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La (pobre) oferta de los candidatos

Lunes, 02 de octubre de 2023 00:59

Las ofertas de los candidatos son casi personales. Las ideas o las ideologías que los sostienen, siguen ahí, ocultas detrás de ellos, esperando ser llamadas a salir a escena. Pero son las personalidades las que motorizan todo. Después de los liderazgos de Juan Perón, Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Fernández y Mauricio Macri, los líderes de hoy aparecen en otra categoría, menos relevante. Cada uno, se representa más a sí mismo que al bagaje cultural e intelectual que dicen simbolizar. Eso saca de foco al votante, e instala la discusión en parámetros más anímicos que razonados, más emocionales y menos teóricos, más fugaces que perdurables. Más insustanciales que trascendentes. Por eso, con todo respeto es importante, intentar un repaso, por sobre el abanico de propuestas.

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Las ofertas de los candidatos son casi personales. Las ideas o las ideologías que los sostienen, siguen ahí, ocultas detrás de ellos, esperando ser llamadas a salir a escena. Pero son las personalidades las que motorizan todo. Después de los liderazgos de Juan Perón, Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Fernández y Mauricio Macri, los líderes de hoy aparecen en otra categoría, menos relevante. Cada uno, se representa más a sí mismo que al bagaje cultural e intelectual que dicen simbolizar. Eso saca de foco al votante, e instala la discusión en parámetros más anímicos que razonados, más emocionales y menos teóricos, más fugaces que perdurables. Más insustanciales que trascendentes. Por eso, con todo respeto es importante, intentar un repaso, por sobre el abanico de propuestas.

Milei/Villarruel: Javier sigue apostando a mostrarse corrosivo, indomable y virulento. Su territorio son las redes sociales, pero utiliza hábilmente los medios masivos tradicionales donde a cambio de puntos de rating les grita en la cara que son "ensobrados y funcionales a la casta". Sus proyectos asoman como impracticables, (dolarización, cierre del BCRA, desmantelamiento feroz de un Estado desmesurado y fracasado, etc.), pero "prenden" en la gente. Su vice Victoria Villarruel, encendió su brillo propio. Soporta los ataques, devuelve convicciones, con las que se puede o no estar de acuerdo, pero que se hicieron un lugar en la vida pública, que hace meses era impensable. Todo entre los libertarios, depende del triunfo en las elecciones: si finalmente ocurre, es posible que se organicen racionalmente, que logren construir una estructura nacional y finalmente que institucionalicen la sensación y el concepto de la libertad como los conciben sus líderes. Pero si la fortuna no los acompaña, sería imposible que Javier Milei pueda sostener el armado apasionado y fervoroso que hoy alimenta a fuerza de vehemente frenesí electoral.

Enganchados al tren de Milei, el empresario Ezequiel Atauche, audaz e inexperto, abrazó la política con entusiasmo y coronó su bautismo como candidato a senador, con casi 140 mil votos y todo en su vida cambió de un día para otro; y Manuel Quintar, candidato a diputado nacional, abogado, empresario de la salud, de fuerte pasado peronista, como dirigente y candidato, encontraron en LLA un horizonte donde se cumplirían sus sueños.

Massa/Rossi: Con un andamiaje tambaleante entre 40,1% de pobreza, 9,3% de indigencia, decenas de promesas incumplibles, gigantescas deudas internas que crecen día a día (y se suman a las que venían de antes); compromisos de gastos, subsidios, quita de impuestos, etc. sin contraparte de recaudación: todo "maquinita". ¿Estará Sergio seguro de ganar o sólo quiere labrarse un futuro para liderar la oposición tras el posible ocaso del kirchnerismo? Porque debe ser consciente de que si gana, el peso de sus andanzas le caerá en la cabeza. Agustín Rossi llegó "colocado" por Alberto, pero dejó de representarlo en diez minutos. Se mantiene muy reprimido a la sombra de Massa, que no le cede espacios ni tiempo, porque no tiene interés por mostrar equipo y menos por generar posibilidades de que brote alguien que le dispute los reflectores. Las pasadas gestiones de Rossi no lo ayudarían tampoco a subirse a la vidriera con éxito. El virtual retiro de CEFK, las ambiciones de caudillo de Axel Kicillof, blindado en PBA, el desflecado doble presidente (del país y del PJ) Alberto Fernández, muestran un justicialismo más heterogéneo que nunca corriendo al borde del abismo, sobreviviendo con matices en algunas provincias. De no ganar, quedaría obligado a diseñar un postkirchnerismo. Lo que no sería grave, si tuviese figuras relevantes que tomen la posta y provoquen una reacción urgente. Pero hoy, está más cercano a la dispersión que a un resurgimiento poderoso.

En Jujuy, están listos para recibir el generoso aporte de la ola que genere la fórmula nacional, a la que le devolverían una modesta contribución, Carolina Moisés, audaz navegante en fuertes corrientes internas, y Guillermo Snopek, de oportunos reacomodamientos, ambos herederos de rancias estirpes peronistas esperan continuar su vida política, esta vez como senadora y diputado nacional.

Bullrich/Petri: Peleando contra el mundo, Patricia busca instalar la noción de orden, previsibilidad y cambio de la matriz económica. Pero no logra ordenar su propia tropa, dividida entre PRO, UCR y CC, y subdividida entre larretistas disciplinados y díscolos, y entre radicales fieles a JxC y otros desencantados. Luis Petri todavía es altamente desconocido en el país, es un medido radical del interior (Mendoza), clásico en imagen y discurso, es el complemento sereno de su intensa compañera de fórmula. No goza de consenso generalizado dentro de la UCR, pero su condición de moderado genera empatías hacia afuera. De seguir las cosas así, a menos que el electorado los sorprenda con una victoria tipo 2015, en el horizonte de JxC no es descabellado imaginar hoy una ruptura o un desgranamiento de la coalición, a pesar de tener, paradójicamente, decenas de fuertes y experimentados dirigentes en todos los partidos de la sociedad política.

Mario Fiad y Jorge Rizzotti, van por la repetición de sus cargos nacionales en difícil lucha. Hoy los radicales corren solos en un Cambia Jujuy sólo lleno de sellos de goma, pero con la siempre potente guía y custodia de Gerardo Morales, que en cada uno de sus candidatos tendrá la prolongación de su vigencia.

Schiaretti/ Randazzo: El cordobés es el peronismo clásico con tonadita, moderado y dialoguista, que se opone al cristicamporismo. En su provincia es jefe absoluto y recoge simpatías de lo que queda de un justicialismo de finales del siglo XX, insuficiente para trasladar el modelo mediterráneo a todo el país. Florencio también es un peronista clásico. Se recuerda su buena gestión como ministro del Interior y Transporte, y juega a favor en su campaña con la transparencia de su paso por la función pública. Conforman el dúo de los últimos románticos de la política, a los que quizás el futuro todavía les reserve un espacio.

El exgobernador peronista Oscar Agustín Perassi y Hugo Horvarth, demócrata cristiano, histórico aliado del PJ, aún con sus limitadas fuerzas, pero de espíritu en alto, responderán leales al llamado de la fórmula de Hacemos por Nuestro País.

Bregman/Del Caño: Con el mismo discurso de los últimos cincuenta años, se ofrecen a ganar la calle y el congreso, dos espacios que vienen perdiendo ostensiblemente. La calle en manos de las agrupaciones sociales, (una izquierda que no los vota), y en el parlamento son una voz antigua que se estrella contra la sordera de un país que no los percibe como alternativa. Del Caño sigue exactamente en la huella de la candidata. Los discursos de ambos se superponen sin variantes y sin fascinación. El "boom" de hace ocho años, que apenas se repitió hace cuatro, parece diluirse inexorablemente. Quizás, esta izquierda nacional vuelva a ser una pequeña célula en latencia, a la espera de mejores condiciones de reaparecer. Algo que ya experimentó otras veces.

Alejandro Vilca y Natalia Morales, clásico dúo de la izquierda jujeña, acompañarán a Miriam y Nicolás, y seguramente, correrán su misma suerte. Y seguirán adelante, como siempre.

En veinte días llegamos frente a las urnas. Ganarán los candidatos que cumplan tres requisitos: hacer blanco en el corazón, el cerebro y el pragmatismo de los votantes. En otras palabras, captarles la emocionalidad, la racionalidad... y el bolsillo.