En los barrios jóvenes de la zona sudeste hay poca sombra. Faltan árboles. Se siente en los días previos al verano. Es imperceptible el color verde en Primera Junta y Solidaridad, en la zona sudeste. Lo mismo sucede en 17 de Octubre o en Juan Manuel de Rosas, en el norte. ¿Hay déficit de árboles en la capital salteña? En algunas zonas es evidente, pero la respuesta global se conocerá tras los resultados del demorado censo forestal.

Normando Zúñiga, subsecretario de Ambiente y Servicios Públicos de la Municipalidad, aseguró que el relevamiento del arbolado público arrancará en dos semanas. La comuna tenía previsto censar a partir de noviembre.

El funcionario justificó la demora en la incorporación de tecnologías. En primera instancia, se iba a concretar con 260 mil carpetas de siete hojas cada una. Por la cantidad de papel optaron por comprar tablets y trabajar con conexión a internet.

Las bondades de la población arbórea para las personas son incomparables. Dan sombra, recambian el aire, regulan la temperatura, reducen feos olores y evitan la dispersión de micropartículas. En el mundo, las políticas ambientales apuntan a la forestación en las urbes.

Desde 1994, la ordenanza 7060 exige que cada cinco años se realice un censo forestal. Hasta ahora no se cumplió. La Organización Mundial de la Salud recomienda la existencia de un árbol cada tres habitantes. A simple vista, esa indicación queda por el piso en los barrios y asentamientos de Salta.

El año pasado, el Concejo Deliberante aprobó una norma (13.991) para la recuperación del arbolado. Se puso como meta un árbol por frentista o uno cada 10 metros. Como punto de partida se tomarán los datos del censo forestal.

La Municipalidad ya firmó el convenio para trabajar junto a la Universidad Nacional de Salta (UNSa) en el relevamiento. “La carga y el proceso de la información serán más dinámicos. Y las tablets estarán conectadas a internet”, explicaron María Portal y Luis Urbina, ingenieros en recursos naturales de la UNSa.

En el relevamiento se determinará la especie de cada árbol, el estado fitosanitario, si fue podado, la circunferencia, la densidad del follaje, si las raíces están por encima de la superficie. Además, se observará si produce daños a la vereda o si su altura llega a los cables.

El trabajo de campo y la tabulación de planillas demandarán tres meses y un presupuesto cercano a los 350 mil pesos, precisó Zúñiga.

Tras los resultados, se conocerán las zonas que necesitan planes de forestación que se extenderán por cinco años. Es la segunda etapa del Programa de Recuperación del Arbolado Urbano (PRAU).

“Es la primera vez que habrá datos sobre los árboles. Así podremos determinar qué especie vamos a plantar acorde al ancho de la vereda y al lugar”, destacó Zúñiga.

Mientras en el conteo e inspección de los árboles sobre las vereda se utilizarán las tablets, para los espacios públicos se sumará el sistema de ubicación GPS. Además, se censará el mobiliario público, como juegos infantiles en las plazas, y los postes.

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