En la mañana de ayer, en el día de su cumpleaños, fue liberada Romina Tejerina, la joven que en 2003 mató a su beba, que nació, según ella misma denunció, producto de una violación.

Después de cumplir los dos tercios de su condena, y luego de recibir durante años el apoyo de decenas de organizaciones feministas y de los partidos de izquierda, pero también la condena pública de sectores de la sociedad radicalizados, ayer en la mañana finalmente Romina Tejerina respiró aires de libertad.
Acompañada de su hermana mayor Mirta Tejerina, la inclaudicable defensora de su libertad, ésta finalmente llegó un 24 de junio, el día de su cumpleaños número 29.

Cerca de las 9 de la mañana Romina firmó los últimos papeles y egresó en silencio y sin público del penal de Alto Comedero, en San Salvador de Jujuy. No la esperaban la prensa ni los flashes; simplemente aquellos que creyeron en ella y se sometieron a su vez a los designios judiciales.

El caso

La joven Romina Tejerina mató a puñaladas a su hija recién nacida el 23 de febrero de 2003. Ese día dio a luz a la pequeña en el inodoro del baño de la casa, en la que vivía con otras dos hermanas, y luego puso a la criatura en una caja de cartón con tapa y le aplicó alrededor de veinte puñaladas. Finalmente la criatura falleció en el hospital Guillermo Paterson. La Fiscalía había reclamado la prisión perpetua, mientras que la defensa había solicitado la absolución de la joven.

Luego de conocido el veredicto, el abogado Fernando Molinas consideró “un adelanto” que el tribunal oral que juzgó a la joven, “después de tres años reconociera circunstancias extraordinarias de atenuación” en el homicidio agravado por el vínculo de la beba recién nacida.

La niña había sido producto de una violación, cuyo autor jamás fue condenado.
 

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