irónicas o agraviantes, le cierren el paso al gabinete; y 2) mañana, Massa, pasando sobre la autoridad del jefe de Gabinete, aún en funciones, Juan Manzur, citó a los ministros nacionales para marcarles la cancha y decirles qué, cómo y cuánto podrán gastar en adelante. El exdiputado pide que no lo llamen "superministro", pero actúa como tal. Así está la cadena de mandos en el país: quien debería ser la 2, es la 1; quien debería actuar como 3 se muestra como el 2, y quien debería ser el 1, está en el lugar 3. ¿Y ahora qué? Ojalá lo que estén preparando para el país salga bien. Esta semana ya se comenzará a ver el producto de las movidas.

A Jujuy llegaron coletazos desde el nivel nacional. Las dos figuras más relevantes de la coalición gobernante quedaron puestos de espaldas: el vicegobernador Carlos Haquim, titular del Frente Primero Jujuy, asistió especialmente invitado, al acto de posesión de Massa. Fue en retribución por una histórica amistad y por coincidencias programáticas e ideológicas. El vice, exultante y clarísimo, expresó que Massa "nos ha traído, en general a todos, esperanzas y expectativas, hay que corregir la inflación y de la mano de Sergio y su equipo podemos lograrlo". Pero no se privó de darle una mano de alquitrán a sus socios locales de JxC: "Su designación fue un golpe detrás de la oreja a algunos dirigentes del PRO, que ya se daban como gobierno para el 2023". El gobernador Gerardo Morales, también amigo y de buen diálogo con Massa, buscó poner las cosas en su lugar: "No hay plan económico ni programa de estabilización. El Gobierno no ha cumplido con las metas, los anuncios, ni los compromisos. Siguen con peleas, divisiones y anarquía" señaló, acompañando el duro documento de Juntos por el Cambio, que también rubricaron Patricia Bullrich, Miguel Pichetto, Maxi Ferraro y los economistas Matías Surt, Carlos Sanchez Arnau, Hernán Lacunza y Levy Yeyati, este cercano al GM. Y agregó una perlita llena de ironía: "Habrá que ver si 'la fiscal' que se oculta detrás de todo esto deja hacer". Los puntos de vista entre CH y GM, ubicados en las antípodas, seguramente no marcarán ni divisiones ni rupturas, no al menos por ahora, pero de continuar las cosas como van, los caminos paralelos podrían comenzar a enfilarse hacia diferentes horizontes.

La expectativa por otros anuncios sigue vigente: la cuestión de las paritarias arde. No se extinguirá y quizás gane potencia. La posibilidad latente de una reforma constitucional, aunque en ella ni se hable de la reelección, se mantiene. Si terminó la larga espera por las propuestas para integrar el Superior Tribunal de Justicia. Para los tres lugares vacantes, el GM remitió al Poder Legislativo los nombres de los abogados Mariano Miranda, María Eugenia Nieva y Martín Llamas. Los tres de notable trayectoria en el ejercicio del derecho. Los dos primeros de inocultable proximidad a la UCR y el tercero al PJ. Esto despertó las esperadas críticas de los sectores antigestión, pero valga mencionar que a lo largo de la historia provincial y nacional, las propuestas de este tipo siempre provienen de la política por razones constitucionales. Y eso no invalida la honorabilidad de los jueces, los que una vez en sus altos cargos deberán ofrecer al pueblo las suficientes garantías de buen obrar. En caso de no hacerlo, el remedio, también, se encontrará en la Constitución.

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