A pesar de los operativos de la Policía, robos, asaltos y ataques en patotas son delitos que se dan casi a diario.

La zona sudeste de la ciudad alberga a más de 200 mil personas; allí vive la tercera parte de la población total de la capital.
Está delimitada por la avenida Tavella, la ruta provincial 26, el río Arenales y el río Ancho, que también marca el límite con el vecino departamento de Cerrillos.
Sus residentes tienen una mezcla de sensaciones que van desde la impotencia, la angustia, la bronca, el dolor, el temor y le desazón. La causa común de esta situación es la inseguridad, producto de la violencia, y, sobre todo, aquella que, según los testimonios recopilados por El Tribuno, es el resultado de la venta de droga al menudeo en la zona.
 

Este reclamo aparece en las estadísticas de la Policía de la Provincia y de los centros vecinales desde hace por lo menos diez años.
La situación no solo afecta a jóvenes y adultos: ahora también incluye a los niños. Ellos representan un mercado potencial de consumidores y también una mano de obra barata y segura para sus fines comerciales, sin que puedan caer en prisión.
“Esta es una zona muy insegura; aquí tenemos patotas, motochorros, distintos tipos de delincuentes, lo que la convierten en un lugar liberado para la venta de droga”, explicó Luis Josel, referente vecinal del barrio Libertad, además integrante de la Mesa de Gestión del CIC de Santa Cecilia.
 

Trabajos de prevención

Muchos temen a las represalias y optan por trabajar en la prevención porque no pueden evitar que se venda droga, ni quieren generar más violencia.
Campeonatos de fútbol infantil para los más pequeños, merenderos, escuelas de danzas, cursos, más el trabajo que se realiza en las escuelas de la zona, son los espacios de contención para acompañar a los más chicos.
Un grupo de maestras, que no quisieron dar sus nombres, explicaron que en las escuelas se trabaja para contenerlos, pero que afuera del establecimiento “son un grupo vulnerable porque hay muchos que están al acecho. Otro tema es que los niños regresan a sus casas y están solos, sin los padres, y deambulan en la calle”, comentaron.
Trabajar en prevención tampoco es fácil, porque hay personas comprometidas, pero sin recursos. La nueva comisión directiva que asumió en el Centro Vecinal de barrio Norte Grande genera muchas expectativas porque durante seis años estuvo acéfalo.
En San Ignacio, vecinas comprometidas trabajan para conseguir un polideportivo en la mitad del barrio y gestionan en la Municipalidad la construcción de un salón de usos múltiples porque “no hay ningún lugar físico para que los chicos que aprenden un oficio tengan cursos. Este barrio tiene más de 20 años y no contamos con esos espacios”, dijeron.
Una de ellas trabaja con varios grupos de jóvenes de San Ignacio y de Fraternidad para propiciar la integración y disminuir los entrenamientos.
“Hacemos hincapié en la prevención, que es lo último que nos queda porque estamos un poco perdidos en las estrategias y en los recursos que debemos utilizar para poder evitar que los chicos entren en la droga”, manifestaron varios religiosos de la zona, quienes también trabajan con los vecinos.
Ellos destacaron que la comunidad, en su gran mayoría, sí responde con buena voluntad a las actividades que se encaran contra la violencia
 

La unión hace la fuerza

Una de las estrategias que consolidaron los vecinos para afrontar la inseguridad y el resto de las problemáticas de la zona es la Mesa de Gestión de la Zona Sudeste, que se reúne cada martes en el CIC de Santa Cecilia. Allí asisten vecinos de los distintos barrios de la zona.
En las últimas dos reuniones participaron autoridades policiales y de la Agencia Antidrogas de la Provincia.
“Nosotros estamos cansados de pedir por seguridad, de pedir patrullaje continuo, pero hasta ahora no vemos los cambios necesarios para luchar contra la venta de droga”, manifestó Lucio Toconás, referente del barrio Democracia e integrante de la Mesa de Gestión.
La situación en la que se encuentran los vecinos llevó a plantearles a las autoridades de la Policía y de Seguridad que se instale un puesto de Gendarmería en la zona. La principal razón de este pedido, aseguran, radica en la desconfianza que les genera el accionar de la Policía.
También se retomó una sugerencia que hizo la Cámara Federal de Apelaciones de Salta en 2009: la creación de una sede policial con especialidad en la temática de estupefacientes en las zonas donde existe creciente actividad relacionada con este tipo de delitos (sur y sudeste de las ciudad).

La radiografía de una zona complicada


A la zona sudeste se puede ingresar por la ruta provincial 26, por la circunvalación este-oeste o por la avenida Monseñor Tavella.
Si se va por la ruta 26, hay que doblar por la Felipe Varela, una avenida que se hizo conocida por la gran cantidad de gente y de vehículos que se amontonaban por las ferias americanas que allí se instalaban.
Hoy el panorama es distinto; en las plazas, en los playones deportivos y hasta en las veredas se nota la ausencia de vendedores.
Sin embargo, es el camino obligado para aquellos que necesitan ir a barrios como Santa Cecilia, San Francisco Solano, Juan Calchaqui y Norte Grande.
El movimiento de gente que circula por las calles y las veredas, los chicos que salen de las escuelas y las personas que esperan los colectivos en las paradas convierten a la zona en un lugar ideal para cometer ilícitos.
En general, sobre la avenida Felipe Varela se observan casas de material al estilo de cualquier barrio de la ciudad, pero a medida que se avanza hacia el sur empiezan a aparecer viviendas precarias, asentamientos y hasta baldíos.
Los vecinos que hablaron con El Tribuno mencionaron que los barrios están divididos por sectores, cada uno con un grupo dominante; coincidieron en señalar que por la noche es mejor no pasar por descampados, terrenos baldíos y lugares oscuros.
La principal comisaría de la zona es la Décima, de barrio Santa Cecilia, también ubicada sobre la avenida Felipe Varela. Tiene en su jurisdicción 19 barrios y nueve escuelas, entre primarias y secundarias.
Según las fuentes policiales consultadas, en esta jurisdicción se estima que viven unos 90 mil habitantes, considerando que se han detectado hasta 25 personas compartiendo solo dos habitaciones.
Los referentes barriales sostienen que en total en la zona viven unas 240 mil personas.
El término de la jornada escolar con la salida de los chicos devuelve al barrio un aire jubiloso, con corridas y juegos, pero en las esquinas está el peligro, y todos lo saben.
Ahora hay policías en los establecimientos educativos porque las escuelas se volvieron un punto vulnerable para la venta de estupefacientes.


Las bocas de expendio

Algunas personas de la zona, consultadas por El Tribuno, afirmaron que cada dos cuadras hay una boca de expendio y en cada familia hay una persona que es adicta.
La actividad comercial sobre la avenida tiene gran movimiento, mientras que hacia el interior la actividad se reduce a kioscos pequeños dentro de las viviendas, casi invisibles por la poca iluminación de las calles. Por la inseguridad en esos barrios los vendedores no quieren entrar a ofrecer sus productos, los comercios tienen poca mercadería y casi no son rentables.
Los remiseros no se animan a ingresar después de las 19 en algunos barrios por temor a que les roben.
En la zona hay dos comisarías, una es la Décima y la otra es la de Solidaridad. Hay destacamentos policiales en San Ignacio, Villa Lavalle y un puesto de Infantería en barrio Norte Grande.

La policía, superada

La extensión geográfica, la densidad poblacional y la cantidad de barrios y asentamientos que integran la zona sudeste la postulan como la principal área de conflictividad en la jurisdicción de la Unidad Regional 1, que depende de la Policía provincial.
Así lo aseguró el director general de Seguridad, Angel Silvestre, junto al jefe de la Unidad Regional 1, Sergio Suárez y la jefa de la comisaría Décima, Hortencia Aramayo.
Silvestre resaltó que los vecinos manifiestan que la inseguridad y el temor por la cantidad de ilícitos creció, pero que las estadísticas que tiene la Policía sobre la zona indican que en algunos casos ciertos ilícitos disminuyeron, aunque otros se mantuvieron.
“Comparando los semestres de este año con el del 2011 las cifras se mantienen y en otros casos bajaron; eso es importate porque la población crece, los objetivos aumentan y hace falta una mayor cantidad de efectivos”, explicó Silvestre, quien resaltó la presencia de patrullas peatonales.
Hortencia Aramayo, titular de la Comisaría Décima de Santa Cecilia, explicó que de contar con dos o tres patrullas peatonales se pasó a tener ocho y hasta diez patrullas, según la zona diagnosticada por el personal policial de la comisaría.
Aramayo mencionó que también cuentan con el apoyo operativo de los móviles del cuadrante sudeste, más los vehículos del servicio de emergencias 9-1-1- y dos móviles de la Comisaría Décima.
Sergio Suárez, jefe de la Unidad Regional 1, explicó: “Las patrullas se arman con el personal de las dependencias policiales y de allí se hace la distribución. Hay 16 efectivos peatonales que circulan la zona sureste”.
Respecto de la venta de estupefacientes, las autoridades policiales mencionaron que constantemente se hace un seguimiento de las bocas de expendio en cada jurisdicción como también operativos en conjunto con la Dirección General de Drogas Peligrosas y otras divisiones especiales. “No puedo decir que haya crecido la violencia ni la venta de estupefacientes, pero sí puedo decir que se detectaron más bocas de expendio”, expresó la jefa de la comisaría Décima.
Silvestre señaló que una de las directivas que se manejan desde la Policía y desde el Gobierno provincial es trabajar sobre las bocas de expendio que están afectando a la juventud.
Las autoridades de la Policía destacaron que la solución no pasa por tener en la zona un puesto de Gendarmería o una sede de la Dirección de Drogas Peligrosas.
El jefe de la Regional 1 mencionó que al problema se lo debe atacar desde la raíz, que es dentro de las familias, y conseguir la intervención de otras organizaciones como la Iglesia para dialogar con los jefes de hogar.
“Acá también hay una cuestión de recursos. Las personas piden otros destacamentos, pero a veces se carece de espacio físico. Es bueno tener efectivos policiales que hagan su trabajo con profesionalidad y para eso es importante capacitarlos”, resaltó el director general de Seguridad de la Policía de Salta.
La comisaria Aramayo añadió que una de las ventajas con las el personal policial cuenta en la zona sudeste es la colaboración de las personas que se acercan a la comisaría y brindan información sobre distintas situaciones. “Esto es lo que han permitido que no ocurran situaciones de mayor gravedad”, resumió Aramayo.


Para tener en cuenta

- El Centro de Reunión, Análisis y Difusión de Datos de la Policía de Salta registró comparativamente entre el período enero - junio de 2011 y 2012 en la Comisaría Décima que los robos en 2011 fueron 26 y en 2012, 262.
- En hurtos se registraron 114 en el año 2011 y 74 en 2012; se registraron 58 denuncias por daños en 2011 y 74 en 2012. Sobre denuncias realizadas por hurtos calificados se registraron 30 en 2011 y 24 en 2012.
- Según el registro estadístico de los delitos denunciados en la Comisaría Décima entre enero y junio de 2012 se destacan: robo 262; hurto 74; daños 39; hurto calificado 24; tentativa de robo 14 y hurto con escalamiento 9.
- Según datos de la Policía en la jurisdicción de la Comisaría Décima y durante el período enero - junio de 2012 la mayor cantidad de delitos se cometieron los miércoles y sábado.
 

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