La muerte de dos niños en el incendio de un taller clandestino de fabricación de ropa puso sobre el tapete un tema que tanto el Gobierno nacional como metropolitano vienen obviando: el crecimiento del trabajo en negro, que muchas veces roza condiciones de esclavitud.
Afirmar que en Argentina hay trabajo esclavo puede sorprender a varios, hasta hace poco tiempo se tenía la noción de que los talleres de ropa falsificada estaban todos en algún remoto rincón de Asia.
La realidad demuestra que, desde hace unos quince años el demonio está en casa. ¿Para qué importar ropa si hay suficiente mano de obra para explotar en el país?
Según datos de la Organización Internacional del Trabajo, actualmente solo se importa legalmente un 20% de la ropa que se consume.
¿El resto? Un 35% se contrabandea. Lo demás se produce todo localmente y un gran porcentaje de esa producción se confecciona en talleres clandestinos. Según la ONG La Alameda, una fundación que lucha contra el trabajo esclavo, cerca de 250.000 personas trabajan en los 30.000 talleres ilegales que se estima, existen actualmente. En Capital Federal hay 3.000, todos en la zona sudoeste, la de menos recursos económicos. Allí, en el barrio de Flores, se ubicaba el taller donde murieron los hermanitos Camacho.
El resto están en el sur del conurbano bonaerense, desde donde abastecen, entre otros lugares, a La Salada, la feria que algunos afirman es la feria ilegal más grande de Sudamérica.
El origen de un imperio
El trabajo esclavo no puede entenderse sin La Salada. La feria, que se ubica al sur de Capital Federal, más precisamente en el partido de Lomas de Zamora, tuvo su origen en 1991. En sus inicios se trataba de una feria que traía ropa a bajo costo para vender por mayor y menor. Con el tiempo se vio que era más rentable confeccionar la ropa "trucha" en talleres clandestinos con inmigrantes que venían de países limítrofes como Bolivia y Paraguay. La explosión llegó cuando los talleres clandestinos firmaron convenios con primeras marcas, que utilizaban estos talleres para "abaratar" costos. Así las grandes empresas comenzaron a enviar moldes para que los talleristas confeccionaran marcas propias o falsificaciones. Actualmente hay 113 marcas sospechadas de subcontratar trabajadores en negro para producir sus prendas.
Los vínculos con el poder
Es indudable que el crecimiento de este tipo de modalidad laboral ha representado un negocio para muchos. ¿Pero quienes están detrás del negocio?
Las denuncias afirman que hay una complicidad entre los encargados de La Salada y el poder político. Así se entiende la vista gorda que se ha hecho tanto desde los organismos de control como desde las fuerzas de seguridad. Todos se llevan su parte.
Y ni el Gobierno nacional ni el metropolitano son ajenos a la influencia de esta industria.
Gustavo Vera, en una entrevista con El Tribuno afirmó que tanto la Policía bonaerense como la Municipalidad de Lomas de Zamora cobran de La Salada. El mismo Vera elevó las alarmas cuando el Gobierno nacional llevó en la comitiva presidencial de la visita de la presidenta a Angola, a Jorge Castillo, hombre fuerte de La Salada hoy.
El Gobierno de la ciudad de Buenos Aires tampoco es ajeno a la "cultura Salada". El taller clandestino que se incendió había sido denunciado en setiembre de 2014 por trabajo ilegal ante el gobierno del PRO.
Esta semana se realizó una gran cantidad de controles para contrarrestar las críticas. Las dudas sobre si el Gobierno porteño otorga protección a los talleres clandestinos, sin embargo, se mantienen.
Los talleres, por ahora, también.
De saladitas, oulets y manteros
El mercado para la ropa confeccionada a través de trabajo esclavo ilegal es amplio. Actualmente los canales de distribución para estos productos se ha repartido en tres vías bien diferenciadas. Según datos de la ONG, La Alameda, estos productos se pueden encontrar en lugares tan disímiles como un mantero de la calle, una feria o un shopping.
Outlets y shoppings
lgunas marcas locales que venden en outlets, principalmente, y shoppings contratan talleres registrados que a su vez subcontratan talleres tanto legales como clandestinos para la confección de prendas.
Los manteros
La tercera vía por donde se comercializan estos productos. Se pueden encontrar en cualquier zona comercial de Capital Federal y el interior. Un ejemplo es la calle Avellaneda, entre Flores y Floresta conocida por su actividad informal.

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