Cinco lenguajes en que damos y esperamos amor

Por: Cecilia Coria, Trabajadora social

Recuerdo que hace tiempo atrás leí esta frase "El amor no borra el pasado pero hace diferente el futuro", citado por Gary Chapman, escritor estadounidense conocido por su libro los "Cinco Lenguajes del Amor", quien hace énfasis en la forma en cómo nos comunicamos y expresamos esta necesidad tan importante como el deseo de amar y ser amados.

No es mi intención definir este concepto tan abstracto como complejo, ya que hay diversas maneras y formas en que se expresa el amor, sin embargo, este autor manifiesta que existen cinco lenguajes en que damos y esperamos recibir amor en la relación convivencial de pareja como también en el vínculo con los hijos.

En la relación filial, que es especial como difícil, conforme los hijos e hijas atraviesan diferentes edades, el amor no deja de ser sumamente significativo en la construcción de su identidad, desarrollo, seguridad y autoestima.

El sentido del amor y el idioma en que se expresa es una aventura por descubrir, con ensayos de prueba y error, que trae resultados sumamente favorecedores y positivos para el crecimiento y desarrollo de los hijos.

Generalmente, en nuestras acciones se expresa el amor que a nosotros en lo personal nos hace sentir amadas o amados, pero que no necesariamente es el mismo que el de nuestros hijos. Conocer su lenguaje es parte de un aprendizaje continuo que a la larga tendrá resultados sumamente positivos.

¿Cuáles son estos lenguajes?

En primer lugar, el toque físico, es una forma expresiva de dar amor, a través de un abrazo, una caricia, de brindar afecto. Dependiendo del tipo de crianza, hay varios factores intervinientes que hacen que sea difícil para ciertos padres brindar este tipo de afectos, debido a cómo fueron criados, o por ser algo que les incomoda. Todo comienza con pequeños cambios, no se trata de forzar una actitud o un contacto que previamente no hubo antes, pero sí influye la disposición y voluntad para comenzar con sencillos acercamientos hasta lograr una comodidad en la relación, que enriquezca y sea satisfactoria para ambos.

En segundo lugar, las palabras de afirmación, este lenguaje, el de las palabras es un arma poderosa, con ella puedes animar, ayudar, lastimar y herir. La comunicación incluye desde el tono de voz que empleamos, las palabras que utilizamos como los gestos que transmitimos. Las palabras pueden sembrar amor o pueden cosechar raíces de amargura, pueden contribuir o lastimar profundamente la autoestima de una persona, es necesario recordar que los hijos son sensibles y susceptibles de ser influidos por nuestras opiniones e ideas que tenemos sobre ellos, por eso es tan importante cuidar lo que decimos y cómo lo decimos. Es importante saber expresar aprecio por la forma de ser de mi hijo o hija, decirles cuánto los queremos, destacar o resaltar aquellas cosas que hace, el empeño que pone para la realización de una tarea o los logros que va adquiriendo en el tiempo. Destacar lo malo o lo negativo tiende a ser más fácil que utilizar palabras positivas y de ánimo. Las palabras duras, frías y críticas perjudican seriamente el desarrollo emocional de cualquier persona, que aun en la adultez se ve seriamente dañada y herida por sucesos vivenciados en su infancia.

Tiempo de calidad, este tercer lenguaje puede ser uno de los más difíciles, porque generalmente con todos los trajines de la vida, el cuidado del hogar, el trabajo, las responsabilidades parentales, se naturaliza la convivencia y se descuida el aspecto relacional. El hecho de convivir bajo el mismo techo no significa conocer a mis hijos, para esto es trascendental pasar tiempo con ellos, interesarse por sus gustos, ocupaciones, deseos. Los regalos no son algo que pueda reemplazar el tiempo de calidad, esto implica no solo la presencia de estar, sino acompañarlo de una escucha activa, de un interés genuino y dedicar un tiempo exclusivo sin cargar la agenda de otras actividades.

El regalo es otro lenguaje que no necesariamente implica algo costoso, tampoco el regalo es un modo de reemplazo de los otros lenguajes de amor, como una forma de acallar la conciencia por no estar presente. El regalo es una expresión de amor, que puede ser pensado en base a los gustos de tus hijos, puede incluir una comida o merienda que les guste, organizar salidas o paseos inesperados, compartir pasatiempos que a ellos les guste.

Por último, el lenguaje Actos de servicio, conforme a los hijos van creciendo puedes realizar acciones con el objetivo de ayudarlos. Por citar un ejemplo, cuando son niños necesitas enseñarles a guardar sus juguetes, tender su cama, y a medida que van creciendo van adoptando otros comportamientos y responsabilidades que les enseñarán a servir a otros como así mismos. El servicio no es sinónimo de trabajo, el propósito del servicio es inculcar valores de amor, solidaridad y consideración que ayude a conformar adultos maduros y responsables capaces de dar amor a través de este lenguaje.

Poner en práctica estos lenguajes, es un proceso y una construcción permanente, que requiere de una comunicación continua, de paciencia, persistencia, amor y voluntad. Quizá los frutos no sean un resultado a corto plazo pero sí es una cosecha que se valorará a futuro.

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