Más conocida como “Amalita”, María Amalia Sara Lacroze Reyes Oribe de Fortabat Pourtale murió ayer, a las 6 de la mañana, en su casa en la ciudad de Buenos Aires. El deceso fue anunciado a través de un comunicado por su familia. Amalita era poseedora de una de las tres fortunas más grandes del país y la mujer más rica de la Argentina, según un relevamiento de la revista norteamericana Forbes. Se estima que su fortuna actual llega a los 1.800 millones de dólares.
 

Aunque su protagonismo estuvo marcado por su rol como empresaria, dedicó buena parte de sus 90 años al arte.
Se casó en septiembre de 1942 con el abogado Hernán de Lafuente Sáenz Valiente, antes de concebir a su única hija: María Inés. Algunos años después se enamoró de Alfredo Fortabat, un hombre 27 años más grande que ella. El romance entre ambos comenzó, pese a sus respectivas relaciones maritales. Su separación fue uno de los escándalos más importantes de la época: en ese entonces no estaba permitido el divorcio. Finalmente se casó en segundas nupcias en 1947, en Uruguay.
 

Luego de la muerte de su marido, el 19 de enero de 1976, Amalia Fortabat heredó una de las mayores fortunas del país, que incluía 160.000 hectáreas de tierra, propiedades en tres países, miles de cabezas de ganado, tres aviones, un helicóptero, un barco y varios automóviles. Y, fundamentalmente, la cementera Loma Negra, de la cual se hizo cargo en persona. “Yo trabajé con mi marido, pero muy poco. Cuándo él se fue, a mí se me cayó todo encima. Así que me puse a trabajar como si entendiera de todo. Y al final entendí. Entendí muy bien”, recordaría Fortabat.
Bajo su mando, el grupo registró el mayor crecimiento económico. Mantuvo buenas relaciones con el Estado, tanto con el gobierno militar, como con el menemismo y los radicales. Buena parte de su facturación estuvo ligada a obras públicas.
Mientras tanto, su reconocimiento social aumentaba al mismo ritmo que su exposición mediática. Las portadas de las revistas más importantes comparaban su fama y su poder con el de algunos personajes televisivos.
En los 70 creó la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat, una institución que donó millones de dólares a organizaciones de caridad en todo el país. Brindó subsidios a hogares infantiles, escuelas, centros culturales, fundaciones de carácter benéfico y damnificados por inundaciones. Además, la entidad realiza aportes económicos a comedores de las zonas más carentes de recursos del Conurbano bonaerense. En 1988, la labor de la fundación fue premiada con el Konex de Brillante.
Con el gobierno menemista mantuvo estrechos vínculos: Carlos Menem, cuando estaba a cargo del Ejecutivo, la nombró “embajadora itinerante y plenipotenciaria”. Este cargo le fue retirado durante el gobierno de Néstor Kirchner, con quien tuvo una relación distante.
En 1992 fue designada presidenta del Fondo Nacional de las Artes. Por esos años, su fortuna seguía vigente: otra vez, la revista Forbes la citaba como la tercera persona más rica de la Argentina, con una fortuna de US$ 1.600, precedida por Gregorio Pérez Companc y Roberto Rocca. Ese mismo año marcó otro récord: luego de leer un artículo sobre una niña albanesa que había perdido un brazo en una mina, realizó la mayor donación privada de la historia del Programa Mundial de Alimentación de la ONU con US$ 500.000 para los refugiados y para financiar la operación de la joven.
En 2000, delegó la mayor parte de las funciones de sus empresas a Alejandro Bengolea, su nieto, pero este renunció dos años después. Las deudas millonarias y problemas financieros se hicieron habituales en los últimos años, motivo por el cual tuvo que subastar cuadros por sumas millonarias. Finalmente, a sus 84 años, vendió la cementera Loma Negra, empresa ícono en la Argentina, al grupo brasileño Camargo Correa.
Desde mediados de la década pasada orientó su actividad a la filantropía y el arte. A partir de entonces se dedicó a reflotar su colección de arte con la apertura de su propia galería: el Museo Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, en Puerto Madero.
En 2009, la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal ordenó investigarla por supuesta evasión del IVA por sus honorarios percibidos como presidenta de Loma Negra en 1999, con un reclamo que ascendía a $6,8 millones.
Ayer en las primeras horas de la mañana, su familia difundió un comunicado para informar sobre su fallecimiento, que la ceremonia fúnebre sería estrictamente privada y que agradecía todas las muestras de afecto y cariño recibidas.
Los empresarios Fern

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