Fue viceministro de Economía hasta el diez de diciembre pasado, cargo que dejó para asumir una banca en el Congreso tras encabezar la lista de diputados kirchneristas porteños. Actualmente es presidente de la comisión de presupuesto de la Cámara Baja y uno de los voceros económicos del Gobierno más buscados por los medios de comunicación. Contador de profesión, e hijo de un comerciante y una ama de casa, Roberto Feletti fue presidente del Banco Ciudad, ministro de Infraestructura y Planeamiento porteño, vicepresidente del Banco Nación y es miembro del Consejo Consultivo del Banco Latinoamericano de Exportaciones.

En una entrevista con El Tribuno, el diputado sostuvo que la Argentina está desandando un proceso para reducir la “bimonetización” de la economía y reconoció que hoy el peso “no es una reserva de valor”. Además, aseguró que hay que “manejar los precios relativos para darle cuerpo” a la moneda nacional y sentenció: “Sería grave que hoy los funcionarios compraran dólares cuando nadie en la sociedad lo puede hacer”.


El Gobierno descartó anteayer una pesificación de la economía, ¿no se está intentando de hecho con los controles al dólar?

No. El objetivo a lo largo de todos estos años de crecimiento económico fue desvincular el mercado interno de la volatilidad de los mercados internacionales. En ese rumbo, la Argentina tuvo solvencia fiscal, solvencia macroeconómica, bajó la relación deuda-PBI, se acumularon reservas y se buscó un mayor nivel de inversión pública que generara abastecimiento e infraestructura para el crecimiento. Ahora se puso en debate reducir la bimonetización de la economía. Sabemos que el peso es aceptado como una moneda transaccional pero no como una reserva de valor, lo que da un funcionamiento de la economía bimonetaria. Y además, hay que reducir la relación importaciones-tasa de crecimiento de producto. Es decir, también se ha crecido pero a un nivel de tres a uno. Las importaciones crecen tres puntos cuando el producto crece uno. Traducir ese coeficiente y desandar la bimonetización son desafíos de esta nueva etapa para una mejor solvencia de la cuenta corriente. Se han desechado las recetas tradicionales para una resolución de este período, que es una abrupta devaluación para recomponer el saldo de la cuenta corriente o recurrir a mercados internacionales y tomar deuda para abultar el nivel de flujo de dólares. Ninguna de las dos medidas fue tomada. Después de dos años de mucho crecimiento, el angostamiento de la cuenta corriente replantea ver cuáles son las necesidades de importación del país, cumplir los compromisos externos, disminuir el giro de utilidades y dividendos al exterior por parte de las empresas -de modo que tengan mayor compromiso con la Argentina- y limitar el acceso al dólar como atesoramiento. No se está buscando pesificar de hecho, sino desandar el camino de la bimonetización que la Argentina tuvo durante muchos años.

Axel Kicillof, el viceministro de Economía, desechó una devaluación abrupta, pero el peso tiene un desfasaje de 30 por ciento con las monedas de los países vecinos. ¿No le hace eso perder competitividad a la economía argentina?

Argentina no eligió ser competitiva sobre la base del salario. Es decir, no eligió ganar mercados en base a salarios depreciados, todo lo contrario: eligió exportar industria y pagarle bien a los trabajadores que generan esas exportaciones. Por lo tanto, la política cambiaria guarda relación por un lado para preservar el empleo y por otro para preservar el salario. Eso es un andarivel angosto, pero en ese contexto Argentina pudo mantener un alto nivel de exportaciones industriales -casi un tercio del volumen total- una economía bastante abierta -35% de apertura si sumamos exportaciones e importaciones- y ha ganado mercados en Sudamérica, adonde van casi dos tercios de las exportaciones industriales. La política cambiaria tiene que ver con este recorrido. Pero podríamos tener la competitividad de otros países pero también los salarios de otros países. No hay que tener un tipo de cambio apreciado y que permita una avalancha de productos importados, y menos en un mundo que está en recesión.

¿Cómo se hace para ir pesificando la economía y que la gente vaya dejando de pensar en el dólar con una inflación cercana al 25 por ciento anual? Indefectiblemente la moneda se va a ir depreciando...

El concepto de “gente” es muy amplio. Acá hay actores dominantes que por un grado determinado de trasnacionalización de sus activos o porque no ven al peso como reserva de valor, son los que tienden sistemáticamente a tener ganancias y rápidamente dolarizarlas. Es un comportamiento de los sectores con mayor capacidad de ahorro. En 2011, hubo 3.400.000 personas físicas y jurídicas que compraron dólares, donde unas 2.000.000 estuvieron haciéndolo por debajo de los diez mil dólares. Nos encontramos con que, en realidad, hay un millón y medio de compradores de dólares que son los que presionan al mercado con demandas de atesoramiento. Ahora, comparto lo que usted dice. Es difícil pensar en una moneda sostenida en el tiempo como reserva de valor, si la diferencia de precios relativos hace que la gente lo vea con dificultad. Ahí hay un desafío que hay que recorrer. Hay que ir manejando los precios relativos para ir dándole al peso cuerpo y valor como moneda de reserva de valor.


Pero las trabas al dólar afectan también al pequeño ahorrista...

Pero el pequeño ahorrista no es el que presiona al mercado cambiario. La tensión está ubicada en aquellos que quieren producir un salto cambiario de modo que se reacomoden los precios relativos de la economía a sus intereses. Si uno mira el nivel de importaciones, fueron apenas 0,1 más bajas que el año pasado. Si uno mira la demanda de dólares para girar dividendos y utilidades al exterior es otra cosa. Se le pidió a las empresas extranjeras que tengan un compromiso mayor con la Argentina. Y si uno mira la demanda de dólares para atesoramiento, que es la que hoy está apareciendo como principal factor, es una demanda que es acotada. Es lo que decía antes, hay que ir apostando lentamente a que haya una moneda como reserva de valor sobre la base de una menor volatilidad de los precios relativos internos, y por el otro también trabajar con aquellos sectores que dejan sus reservas en dólares. Ese no es el pequeño ahorrista.

Las trabas al dólar están afectando a muchos sectores, principalmente al inmobiliario. ¿Teme que esto se transforme en un bumerán que enfríe la economía?

La propiedad inmueble operó últimamente como una reserva de valor alternativa al dólar. Gran parte del crecimiento de la actividad inmobiliaria fue por la canalización de esos recursos hacia el sector, lo cual es expansivo del nivel del empleo. Yo no creo que se dejen de comprar y vender inmuebles en la Argentina porque los contratos no puedan ser hechos con moneda extranjera. Estamos en un momento de fricción, y lentamente se va a ir a un sostenimiento de la compra y venta de inmuebles sobre instrumentos que pueden ser los pesos o cédulas hipotecarias y el ahorro se va a seguir canalizando. La propiedad en Argentina va a seguir estando, y lo que se va a tener que buscar son mecanismos en los cuales el ahorro se canalice en la propiedad, que no necesariamente tienen que ser dolarizadas. Con respecto a la desaceleración de la economía, nosotros habíamos previsto el año pasado que en un escenario como éste para seguir autofinanciando el crecimiento, íbamos a tener una desaceleración en el nivel de actividad. Habrá que ver este conjunto de medidas de revisión de la cuenta corriente, de revisión de las importaciones, de revisión de los pagos externos que hay que afrontar y cómo impactan en el nivel de actividad. Está previsto que el nivel de actividad no va a ser sustentable a una tasa del 9% como el año pasado.

¿No nota que hay una incertidumbre económica que hace tiempo no se veía en el país?

Por ahora las decisiones de consumo y las decisiones de inversión no se han alterado. Creo que todo el mundo está viendo con un mayor grado de preocupación la economía, pero sin el dramatismo o la inminencia de colapso que le ponen algunos analistas o algunos diarios. Lo que se está haciendo acá es revisar los factores de crecimiento, tratar de seguir autofinanciando el crecimiento y ordenar el proceso de las importaciones. No hay nada por lo que todo el mundo tenga que preocuparse. Por ahora hay una desaceleración muy suave del nivel de actividad.

Generó mucha polémica que el Gobierno le pida a la gente que no ahorre en dólares cuando los funcionarios ahorran en dólares, ¿qué opina al respecto?

Durante muchísimo tiempo las reservas de valor en la Argentina eran la propiedad inmueble o el dólar. Los funcionarios con capacidad de ahorro, y me hago cargo como tal, han optado durante los períodos anteriores al igual que toda la población en esas opciones porque no estaba planteada la necesidad de desandar la bimonetización de este modo. En mi caso concreto, y está en mi declaración jurada, mi posición de ahorro en dólares es bastante baja y la he desecho porque he priorizado las opciones de propiedad inmueble porque me parecen una alternativa válida. Lo grave sería hoy que los funcionarios compraran dólares cuando nadie en la sociedad lo puede hacer. El comportamiento de los portafolios de ahorro de los funcionarios no creo que varíe en mucho respecto de lo que hizo toda la sociedad argentina. Rescatemos que buena parte de la reserva de valor de todos estos años fue a parar a la propiedad inmueble, urbana y rural. Eso no es menor como efecto, es una apuesta mayor al país. Ahora, Argentina necesita tener una moneda reserva de valor.
 

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