Contemplo en consecuencia en Brasil una matriz similar a la observada últimamente en Turquía que no alcanzó la violencia de Libia por ejemplo.

Creo que hay sucesos a nivel mundial que presentan una matriz similar y que se desarrollan en el marco de un final de ciclo histórico.

Las revueltas en Brasil aún continúan, pese a todo lo que hizo el gobierno de Dilma Rousseff desde que se desató el conflicto, luego de un aumento en el precio del transporte público. Horacio Calderón es escritor y analista internacional, además de colaborador de CNN en español. El especialista dialogó en exclusiva con El Tribuno y aseguró que dentro de Brasil hay “inducción de actores internos y externos para que algo que comienza con una protesta simple y muy limitada se transforme en una rebelión violenta”. Además, habla de las similitudes con Turquía, los indignados europeos y las repercusiones de los hechos en América Latina y nuestro país.

¿Cuál es su evaluación respecto de las masivas manifestaciones recientes en Brasil?

Las protestas masivas se iniciaron en Brasil con un alcance muy limitado, cuyo detonante fue un aumento en las tarifas de transporte público, pero fueron intensificándose rápidamente con la incorporación de una amplia gama de reclamos, en los que sobresalen el repudio a la corrupción, la inseguridad, la inflación, la oposición al exceso de gasto público en proyectos como la Copa FIFA 2014 y la desinversión en los sectores de la salud y educación.

Mi evaluación es que existe -más allá de ciertos malabaristas intelectuales que ahora califican de “primavera” cuanto acto de protesta hay en el mundo contra gobiernos dictatoriales y democráticos-, una muy clara inducción de actores internos y externos para que algo que comienza con una protesta simple y muy limitada se transforme en una rebelión violenta, cuyo objetivo parecería no ser otro que desestabilizar, desgastar, derrocar o provocar la caída del gobierno-blanco, y llegado el caso hasta un cambio de régimen.

Contemplo en consecuencia en Brasil una matriz similar a la observada últimamente en Turquía, que no ha alcanzado al menos aún la gravedad de casos como el libio, el egipcio y el sirio, para citar los más emblemáticos.

¿Cree que esto hace tambalear la reelección de Rousseff?

Analizando los hechos en tiempo real al momento de cierre de este reportaje, y frente a acciones cada vez más violentas e ilegales por parte de muchos manifestantes, es posible afirmar casi categóricamente que estos han herido profundamente la imagen del gobierno de Dilma Rousseff. Tal vez no al punto de provocar su caída dentro del actual período presidencial, pero la probable evolución de la situación actual conduce a escenarios que incluyen no sólo el riesgo de perjudicar sus planes de aspirar a su reelección, sino también a que la coalición gobernante pierda los comicios frente a un candidato de la oposición.

La sospechosa incorporación de elementos vinculados a fuerzas opositoras en las etapas más violentas de las manifestaciones masivas, permiten al menos suponer que, como en los casos citados, se estén utilizando reclamos legítimos con el objeto de impulsar agendas cuyos objetivos podrían estar más vinculados a las próximas elecciones presidenciales, que a las reivindicaciones de quienes protestan.

¿Por qué piensa que se dio marcha atrás con el plebiscito?

A mi entender el plebiscito fue suspendido para evitar una crisis institucional que perjudique el estado actual de gobernabilidad, dada la oposición de prominentes legisladores de ambas cámaras del Parlamento y también de eminentes juristas del Brasil. Estos últimos coinciden en que un plebiscito es innecesario, en razón de que cualquier reforma política puede realizarse en el Parlamento a través de una enmienda.

¿Cree que es necesaria una reforma política en Brasil? ¿Cuáles serían los puntos innegociables de una reforma y en qué cedería Dilma?

Figuras prominentes del oficialismo y de la oposición coinciden en que una reforma política podría ser aceptable. Pero será muy difícil, por la misma composición heterogénea del grupo, que logren llegar a un acuerdo rápido para tal reforma a través de una enmienda constitucional. Máxime, mientras haya fuerzas de la oposición que resulten beneficiarias directas de las actuales protestas, en la medida en que contribuyan a deteriorar seriamente la imagen de Rousseff. Y, por parte de ésta, es muy temprano aún saber qué es lo que estaría dispuesta a ceder en la ardua ronda de negociaciones que se avecina, dado que es altamente probable la continuidad de las protestas por un plazo no menor a un año.

En el importante encuentro entre la presidente con 27 gobernadores y 26 alcaldes, la mandataria propuso cinco grandes pactos, cuyo objetivo no es otro que remover las causas que han generado las violentas manifestaciones.

Lo importante a señalar es lograr la estabilidad económica y el control de la inflación a través de la responsabilidad fiscal; la reforma política para solucionar la crisis de representación y el evidente descreimiento de amplios sectores de la sociedad en los partidos políticos, a quienes se percibe como incapaces para solucionar los más graves problemas de la nación; impulsar la lucha contra la corrupción; mejorar el sistema de salud; promover la profunda transformación del área de transportes; y concretar la demorada reforma del sistema educativo.

¿Encuentra similitudes entre los indignados europeos y brasileños?

Sí hay ciertas similitudes en los sectores menos violentos, y me refiero a “indignados” con agenda política; a “indignados” sin agenda; y lo que un tanto irónicamente llamaría “indignados” por las dudas, que están plagados de elementos nihilistas.

¿Qué repercusión tendrán estas movilizaciones en América Latina, dentro de la UNASUR por ejemplo y en particular en nuestro país?

Creo que hay sucesos a nivel mundial que presentan una matriz similar, como mencioné anteriormente, y que más allá de sus causas se desarrollan en el marco de un final de ciclo histórico acompañado de un cambio generacional. Es en este marco que una importante cantidad de movimientos de protestas pacíficos, convertidos luego en rebeliones violentas, están siendo utilizados e incluso acicateados por potencias occidentales y sus aliados regionales estratégicos o de ocasión, con el objeto de servir a sus propios intereses. Con respecto a América Latina, Suramérica y a los países de la UNASUR en particular, estas protestas violentas podrían reproducirse en otros países además de Brasil, y tampoco excluyo de estos escenarios a la República Argentina.

 

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