El hijo más gaucho que tuvo Salta galopa en un caballo desbocado y sin riendas para sujetarlo. Tampoco brilla el sable que tanto temieron sus adversarios.

El monumento que se alza en la Capital Federal para inmortalizar la gesta de Martín Miguel de Gemes y sus aguerridos gauchos fue víctima del vandalismo y del abandono. Alguien robó las riendas, las espuelas y el sable de la estatua de bronce, metal muy codiciado después de la crisis de 2001, que se paga por kilo, sin importar su procedencia.

“El problema es que no existe un responsable de su mantenimiento. Hay una zona difusa, donde no queda claro a quién le corresponde su manutención. Pero ya se nota un avanzado estado de deterioro y algunas rajaduras por donde se filtra el agua podrían dañar la estructura”, le dijo a El Tribuno Gerardo Zurita, socio del Instituto Gemesiano de Salta y una de las personas que acompañó todo el proceso que culminó en la construcción de la escultura que está sobre la Avenida Figueroa Alcorta, a la altura de Pampa, en medio de los Bosques de Palermo.

El monumento, inaugurado hace 31 años, el 22 de marzo de 1981, se concretó con la colaboración de todas las provincias y fue obsequio del Gobierno y el pueblo de Salta, para que no falte en la Capital Federal la estampa del héroe nacional y salteño, que detuvo a puro ingenio y coraje las embestidas de la corona española que amenazaban la sed libertadora que se contagiaba en América. “Es una pena ver a Gemes sin su sable, pero si no se hace algo pronto, no faltará mucho para que tengamos que lamentar otro saqueo. La placa gigante de bronce que está en el frente pesa una tonelada y si se la roban, nunca más se conseguirá una similar, porque ya no existen, no se hacen”, dijo Zurita.

Además de las riendas y el sable que estaba sujetado al apero del lado de montar, los vándalos se llevaron las espuelas del más gaucho entre los gauchos. Sobre las ancas del animal alguien estampó su nombre con pintura blanca y los fines de semana algunos deportistas utilizan la estructura para practicar escalada. El mástil sin bandera fue prácticamente devorado por un frondoso ombú que creció a su lado.

“Esto se soluciona con un convenio entre el Gobierno de Salta, el de la Ciudad de Buenos Aires y Gendarmería, de forma tal que se repartan las responsabilidades de su mantenimiento, pero no puede seguir abandonado como está hoy”, propuso Zurita, que durante años trabajó también en la Casa de Salta, en la Capital, siempre cerca de la difusión de la gesta gemesiana.

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