Temor y desolación se conjugaron ayer entre los vecinos del pequeño poblado puneño de Olacapato. Es que a la medianoche del jueves, luego de una intensa granizada, el techo de una precaria casa de adobe y paja cedió, aplastando a una familia casi completa.

Murieron la dueña de casa, Fátima Quipildor, de 24 años, embarazada de siete meses, y sus hijas Luisana de 6 y Lis Ramos de 3 años.

Luego, a poco más de una hora, un aluvión de agua y lodo penetró por los patios de una decena de casas, anegando por completo el interior de las viviendas y tornando inservibles los pocos enseres domésticos de estos pobladores, sus ropas y comida.

Apenas despuntada el alba, una comisión municipal de San Antonio de los Cobres, comandada por el intendente local, Leopoldo Salva, se hizo presente en el pueblo y comenzó las tareas de salvataje de las familias más afectadas por el aluvión.

Así, junto a los vecinos que no sufrieron las consecuencias del avance de las aguas, comenzaron a evacuar a una decena de familias, cuyas viviendas habían sido las más perjudicadas.

Como es costumbre en estos parajes ubicados entre las dos cordilleras que cruzan nuestra provincia, la Oriental y la Occidental, los evacuados prefirieron mudarse a casas de familiares o vecinos cercanos.

Pasado el mediodía llegó a Olacapato un grupo de agentes del Gobierno provincial llevando chapas, rollos plásticos y otros artículos de primera necesidad.

Edit Cruz, al frente del grupo, informó que para última hora de ayer esperaban la llegada de un camión de Vialidad de la Provincia con víveres, pañales y medicamentos.

El Tribuno pudo comprobar que el mencionado equipo no había pasado por San Antonio de los Cobres hasta que cayó la noche.

Para entender lo que pasó hay que decir que Olacapato, como todos los pueblos de la Puna, está rodeado de volcanes inactivos, nevados y cerros de entre 5 y 6 mil metros de altura. Se trata de un pequeño valle en medio de la nada.

Aquí viven unas 500 personas, 20 por ciento de las cuales son trabajadores de empresas mineras radicadas en la zona. El poblado está conformado por unas cuantas casas de estructura idéntica, paredes de adobe con techos de paja y barro.

Las estructuras están diseñadas para aguantar los crudísimos inviernos que se registran aquí, donde la media normal es de 0 grados en invierno, la mínima llega o sobrepasa los 20§ bajo cero y la máxima nunca está por encima de los 10 grados centígrados.

Por eso las estructuras de barro y paja de los techos no están adaptadas para soportar una irregularidad climática que se viene registrando en la Puna, como son lluvias y granizadas constantes.

Justamente, el peso del granizo acumulado durante la tarde noche del jueves fue lo que provocó el derrumbe del techo de la familia donde murieron la madre embarazada y las dos nenas.

Crece la preocupación

Ayer, a media tarde, cundía la preocupación entre los vecinos dado que densos nubarrones se volvieron a formar sobre el nevado Tujle, desde donde bajó ayer el aluvión que casi arrasó con el pueblo.

Mientras tanto, se sacaba barro de las casas afectadas, se trataba de limpiar los patios y salvar algún que otro colchón; todo contra reloj, porque las condiciones meteorológicas empeoraban con el caer de la tarde.

De hecho, una intensa granizada comenzó a registrarse a las 17 de ayer en un paraje denominado Tocomar, donde también hay aguas termales, paradójicamente, que está situado a unos 10 kilómetros de Olacapato.

Por todos los rincones del horizonte, desde el Kewar al sur, el Acay al este, el Tujle al norte, unas nubes clásicas de temporal, grises muy oscuras y cargadas, rodeaban al pueblo.

Temor y desolación prometían seguir quedándose en Olacapato, a pesar de las cuadrillas de municipales y enviados del Gobierno con ayuda que estaban acompañando a los pobladores.

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