Ayer, miles de salteños se convocaron en la casi perdida localidad de Sumalao, renovando la peregrinación que desde finales del siglo XVIII convoca principalmente a los habitantes del Valle de Lerma. A 37 kilómetros de la capital salteña, una capilla contiene la imagen del Señor de Vilque, que en años de la Colonia transportaba una mula desde Puno a La Rioja, pero que milagrosamente se quedó en Sumalao. En ese lugar se llevaba a cabo la feria de mulas más grande de la América española.

Del animal que movió la economía de la región no quedan ni recuerdos ante los cerca de seis mil automóviles que llenaron los predios que abrió el municipio de La Merced en las cercanías de la capilla. Colectivos, camionetas, motos, camiones, todo alcanzó para llevar los miles de feligreses convocados para venerar la imagen y visitar los puestos que se repartían por cientos.

Pero, sin dudas, son los peregrinos quienes dan la nota a la festividad. Gente desde todos los pueblos vallistos marcha a Sumalao, algunos con pedidos al Cristo, otros ofreciendo productos del campo, artesanías o divertimientos. Pero la mayoría para ser parte de ese día especial del año.

Hay miles de rostros morenos, como el Cristo tiznado por el centenario humo de las velas. Son los pueblos de la región los que dan el verdadero carácter y sentido a una de las más auténticas fiestas populares de Salta.
 

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