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Preocupación por la violencia económica contra las mujeres

Sabado, 25 de noviembre de 2023 00:50

Hay formas de violencia más visibles y conocidas, y otras mucho más sutiles pero igual de peligrosas. En pleno siglo XXI, el dinero sigue siendo una forma de dominación que sufren millones de mujeres en todo el mundo. ¿Qué podemos hacer para ayudar a cambiarlo?

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Hay formas de violencia más visibles y conocidas, y otras mucho más sutiles pero igual de peligrosas. En pleno siglo XXI, el dinero sigue siendo una forma de dominación que sufren millones de mujeres en todo el mundo. ¿Qué podemos hacer para ayudar a cambiarlo?

Aunque no sea la situación que primero se nos viene a la mente cuando pensamos en la violencia contra las mujeres, también merece nuestra atención y, sobre todo, nuestro compromiso como agentes de cambio y de solución. Porque la violencia económica aún está presente en la sociedad, y limita el desarrollo de millones de mujeres.

Cada año, el 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Es una jornada de reflexión, que busca visibilizar las formas de violencia que aún sufren día a día las mujeres. Violencia física, sexual, emocional, y económica.

Según ONU Mujeres, la violencia económica "consiste en lograr o intentar conseguir la dependencia financiera de otra persona, manteniendo un control total sobre sus recursos financieros, impidiéndole acceder a ellos y prohibiéndole trabajar o asistir a la escuela".

La violencia económica aún existe, naturalizada e incluso disfrazada con excusas como que las mujeres solo sabemos gastar, o que no tenemos control frente a una oferta. Sin embargo, en gran parte de los hogares sigue siendo la mujer quien se encarga del presupuesto y de velar por el buen uso del dinero familiar. Pero también hay violencia económica en el control diario de gastos, en la privación de acceso al dinero (no compartir la clave del home banking) y en el incumplimiento de pago de cuota alimentaria.

¿Cómo se ejerce esta violencia? A veces es tan sutil que ni siquiera se la ve como algo malo, pero existe y hace mucho daño. Cada vez que una mujer recibe un "lo que vos hacés no cuenta" porque decidió emprender en lugar de tener un trabajo en relación de dependencia. Cuando se resta importancia a las tareas de cuidado, que generalmente realiza la mujer y de otra forma deberían pagarse a alguien más, y el comentario que le hace su pareja es "vos estás todo el día en casa" o "dejá de gastar que vos no generás nada". Cada frase, cada respuesta que daña la autoestima de una mujer a causa del dinero, es violencia. Y como tal, debemos trabajar para que no siga sucediendo.

Uno de los mayores controles se da cuando una de las partes gana más que la otra. Según un relevamiento propio de Dinero en Orden, el 60% de las mujeres que respondieron manifestaron que son sus parejas quienes aportan la mayor parte del dinero a la economía familiar. Aún así, muchas son las parejas que dividen los gastos "50 y 50" y creen que esa es la forma más justa. Mitad cada uno, nadie paga más o menos que la otra parte. Pero en la práctica esta forma es muy peligrosa, ya que quien gana menos en realidad está aportando más. ¿Por qué? Porque le queda menos dinero disponible para otros gastos como esparcimiento y compras por placer, logrando así que la relación de cada una de las partes con el dinero siga siendo desigual.

¿Cuenta común o cuentas separadas? Es una gran duda de muchas parejas, y una de las más consultadas a Dinero en Orden. ¿Conviene hacer un fondo y de ahí pagar todo? ¿O es mejor que cada parte se encargue de determinados gastos? Por una cuestión de practicidad a la hora de organizarse, y para que ambas partes siempre estén al tanto de los pagos, lo ideal es tener una cuenta en común para todos los gastos familiares. De ahí se pagan las tarjetas de crédito, el supermercado, colegios, combustible y lo que necesite la familia en el mes.

Además, cada integrante de la pareja debería tener una cuenta separada con un monto también acordado en pareja, y de ahí gastar como quiera y en lo que quiera. Sin culpa y sin dar demasiadas explicaciones. Esto equipara las opciones, sin que nadie pueda gastar más ni nadie se sienta menos, y a la vez ayuda a que el resto del presupuesto familiar sea más fácil de cumplir, con menos cuestionamientos y más paz.