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La importancia de la dignidad como factor de crecimiento

Lunes, 15 de enero de 2024 01:01

I Parte

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I Parte

En épocas no muy lejanas, etimológicamente a nadie interesaba y pocos conocían el significado de la palabra "dignidad". Tampoco parecía necesario investigar su origen y aplicación, porque sin pensarlo ni proponerse era propio el respeto que se tenía por uno mismo y por él otro.

Sabía por naturaleza el valor de sus actos, de sus palabras e incluso de sus pensamientos; venía incorporado y en rigor de ello obraba. En esto nada tenía que ver condición social, capacidad económica, raza, religión o estudios.

La virtud arrancaba con el buen trato que se dispensaba queriéndose y valorándose. La higiene, forma prolija de vestir, el lenguaje usado, compostura, buenas costumbres, y sobre manera, la palabra empeñada lo presentaba.

Era una sociedad donde no se hablaba de derechos humanos, íNo era necesario! Todos vivían conforme sus ambiciones y necesidades, valorando el respeto y amabilidad como condición primordial para relacionarse. Lo cual significa no existiera marginal y aprovechador que por otra parte eran los menos, no constituían el grueso de la gente. Así se vivía y compartía la brevedad de la vida.

La palabra "dignidad" no se escuchaba, salvo ser herederos de la "Dignidad Divina", (imagen y semejanza), que se valoraba dogmáticamente.

Para una mejor interpretación, veamos qué dice el diccionario de la palabra dignidad: "Gravedad y decoro (honra, respeto, honestidad, recato) de las personas en la manera de comportarse".

Esta palabra constituye la mayor base y ligazón para conformar una sociedad justa, libre, soberana y en paz. Porque se reconoce para sí y sus semejantes tratarse bien, ser amable. La dignidad otorga un blindaje construido sobre sustentos sólidos y estables en el tiempo; es el registro ético de la invalorable presencia de "ser humano", derecho que al igual que las obligaciones asiste a todos por igual.

Su ausencia lleva forzosamente a desvalores que una vez instalados son difíciles de corregir. Otros intereses compiten, entonces podemos asegurar que en esa situación todos perdieron. El respeto y consideración desaparecen y por pequeña que sea la diferencia, no existe voluntad de acercamiento. Es allí donde la familia debe bregar por una sana educación, por el ejercicio del perdón y encuentro. Ser verdaderamente la mayor escuela de tan importante enseñanza de humanismo.

En la familia el camino comienza por señalar el trato que se dispensan los progenitores y demás miembros de la pequeña comunidad y la manera respetuosa en que se resuelven las diferencias. Debe auténticamente flotar el deseo de armonía y nunca renunciar al buen trato. Los malos momentos son inevitables, están presentes por más cuidados que se tenga; las personalidades nunca son iguales. Cuando gana espacio "todo da lo mismo", ya nada importa, se perdió lo primordial para la convivencia; la verdad, la justicia y el buen trato, más allá del amor.

Desde este enfoque puertas adentro, podemos asegurar que a nivel social la "dignidad" fue devaluada, ignorada, vendida, ívilmente ultrajada y negociada! Y lo más grave, los responsables, los encargados de marcar rumbo y señalar el bendito horizonte de una generación, son quienes peor la tratan y manipulan, confundiendo a los humildes con dádivas para una cosecha despreciable y ruin.

En esto, la educación cumple un rol irreemplazable, porque enseña sobre deberes y derechos a cumplir y hacer cumplir. Para que existan tiranos, es imprescindible un pueblo analfabeto, tierra apta para la especulación y la mentira, por lo general escondida detrás de necesidades impostergables.

Definitivamente, la "dignidad" no se negocia ni es materia a considerar. Nacemos dignos por herencia y misericordia divina (hechos a imagen y semejanza). Luego construimos y ennoblecemos la dignidad humana con el trato y comportamiento que nos demos y demos a nuestros semejantes.

Siglo XXI, las desigualdades socio económicas imperantes se acentúan en el mundo y su exposición es humillante, existen y muestran indisimuladamente. Su mayor peso recae sobre una población indefensa y por lo general poco preparada, que paradójicamente parece anestesiada. De otra manera no se entiende el hambre de millones de personas reverberada en los índices de desnutrición de la población más vulnerable: los niños (6 de cada 10 son pobres), agravada con frecuencia por la muerte temprana, situación que no mejora en la forma de vida de los mayores.

Mientras, coexiste una sociedad de consumo que no sabe de límites en gastos impuestos por la moda, o siguiendo el curso innecesario de las apariencias que mal predisponen y llevan a una convivencia disonante. Este escenario se hace más grave cuando la sociedad en su conjunto y los afectados, se rinden y acostumbran a vivir de esa manera. No puede decirse que sea un tema nuevo en el mundo, pero es posible como nunca se agreguen en extremo factores nefastos, volviendo difícil ignorarlos y mantenerse indiferentes.

Dos mil trescientos años atrás el tema ya estaba planteado en la China. Trescientos años antes de Cristo, Kuan Tzu, sabio chino decía: Si planeas para un año, siembra arroz. Si planeas para 10 años, planta árboles. Si es para toda la vida, "educa" a los hombres.

Humildemente creo que está allí el punto fundamental y sublime de todo acontecer: la educación. Espacio importante para la no radicalización si no la totalidad, en gran parte la mayoría de nuestros problemas. Si el tema se redujera tan solo a la pobreza material, aquella que se arregla con alimentos para el cuerpo, la solución estaría al alcance de las manos, (aunque tiene igualmente graves consecuencias, sobre todo en los niños en épocas del cableado neuronal, -árbol de invierno-). Pero, somos mucho más que "cuerpo", que naturalmente se ve, se toca, e interactúa".

Desde el momento mismo de la concepción venimos programados sobre la sólida base de tres dimensiones muy bien establecidas e indivisibles: somos cuerpo, somos mente (allí incorporada el alma o espíritu), y también somos seres psicosociales. Es decir que para crecer en armonía debemos "alimentar" y tener en cuenta todas y cada una de sus partes. El cuerpo es solo una, pero obviamente no la única. Veamos.

Descartes, filósofo francés del siglo XV, despertó la atención de la humanidad cuando argumentó aquella frase que aún desata controversias: "Pienso luego existo". Más allá de la teoría de Lacan (confrontación entre lo consciente e inconsciente). (Usted podrá saber lo que dijo, pero nunca lo que el otro escuchó). Pero a los fines de nuestro propósito, sirve. Partiendo de lo simple pero fundamental, digamos que para evitar la deshidratación necesitamos beber agua o líquidos similares. Para evitar la desnutrición, es necesaria una alimentación saludable (sana y balanceada). Ambas son posibles mediante la socialización que materializa el "trabajo" facilitando el acceso a una mesa familiar completa y feliz.

"Ganarás el pan con el sudor de la frente". Esto ya podríamos comenzar a llamar "dignidad". Hasta aquí se comprende bien. Pero el diablo siempre mete la cola y no sería esta ocasión que se privaría.

 

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