Macacha Güemes es, para la escritora Ana María Cabrera, una de las mujeres silenciadas por la historia nacional, a pesar de su apasionada participación en la causa independentista. La hermana del caudillo salteño Martín Miguel de Güemes murió el 7 de junio de 1866. Coincidentemente, su amado Martín había sido herido de muerte un 7 de junio, 45 años antes (1821). Para Cabrera, es tiempo de que esta salteña “esté en el lugar que se ganó y que le corresponde”.

“La verdadera historia de Macacha Güemes creo que nunca la sabremos. Intenté con esta novela acercarme todo lo posible al mundo de esta gran mujer: sus valentías, su cansancio ante las incesantes luchas, el dolor de los desprotegidos, el amor a la libertad de su tierra”, dijo la escritora a El Tribuno.

Primero fue Felicitas Guerrero, ahora Macacha. ¿Qué la mueve a recuperar estas figuras femeninas de nuestra historia?

Me interesa el tema de los silencios de la historia. Trabajo sobre aquellos personajes que aparecen en letra chica. Mujeres como Felicitas Guerrero, Regina Pacini y Macacha Güemes. Pero también escribí sobre un hombre: Cristián Demaría, un desconocido a pesar de haber sido el primer defensor de los derechos de la mujer en nuestro país. Continuaré escribiendo no sólo sobre figuras femeninas sino también sobre los personajes de grupos minoritarios (aborígenes, niños...) seres anónimos que vivieron y viven por un mundo mejor.

En el caso de Macacha, su historia no está muy documentada, sin embargo usted logra un fresco muy vívido de esta interesante mujer...

Macacha era un personaje que también estaba en letra chica en las páginas de la historia. Aparecía junto a su hermano, el general Martín Miguel de Güemes, como “la ministra sin cartera”, "la madrecita de los desprotegidos”... No había mucho más. Cuando me encontré con la breve biografía donde consta que ella continuó luchando por los ideales que gestara su hermano imaginé su vida. Mi trabajo es entrar con la ficción literaria por los huecos que dejan los silencios de la historia. Es entonces cuando nace mi novela histórica con el material de lo verosímil, lo que pudo haber pasado.

Macacha es para muchos, simplemente, “la hermana de Güemes”. ¿Cree que su figura merece un reconocimiento diferente? ¿Por qué?

Creo fervientemente que Macacha Güemes se lo merece, como así también las grandes figuras de la historia de las mujeres de la tierra del norte que dejaron su vida por un país mejor. Juana Azurduy, Loreto, Gurruchaga y tantas otras conocidas por todos. Pero también incorporo en mi novela a muchas mujeres anónimas, analfabetas, indígenas y collas... Todas, sin distinción de clase, lucharon junto a los hombres por nuestra independencia.

En varios pasajes de su libro se describe cómo participó Macacha, apasionadamente, en la causa de la Independencia argentina. ¿De dónde provienen los datos que le sirvieron de fuente en este sentido?

Tal como hago en todas mi novelas me documento en archivos, textos, entrevistas pero también en recetas de cocina, en la historia del vestido, de la música, de la danza, refraneros...Y por sobre todo en vivir la tierra que Macacha pisó. Es entonces cuando me identifico con el personaje para recrear la vida emocional que pudo haber sacudido a esta gran mujer. Así surgieron los monólogos interiores, cartas y diálogos que dan cuenta de la vida íntima de María Magdalena Güemes.

¿Le interesó quitarle a los protagonistas ese halo mítico que suele atribuirle el pueblo a sus héroes y heroínas? ¿O todo lo contrario?

Casi nunca se escribe la infancia de los héroes. La niñez, ese momento de la vida en el que se gestan los hombres y mujeres que después vamos a ser. Los héroes mostrados en sus grandezas bélicas pero también cotidianas, íntimas, se asemejan a todos en su humanidad. Y desde esa semejanza podremos admirarlos y amarlos aún más.

¿Le costó decidir cómo iba a relatar la muerte de Güemes?

Elegí, siempre desde mi compromiso emocional, transmitir la muerte de este gran héroe de nuestra historia con toda la grandeza que siento que se merece. Sé que una novela histórica llega al gran público y ya tengo devoluciones no sólo de porteños sino también de extranjeros que manifestaron desconocer los pormenores de la gesta güemesiana y de la riqueza humana y cultural de Salta.

¿Cree que, de alguna manera, con este libro aborda un fragmento de la historia irresuelta del país?

No tengo dudas. Gracias a este libro pude conocer Salta: su historia, su sincretismo religioso, la pluralidad cultural, el valor de los gauchos y de los indígenas, la belleza del paisaje. Tengo gran admiración y agradecimiento a la gente que conocí. Siento que hasta que todo el país no se integre en la variedad de culturas que lo componen no se conseguirá la tan ansiada identidad nacional.

En cierta forma, al existir tan poca información sobre Macacha, tuvo usted que desempeñar el rol de “espía de una espía”, ¿fue ardua la experiencia?

Sí, realmente yo sentí que tuve que ser espía de una espía. La tarea fue ardua pero placentera. La verdadera historia de Macacha Güemes creo que nunca la sabremos. Intenté con esta novela acercarme todo lo posible al mundo de esta gran mujer: sus valentías, su cansancio ante las incesantes luchas, el dolor de los desprotegidos, el amor a la libertad de su tierra pero, al mismo tiempo, siendo buena hermana, buena madre, buena hija, buena esposa. Ella también es el símbolo de la lucha de cada mujer de ayer y de hoy.

Macacha es una figura clave de la historia, aunque oficialmente no descansa en el panteón de las Glorias del Norte, en nuestra Catedral Basílica. ¿Qué opinión le merece esta ausencia?

Que ya ha llegado el tiempo en que esté en el lugar que se ganó y que le corresponde. En mi novela elevo al personaje como la voz de la Pachamama que clama por el amor y el respeto que merece. La Madre Tierra reclama el lugar de privilegio que el hombre blanco ignoró.

 

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