El caso de la restitución de las hijas de Ana Alianelli pegó fuerte en la opinión pública, que rápidamente relacionó este caso con el de Gabriela Arias Uriburu, quien 18 años atrás sufrió una situación similar. Tras un largo proceso judicial y diplomático, pudo retomar el contacto con sus hijos, que habían sido sustraídos por su exesposo y llevados a Jordania. Hoy, Gabriela está al frente de una fundación que trata con casos de secuestro parental y con procesos de restitución y revinculación familiar.

¿Tuvo contacto con Ana Alianelli?
Ana me llamó a la fundación, tras una entrevista que me hicieron en un programa de radio relacionada con su caso. Le recomendé algunas cosas, pero a esa altura ya no había forma de detener la restitución de los chicos.
Tras un primer momento de incertidumbre, se supo que Ana había retomado el contacto con sus hijas, ¿cúales son los próximos pasos?
En estos días supimos que hay un principio de acuerdo entre la jueza de EEUU y la de Argentina, que arreglarían que Ana vaya a vivir con las niñas en Estados Unidos, que va a recibir manutención del padre y que se va a establecer un régimen de visitas. Esto aún tiene que homologarse. Hay que esperar al lunes (por hoy) a ver cómo se ordena este caso.
¿Cuál es su evaluación del caso?
A través de mi fundación estoy en permanente contacto con esta problemática y sé que hay millones de casos como este en el mundo y muchos en Argentina
El consejo es que si un matrimonio no funciona, hay que cumplir pautas con respecto a los niños. Sobre todo, los padres tienen que intentar que sea ordenado para las familias, tanto para el padre como para la madre y, sobre todo, para las hijas que es a quienes menos se han cuidado en este asunto. Para esas niñas esta situación es un drama, ya tuvieron dos movimientos feroces en su vida, de Estados Unidos hacia aquí y desde aquí hacia allí de vuelta.
¿Cree que hubo alguna responsabilidad de la madre al no volver cuando debía?
Yo no juzgo nunca a los padres. Hace 18 años que trabajo en situaciones parentales y solo me centro en el bienestar de los niños.
¿A qué atribuye que este caso haya tenido tanta repercusión?
Yo me hice la misma pregunta porque hay muchos casos y de repente este captó la atención. Creo que por un lado, hay mucha gente en Argentina que tiene un hijo, un hermano o un amigo viviendo fuera que formaron familia con personas de otras nacionalidades. Cuando se conoció la situación de Ana con sus niñas y el papá que es extranjero, muchos se identificó con el caso y pensaron, "que tal si me pasa a mí o a mi hija o a mi amigo".
Por otro lado, está una cuestión muy profunda aquí en Argentina con la maternidad y esa idea de que los chicos tienen que estar con la mamá. La separación de Ana de sus hijas ha pegado muy fuerte y ha traído mucho dolor.
Foundchild, la fundación que 
preside, trata con esta temática

En la fundación volqué lo que aprendí con mi historia personal, no solo como madre sino como ser humano.
En Estados Unidos y en Europa hay muchas organizaciones que lidian con sustracciones y retenciones ilícitas de los menores porque es muy común. Pero estas organizaciones no tienen la mirada tan fuerte en el bienestar del niño como tenemos en Foundchild.
Mencionó que en Argentina hay muchos casos, ¿cuántas consultas reciben por mes?
Desde que comenzamos en 1998, recibimos alrededor de 10.000 casos. Por semana estamos atendiendo cerca de diez consultas, que incluyen otros tipos de casos que también se dan bastante, abuelos que se acercan porque no pueden ver a sus nietos. Pero con la masividad que tuvo la historia de Ana, las llamadas se dispararon y yo llegué a tener 15 nuevas consultas en un día.
¿Cambiando un poco de tema, como es la situación con sus hijos?
La situación con mis hijos está resuelta. En 2010 hicimos un viaje en familia con los chicos y mi exmarido, Imad. Cuando alguien nos decía: "­Qué bella familia!", Imad les respondía: "Ella es mi exmujer, nos peleamos a matarnos; pero hoy somos amigos y estamos de vacaciones en familia".
Hoy mis chicos ya son grandes (tienen 23, 21 y 19) y siguen con sus vidas. Es una historia de superación para ellos y para nosotros como padres.
Su caso y el de Ana pueden ser importantes para concientizar sobre este tema.
Sobre todo han traído a la luz que hay mucho para hacer en materia de legislación para evitar que sigan ocurriendo. Sobre todo en un mundo tan interrelacionado, donde los chicos hasta se ponen de novios vía internet con gente de otros países.
El recuerdo de Salta
"Salta cumplió un papel muy importante en la recuperación de mis hijos", recuerda Gabriela. En el 2005, el Imán (juez supremo de la corte jordana) llegó a esta capital para conocer a la familia salteña de Gabriela (su madre nació aquí) con el propósito de enseñarle su cultura y sus costumbres para trasladar a las autoridades jordanas que tenían en sus manos el caso de sus hijos.

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