Hicieron historia. Por primera vez navegaron los ríos en creciente de los Valles Calchaquíes, uno de los paraísos naturales de Salta. Pero desde una perspectiva única, como ningún hombre la tuvo jamás. Por eso la gente paraba para sacarles fotos a esos dos hombres que fluían sobre el paisaje desértico en unas pequeñas embarcaciones. Pero la aventura había comenzado antes, en Clolombia.

El destino le dio otra oportunidad al salteño Ezequiel “Cheché” Fernández, de 34 años. Se fue al aeropuerto sabiendo que el vuelo estaba lleno. Si no tenía suerte, se uniría con dos amigos para bajar un río importante de la selva colombiana. Pero el guía internacional de Rafting y Kayak consiguió un lugar y se volvió a la Argentina. Cuando llegó a Salta se enteró por Internet que a sus amigos los había agarrado una creciente nocturna. El norteamericano Mark Hentze murió esa noche. “Había bajado los ríos más difíciles del mundo y lo pilló la ola durmiendo. Yo podría haber estado ahí”, reflexiona. Después de la noticia tomó la decisión de volver al agua. Sintió la necesidad de transitar las arterias del desierto, como para purgar el dolor, cosas que solo entienden los domadores de ríos.

“Llovió bastante en los valles. Es ahora o nunca. Vamos a dar la vuelta en kayak”, le dijo a Bernardo Cornejo, de 20 años, que no tardó ni un segundo en aceptar, porque desde los 12 años practica el deporte que lo “funde con el paisaje”. El primer martes del mes, del colectivo Marcos Rueda que llega hasta Cachi, se descargaron las dos pequeñas embarcaciones personales, ante la sorpresa de los habitantes vallistos. Presenciaban los preparativos de la primer vuelta a los Valles Calchaquíes en kayak de la historia. El viaje duró cuatro días, desde Cachi hasta Alemanía.

“Cheché” aprendió su profesión hace 12 años, en los ríos de Salta. Durante seis trabajó para las empresas que hacen rafting sobre el río Juramento. Hace nueve años que no se pierde una temporada turística en Europa y está tramitando sus propios permisos para navegar comercialmente en la Provincia. En 2009 representó a la Argentina en el Mundial de Rafting de Bosnia. “Éramos siete guías que nunca habían entrenado, nunca nos habíamos visto. Dos horas antes del mundial remamos juntos por primera vez y no nos fue tan mal. Salimos 18 de 32”, recuerda el único salteño en competir en la máxima competencia de ese deporte, que se hace cada dos años.

El primer día, el río Calchaquí los llevó en cinco horas, desde Cachi a Molinos. “Era una parte crítica, porque era donde menos agua podía haber. Pero por suerte venía cargado”, dice “Cheché”. El segundo día salieron desde el puente del río Molinos, “porque no se podía pasar por abajo del agua que traía”. Siguieron montados en la serpiente de barro hasta desembocar nuevamente en el Calchaquí, antes de parar a descansar en Angastaco.
Para ese entonces ya habían despertado la curiosidad de los habitantes de la zona, que los acompañaban en moto bordeando el camino o se frenaban para registrar con sus celulares lo que sus ojos no terminaban de entender. “Paraban camiones y autos. Cerca de Angastaco nos empezaron a seguir en moto unos chicos del lugar. Todos querían saber que hacíamos, si estábamos bien. Es gente muy linda y disfrutó igual que nosotros, porque lo ven como algo raro, como una locura”, recuerda “Cheché”.

En lo que va del año llovieron más de 350 milímetros en Molinos, localidad que recibe un promedio de 180 milímetros anuales. “Desde el año pasado que tenía ganas de hacerlo y finalmente pudimos. La idea es hacerlo todos los años”, dice el guía. “Los tres primeros días fueron de una dificultad media y baja. Pero la última jornada estuvo bien fuerte, realmente fuerte. En una clasificación del 1 al 5, atravesamos un tramo de nivel 4, de los más complicados”, analiza Fernández.

“Hay partes que vas bordeando el camino y partes que no. Realmente se tiene una perspectiva única desde el agua. Los paisajes son imponentes. Uno va navegando por un río de desierto. Es algo muy particular, que no se le parece a ninguno de los más de 40 ríos que navegué en el mundo”, cuenta Fernández. Para su compañero el viaje “es algo que no se puede creer”. Bernardo navegó cerca de 20 ríos en su vida, pero ninguno como este. “Este es el mejor viaje que hice, ojalá lo pueda hacer más gente. Desde el agua es diferente. Uno va haciendo deporte en contacto con el sol, con el agua y con la tierra. Te metés en el paisaje, te empapás de paisaje es diferente a todo lo demás, muy difícil de trasmitir, lo que se siente flotar por el desierto”, describe.

El tercer día, el Calchaquí los arrastró desde Angastaco hasta San Carlos. “Pasamos por atrás de la Quebrada de las Flechas, uno de los lugares más mágicos de la Provincia, entre formaciones y cerros increíbles”, dice Fernández, que piensa que el viaje es un paseo que requiere también atención. “El paisaje te va volviendo loco. Se puede hacer de mil formas la vuelta a los valles, pero ninguna va a tener esta perspectiva. Pero hay que ir atento a las ramas y a ciertos obstáculos, porque en definitiva vamos flotando en la creciente”, agrega.

El último día fue el más complicado, pero “el más divertido”, para estos aventureros. Salieron desde la junta de los ríos Calchaquí, Santa María y Colorado, que se fue transformando en el río Las Conchas, pegado al camino que une Cafayate con Salta. Las aguas marrones, pero mansas, se fueron embraveciendo. Muros oscuros de tres metros aparecían y desaparecían. “Se hace clase 4 de dificultad, mientras que el máximo es 5, sobre todo desde Puente Morales, hasta Alemanía”, relata Cheché. “Creo que en Salta solo supera ese tramo el río Lipeo, en el Parque Nacional Baritú, que es una cosa impresionante”, reflexiona. Para Bernardo “se puso fuerte, muy bueno”.

Esa parte del río Las Conchas tiene una particularidad. En otros ríos, las olas se forman con las grandes piedras que hay en el fondo. En este, en cambio, las olas nacen de los bancos de arena que están en constante formación. “Aparecen y desaparecen. El río está vivo y cambiando todo el tiempo. Se forman olas de tres metros y a los segundos desaparecen y se vuelven armar un poquito más abajo. Nunca vi eso en otro río”, asegura. Tan violento estaba el río que unos pescadores dejaron las cañas y los siguieron en su auto. “Tengan cuidado loco. Se van a matar”, les gritaban preocupados. “Cuando llegamos a Alemanía estaban en el puente, no podían creer”. Así terminó la aventura, que también tenía algo de homenaje, para ese otro domador de ríos al que se lo tragó una creciente en Colombia.

“Cada río tiene su encanto. Pero esta bajada es algo que me sorprendió, tiene un atractivo increíble. El contacto con la naturaleza es total. Uno va fluyendo por los paisajes, por el desierto. Vas remontándote en las olas, acompañando el agua, porque no podés pelearle. Somos solo cuatro salteños los que hacemos kayak. Mi sueño es que más gente se acerque a este deporte, porque tenemos lugares para poder disfrutarlo”, concluye “Cheché” Fernández. Bernardo no ve las horas de volver y aprovechar las últimas correntadas. “Es algo histórico y me quedan imágenes muy fuertes, gente emocionada con lo que hacíamos, que nos acompañaba. Solo pienso en volver”, dice.

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