La Brigada de Investigaciones de Tartagal dio por cerrada la pesquisa relacionada con la desaparición, durante cuatro días, de la médica clínica Adelaida Terán, quien fue hallada desfalleciente en las puertas de su domicilio por dos albañiles que trabajaban en una obra cercana. Estos aseguraron que la habían visto salir gateando de la vivienda, en pésimas condiciones, pidiendo ayuda.
Los trabajadores, que llamaron al 911 de inmediato, manifestaron que Adelaida Terán, de 46 años, les había alcanzado a decir: “Me secuestraron” y “me tenían atada a una silla”, antes de desmayarse.
La mujer estuvo internada durante tres días en la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Juan Domingo Perón -donde presta servicios-, con un cuadro de deshidratación e intoxicación medicamentosa.
Fue dada de alta el lunes y al ser entrevistada por los detectives, se negó a radicar denuncia alguna, por lo que quedó en firme la hipótesis del jefe de la Unidad Regional 4, Lisandro Copa, quien intuyó que la doctora jamás había sido secuestrada, como había dicho originalmente a los albañiles y al médico de guardia que le prestó los primeros auxilios, sino que se trató de una tentativa de suicidio.
Es más, en el domicilio de la mujer, que vive sola, hallaron, bajo la cama, un papel escrito con su letra con un mensaje que iniciaba: “Me suicido por...” y en diferentes habitaciones encontraron blísteres vacíos de gran cantidad de barbitúricos. Además descubrieron otro mensaje en el que contaba que “Mario Bernard Valle y Doris Romero de Angel me amenazan con quitarme la casa”.
Los policías le preguntaron a Terán -que se recupera en la vivienda de unos familiares y a la que las autoridades del hospital le dieron 15 días de licencia- si quería profundizar sobre la acusación que había escrito, pero ella se negó.
La causa relacionada con su desaparición y que no alcanzó a ser caratulada fue archivada también en el ámbito de la Justicia.
Un informe despachado por el comisario Copa sobre el hecho a sus superiores, indica, como conclusión, que la médica se hallaba en estado depresivo, eventualmente por problemas con sus colegas del hospital y a raíz de un desencanto amoroso, y que lo que le pasó fue producto de “un desequilibro emocional para llamar la atención”.
En los primeros momentos del suceso, y a poco de haber sido internada en la Unidad de Terapia Intensiva, se barajó la hipótesis de un secuestro vinculado a las actividades gremiales de la profesional -que era una de las líderes de las protestas por mejoras salariales del personal médico-, aunque ello fue rápidamente desechado. Lo concreto es que, más allá de la situación personal de Adelaida, su caso generó preocupación a propios y extraños.
 

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